La Semana Santa arrancó en Triana el Viernes de Dolores con la Hermandad de Pasión y Muerte llenando de recogimiento sus calles. Es siempre una paradoja del barrio trianero, cuyas corporaciones son bulliciosas, de barrio, con bandas de música tocando con fuerza, piropos, izquierdos... y sin embargo la primera cofradía que recorre Triana es de rigurosa penitencia, con nazarenos de ruán negro.
Un año más, la cofradía salió a las calles desde la Parroquia de San Juan Bosco debido a la generosidad de los salesianos que la acogen en su casa. Faltaban dos minutos para las ocho de la tarde cuando se abrieron las puertas del templo y la cruz de guía bajó hasta la calzada de la calle Condes de Bustillo, iniciando así su discurrir por el barrio en dirección a la Parroquia de Santa Ana.
Este año la novedad estaba en la intervención que sobre el Santísimo Cristo de Pasión y Muerte ha llevado a cabo su autor, el imaginero José Antonio Navarro Arteaga, quien ha restaurado su obra para que se mantenga en perfecto estado de conservación. Asimismo, los ángeles de las esquinas contaban con nuevos objetos pasionistas, mientras que para el cortejo Orfebrería San Juan ha realizado la vara de acompañamiento del libro de reglas y la pértiga del pertiguero.
El Cristo, con corona de espinas y potencias, y con Manuel Vizcaya como capataz, salió de la parroquia y al pisar la calle se paró el paso, adornado con flores moradas, para realizar la subida de la imagen en el cajillo; una maniobra que se llevó a cabo con mucha calma, ya que fueron varios minutos los que duró esta primera parada. Eso sí, nada que ver con la difícil operación que había que afrontar hasta hace unos años, cuando la cofradía salía de la propia Parroquia del Buen Aire.
La Capilla Musical Gólgota acompañó al Cristo de Pasión y Muerte, que cuando ya estuvo colocado a la altura debida comenzó a revirar a su derecha para, con un andar muy sosegado, recorrer prácticamente la mitad de Condes de Bustillo hacia Evangelista. La estación de penitencia se prolongó hasta pasadas las doce de la noche del ya Sábado de Pasión, el mismo día en que, por la mañana, el Cristo fue conducido de vuelta a su casa junto a la Virgen del Desconsuelo y Visitación.
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