La Hermandad de la Soledad de San Buenaventura ha celebrado este fin de semana el CLXXV aniversario de su dolorosa titular con un besamanos extraordinario. Para este culto, que se ha desarrollado a los pies de la nave principal del templo conventual, de espaldas a la puerta, la Soledad ha ofrecido una estampa de otro tiempo, tratando de reproducir la iconografía de antiguas fotografías de la dolorosa. De hecho, como recuerdo de este besamanos se distribuyeron unas estampitas con una foto de la Virgen sobre su anterior paso de madera dorada, que pasó a la Hermandad del Amor de Jerez y que actualmente se encuentra en la localidad cordobesa de Aguilar de la Frontera (ver).
Así, ante la cruz procesional con el sudario, la Virgen de la Soledad se presentaba a los devotos arrodillada, que es como la concibió su autor, Gabriel de Astorga, con una antigua diadema de plata, la mano izquierda pegada al pecho (incluso algunos dedos se metían en los pliegues del tocado) y la derecha extendida y baja para permitir el beso de los devotos. Del tocado, muy pegado al rostro, que quedaba en forma casi triangular, sobresalía un puñal de plata. Por otro lado, lucía un manto negro y una saya burdeos, ambos bordados en oro, además de un fajín hebraico.
A sus pies, había un monte de corcho con diversas flores silvestres, mientras que en los laterales se situaron dos parejas de candeleros de madera dorada, y detrás seis blandones junto a la cruz y otros dos más altos en los extremos del montaje, todo ello con cera blanca. Un cortinaje de damasco negro cubría la puerta y finalmente veíamos el estandarte corporativo en el lado derecho, junto a la puerta de salida de la iglesia.
Así, ante la cruz procesional con el sudario, la Virgen de la Soledad se presentaba a los devotos arrodillada, que es como la concibió su autor, Gabriel de Astorga, con una antigua diadema de plata, la mano izquierda pegada al pecho (incluso algunos dedos se metían en los pliegues del tocado) y la derecha extendida y baja para permitir el beso de los devotos. Del tocado, muy pegado al rostro, que quedaba en forma casi triangular, sobresalía un puñal de plata. Por otro lado, lucía un manto negro y una saya burdeos, ambos bordados en oro, además de un fajín hebraico.
A sus pies, había un monte de corcho con diversas flores silvestres, mientras que en los laterales se situaron dos parejas de candeleros de madera dorada, y detrás seis blandones junto a la cruz y otros dos más altos en los extremos del montaje, todo ello con cera blanca. Un cortinaje de damasco negro cubría la puerta y finalmente veíamos el estandarte corporativo en el lado derecho, junto a la puerta de salida de la iglesia.




















































































































































