martes, 11 de diciembre de 2018

INMACULADA 2018: PALMA


Madre de Dios de la Palma, de la Hermandad del Cristo de Burgos, estuvo expuesta en besamanos durante la jornada de la Inmaculada Concepción, culto que tuvo lugar como cada año en la capilla de San Pedro Ad Vincula, situada en el arranque de la nave de la Epístola de la Parroquia de San Pedro.
Para el besamanos de este año, la Virgen de la Palma, que estaba elevada sobre una sencilla peana de plata, vestía manto de camarín de terciopelo rojo con las vistas bordadas en oro y saya azul igualmente bordada. De esta manera, la dolorosa se presentaba con la combinación cromática antiguamente asociada a la pureza de la Virgen María: rojo y azul.
Sobre la cabeza llevaba la personalísima corona procesional que labrara en plata sobredorada Fernando Marmolejo Camargo, mientras que en el pecherín, donde tenía un tocado de encaje, llevaba un broche con el escudo de la hermandad y una palma dorada. Además, sobre la cotilla tenía la medalla de la ciudad de Burgos.
A un lado y a otro de la Virgen de la Palma se dispusieron varias jarras de su paso de palio con diferentes flores blancas, algunos candeleros con cirios del mismo color y los faroles de entrevarales también del palio.
Por último, al fondo se situaron el estandarte corporativo y la bandera concepcionista del cortejo de esta hermandad del Miércoles Santo, mientras que ante la pintura de San Pedro que preside la capilla había una pequeña talla de la Inmaculada Concepción entre candeleros con cirios blancos.
























INMACULADA 2018: CONCEPCIÓN DE LA TRINIDAD


La Hermandad de la Trinidad celebró este sábado el besamanos a María Santísima de la Concepción, que se presentó a la veneración de los devotos en la capilla que la corporación posee en la Basílica de María Auxiliadora.
La Virgen de la Concepción se encontraba ante el dosel de cultos de la hermandad, ubicado a su vez delante del cortinaje de terciopelo rojo que ocultaba el camarín de la Esperanza Trinitaria. La dolorosa que tallara Antonio Bidón estaba sobre una peana de madera tallada y dorada, y vestía manto de terciopelo rojo y saya azul, ambos bordados en oro.
Sobre la cabeza llevaba su diadema procesional, mientras que en el pecherín tenía un puñal y bajo el tocado había una cruz. Con la mano izquierda sujetaba un rosario, mientras que era la derecha la que extendía para que los devotos la pudieran besar.
Junto a la Virgen de la Concepción había diferentes flores de tonalidad blanca, como claveles, lilium y nardos. A su espalda, delante del dosel, había más flores colocadas sobre el pie de madera dorada en el que se apoya el Espíritu Santo en el paso alegórico de la Santísima Trinidad.
Finalmente, en los extremos de este altar de besamanos veíamos unas estructuras de madera con apliques plateados que sujetaban un total de veinticuatro candeleros con cera blanca, dos tallas de ángeles mancebos, dos pequeños centros florales y los dos relicarios que figuran en el paso de palio de la Virgen de la Esperanza.