Es el eterno retorno de cualquier crónica de la procesión principal del Corpus Christi en Sevilla: cuestionar su concepto, su organización, su cortejo... Algunos hasta cuestionan su horario porque ya se sabe que en esta ciudad una procesión donde no estás como una sardina en lata de principio a fin ni es procesión ni es nada.
Lo cierto es que se trata de una procesión que va de menos a más. En cuanto a la cantidad de público por supuesto; pero también en cuanto al propio desarrollo del cortejo y a la aparición de sus nueve pasos. Entre los cinco primeros hay una distancia enorme, mientras que en el resto casi se podría decir que si parpadeas te pierdes alguno.
Si en cualquier cofradía de dos pasos se intenta compensar los cortejos para que más o menos haya la misma cantidad de nazarenos en uno y en otro, ¿por qué en la procesión del Corpus se mantiene año tras año este desequilibrio tan absurdo? Nos lo preguntamos todos los años y lo seguiremos haciendo en los venideros.
Pero entrando ya en materia, a las ocho y cuarto de la mañana salían por la Puerta de San Miguel los Niños Carráncanos para dar inicio a un larguísimo cortejo que iba a tardar poco menos de tres horas en pasar. Tras los niños, el guión sacramental de la Hermandad del Sagrario y ya las representaciones de todas las hermandades de gloria, y sólo de gloria; es decir, que no sean letíficas y también sacramentales o penitenciales.
Sorprendió, eso sí, que la primera corporación de este elenco glorioso fuera la Agrupación del Santísimo Cristo de los Desamparados del Convento del Santo Ángel con su nuevo bacalao de color morado y emblema carmelita en su centro.
Las hermandades de gloria participan en la procesión del Corpus con una cantidad lógica, medida, de hermanos por cofradía. Todo lo contrario que las penitenciales, que si no llevan más es sólo porque algunos se van a la playa o simplemente no les apetece madrugar un día festivo.
No, queridos cofrades, no es necesario que vayáis en decenas a una procesión del Santísimo al que ni siquiera veis porque la mayoría de vosotros ya habéis completado el itinerario cuando la Custodia aún ni siquiera ha salido de la Catedral. Y sí, amigos, es más importante el Santísimo que mostrar músculo cofradiero queriendo aparecer como los más de los más. Y sí, la calidad suele ser preferible a la cantidad, aunque luego haya hermandades que presuman en sus redes sociales del número de hermanos que han acudido con una foto en el Patio de los Naranjos que más parece una página arrancada de "¿Dónde está Wally?".
La Hermandad de los Sastres, la más antigua de las corporaciones de gloria de la ciudad, es la que precede al primer paso de la procesión, el de Santa Ángela de la Cruz, del que todos los años se hace responsable la Hermandad de la Amargura. Este año el paso, que ya presentó importantes estrenos en 2025, ha contado con claveles rosas como exorno floral.
Tras Santa Ángela se inicia el sopor: las hermandades de penitencia no sacramentales con su decenas de trajeados hermanos con cirio. Bendición y Esperanza es la primera, mientras que el Silencio es la última en este tramo antes de la llegada del segundo paso. Para que nos hagamos una idea de la dimensión del cortejo, entre el primer paso y el segundo hay media hora de distancia. En ese tiempo, y en los que están por llegar después, el que ha pagado por una silla en lugar de mover piernas y corazón, con lo saludable que es eso, sólo ha visto gente y más gente salpicada cada tanto por algún bacalao.
Del paso de las santas Justa y Rufina se ocupan las hermandades de Triana, las de penitencia solamente, relevándose cada año por su orden de salida en Semana Santa. Este año le ha tocado a la de San Gonzalo, pero tranquilo todo el mundo, que como este paso ni va dando izquierdazos ni tan siquiera lleva banda, no ha dejado un retraso injustificado para los que venían detrás. Lo bueno también hay que decirlo.
En cuanto a las flores, eran una curiosa combinación de especies muy coloridas dispuestas tanto en los frisos de mesa y peana como en cuatro de las jarras del paso de palio de la Virgen de la Salud colocadas en las esquinas.
A continuación, el resto de hermandades penitenciales no sacramentales, el Apostolado de la Oración, Luz y Vela, grupos de Adoración Nocturna y las primeras hermandades sacramentales, incluyendo las que son también penitenciales o letíficas, además de las puras.
El tercer paso es el de San Isidoro, cuya imagen, como la de su hermano San Leandro, ha sido restaurada como claramente se veía en la limpieza de la policromía en comparación con los años anteriores. La Hermandad de San Isidoro se ocupa de su santo titular, utilizando para ello distintos enseres del paso de palio de Nuestra Señora de Loreto. En cuanto a la decoración floral, especies blancas salpicadas de espigas de trigo.
Un segundo tramo de hermandades sacramentales es seguido por el cuarto paso, el de San Leandro, del que tradicionalmente se ocupa la Hermandad de la Macarena, lo que ha supuesto en este caso la vuelta de Antonio Santiago, repuesto capataz de la cofradía de la Madrugá. Distintos tipos de margaritas blancas adornaban el pequeño paso del hermano de San Isidoro.
Vamos a insistir un año más con la plena seguridad de que el año que viene volveremos a escuchar los mismos errores habituales de siempre: San Isidoro es el que lleva el libro, el de las Etimologías; San Leandro no lo lleva. Pero por si la memoria falla y uno es lo suficientemente alto, en las peanas de cada uno se identifican con su nombre.
Continuamos con las últimas hermandades sacramentales y con la representación militar con pendón de San Fernando antecediendo precisamente al paso del Rey Santo, que es el primero con el que nos llega la música, en este caso a través de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, dirigida por Francisco Javier Gutiérrez Juan.
Una variedad de flores de tonalidades rojas y blancas adorna el paso presidido por la magnífica talla de Pedro Roldán, revestida por un manto rojo de armiño. La procesión cambia el tono a partir de este paso, del que se encarga año tras año la Hermandad del Beso de Judas.
A una distancia muy inferior respecto a la que había entre los anteriores, llega ya el sexto paso de la procesión eucarística, el de la Inmaculada Concepción, del que se ocupa por advocación la Hermandad del Silencio. Va precedido por la representación de distintos organismos civiles, incluyendo el Consejo General de Hermandades y Cofradías.
El paso de la Inmaculada Concepción, la de Alonso Martínez, no la 'Cieguecita' de Juan Martínez Montañés, como llegamos a escuchar por la avenida, contaba principalmente con claveles blancos y azucenas como exorno floral, además de espigas de trigo y racimos de uvas.
Vemos luego la representación de las hermandades cuyos titulares lo son de las cuatro basílicas menores que tiene Sevilla: María Auxiliadora, Cachorro, Gran Poder y Macarena, además de la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y la Hermandad Sacramental del Sagrario, que va justo delante del paso de su imagen del Niño Jesús, ésta sí de Martínez Montañés.
El Niño ha ido este año vestido con una túnica blanca de tisú y con un fajín rojo. Por la proximidad de la visita del Papa León XIV a España, el paso del Niño Jesús contaba con algunos lacitos con los colores de la bandera del Vaticano, e incluso de estos colores, blanco y amarillo, era el exorno floral, compuesto fundamentalmente de calas, claveles y rosas.
Miembros del seminario, de las órdenes terceras, diáconos y comunidades religiosas dan paso a la Custodia Chica, la de la Santa Espina, que da cobijo a una espina de la corona que dañó la cabeza del Señor durante su Pasión. La Hermandad del Valle, custodia de otra reliquia similar, es la responsable de un paso adornado con claveles rojos de una tonalidad muy oscura, espigas y romero.
Dentro de la labor de enriquecimiento de los pasos de la procesión eucarística de la Catedral, este año ha sido novedad en la Custodia Chica una peana de plata que ha sustituido a la de madera que había hasta ahora. Ha sido realizada por Orfebrería Villarreal, siendo el propio Francisco Villarreal el responsable de su diseño.
Y llegamos al último paso, al protagonista de la procesión, el Santísimo en la impresionante custodia de plata de Juan de Arfe, y que está precedida por el Tribunal Eclesiástico, el Clero Secular, la Curia Diocesana, la Universidad de Curas, la Coral de la Catedral, los Seises, la Real Maestranza y el Cabildo Catedral.
Claveles blancos, espigas de trigo, romero y racimos de uvas adornan un paso que por segundo año ha sido portado por costaleros, y tras el que iban el arzobispo, José Ángel Saiz Meneses, acompañado de los obispos auxiliares, Teodoro León y Ramón Valdivia. Después, los miembros del Ayuntamiento y la Diputación, así como la Compañía de Honores del Ejército con bandera, escuadra y banda de música.
Cerca de las doce y media del mediodía finalizaba la procesión con la entrada de la Custodia por la Puerta de los Palos tras recorrer un itinerario que se ha visto recortado este año al suprimir la bajada de la Cuesta del Bacalao y la calle Alemanes, tomando en su lugar por el tramo más estrecho de Placentines.
Un recorte que demuestra que en la procesión del Corpus se pueden cambiar cosas, no pasa nada, pero hay que saber qué lo que hay que cambiar. Y tampoco es que sea tan difícil. Al fin y al cabo, lo único que hace falta es buscar el equilibrio. Sólo eso.















































































































































































