martes, 15 de septiembre de 2026

LA DOLOROSA DE TORREBLANCA, CON UN MANTO DE MADRE DE DIOS DE LA PALMA


La Hermandad de Torreblanca celebró este sábado el besamanos a María Santísima de los Dolores, que se presentó a los devotos vestida con un manto de terciopelo rojo bordado en oro perteneciente al ajuar de Madre de Dios de la Palma, de la Hermandad del Cristo de Burgos. Junto a este manto, la dolorosa de Torreblanca vestía su saya blanca de tisú realizada por José Antonio Grande de León, rostrillo y puños de punto de aguja y pañuelo de encaje de Bruselas. 
Entre las joyas que llevaba, destacaba la presencia como novedad de un exvoto italiano de plata de ley de finales del siglo XIX con las iniciales GR (Grazia ricevuta, gracia recibida), así como una moneda conmemorativa de la visita del Papa León XIV a España, regalo a la hermandad del arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses. Esta moneda la llevaba la Virgen de los Dolores en el nudo del fajín rojo que portaba.
Por otro lado, lucía la Medalla de la Ciudad, concedida a la hermandad por el Ayuntamiento de Sevilla en 2016, la medalla de la Virgen de Regla de Chipiona, un colgante de la Virgen del Rocío, un broche con su advocación en letras doradas, un puñal de orfebrería, una cruz pectoral del Cardenal Carlos Amigo, un broche de pedrería verde de Joyería El Toisón, otro de plata sobredorada de Pendentif, un rosario de nácar chapado en oro del siglo XIX y una media luna cedida por la Hermandad del Inmaculado Corazón de María, también del barrio de Torreblanca.
La Virgen de los Dolores, que tenía sobre la cabeza su corona procesional, tenía ante sí un centro de flores de distintas tonalidades compuesto entre otras de claveles, rosas, lisiantus, nardos, astromelias y estátice, flores que también veíamos en otros puntos del altar dispuestas en jarras de su paso de palio y en dos altas columnas. Flanqueaban a la imagen, además de dos de esas jarras sobre sendas columnas de madera dorada, dos parejas de candeleros con cera blanca.
Detrás, ante un gran cortinaje rojo, se alzaba el frontal del paso de palio de la cofradía, con la caída, algunos varales y el respiradero, además de varios candeleros y jarras, y el techo del palio colocado como fondo en posición vertical. Y en los laterales, además de las columnas de flores ya mencionadas, se podían ver dos blandones dorados con cirios de color blanco. Finalmente, hay que mencionar la presencia del estandarte corporativo en el extremo izquierdo del presbiterio bajo, mientras que el Señor Cautivo se encontraba en el derecho, delante de San Antonio de Padua.
Durante el besamanos, los devotos podían ofrecer a María Santísima de los Dolores claveles blancos que eran depositados junto a ella en jarrones de cerámica colocados expresamente para ello.


































lunes, 14 de septiembre de 2026

EL CARTEL DE LA SALIDA DE SANTA LUCÍA, OBRA DE MIGUEL MARÍN CRISTÓBAL


La Hermandad de Santa Lucía ha presentado el cartel anunciador de su próxima salida procesional, que tendrá lugar en la mañana del domingo 4 de octubre. La obra ha sido realizada por Miguel Marín Cristóbal, quien ha representado a la titular de la corporación de cuerpo casi entero, viéndose desde abajo y ligeramente desde su lado izquierdo.
Destacan sus elementos iconográficos, así como un gran resplandor blanco alrededor de su cabeza sobre un fondo de color burdeos, que es el representativo de la cofradía con sede en Santa Catalina. Se completa el cartel con la rotulación, que se sitúa en la zona superior, donde se puede leer en caracteres blancos "Santa Lucía" en la línea superior y a continuación "Sevilla 4 de octubre 2026".

jueves, 10 de septiembre de 2026

FRAY EUGENIO RUIZ PRIETO


Manchego y dominico. Si tuviera que definir a Fray Eugenio Ruiz Prieto, sin duda esas dos palabras estarían en su descripción. Era un orgulloso manchego que rápidamente congenió conmigo (¿y con quién no?) y un dominico satisfecho de su vocación y su pertenencia a la Orden de Predicadores. Tras la misa de diez en la sevillana Parroquia de Santa María Magdalena le encantaba, antes de irse, pasear tranquilamente por el templo, hablando con unos y con otros, especialmente si daba con un grupo de turistas italianos, con los que le gustaba chapurrear la lengua de Dante. "¡Lo que dejamos aquí los dominicos!", solía presumir mirando las naves de la Magdalena, antiguo convento dominico de San Pablo.
Me gustaba meterme con él de vez en cuando y se tomaba bien mis cariñosas pullitas. "¿Qué? ¿Ya crees en el dogma de la Inmaculada Concepción o no?", le pregunté tomando un café en un bar frente a la parroquia deseoso de escuchar por dónde me saldría. Otro día que el sol iluminaba con fuerza la imagen de San Francisco de Asís del retablo mayor, mientras la de Santo Domingo permanecía en penumbra, desafié nuevamente su humor manchego: "Parece que el sol ya ha elegido de parte de quién está...".
Pero lo mejor era la manía que le tenía a la imagen de Santa Rita que recibe culto en la Magdalena y que evidentemente no formaba parte del patrimonio del antiguo Convento de San Pablo. "¿Esta señora qué hace aquí, así, tan de negro?", preguntaba. Y yo le respondía: "El día que te mueras no va a ser San Pedro quien te reciba en el cielo, sino Santa Rita. ¿Y sabes qué te va a decir? ¿Este señor que hace aquí?".
Su marcha al Convento de Santo Domingo de Jerez dejó en la Magdalena un gran vacío. Sobre todo entre los feligreses, los habituales de la misa de diez, que no dejaban de preguntar dónde estaba y se lamentaban de su partida. Pero en Jerez estaba muy a gusto. Allí lo visité en varias ocasiones. La primera vez me presenté sin avisar en el céntrico templo, pregunté por él y me condujeron hasta la sacristía. La estampa fue tremenda. A pocos minutos de salir para decir la misa de ocho, me lo encontré en mitad de aquella inmensa sacristía, vestido por completo de dominico, blanco y negro, capucha incluida cubriendo su cabeza.
En otra ocasión me enseñó las dependencias del convento, las dos habitaciones de las que disfrutaba, llenas de recuerdos de su vida dominica en La Mancha, en Málaga, en Sevilla..., recuerdos de hermandades, fotos, regalos... Muchos de aquellos obsequios, que aludían a toda una vida, venían de su pueblo natal, Villanueva de San Carlos, que lo nombró hijo predilecto y donde pudo celebrar hace sólo dos años los sesenta de su ordenación sacerdotal.
En esas visitas siempre insistía: "La próxima vez avísame antes y nos vamos a comer por ahí". En poco tiempo ya había tomado nota de los mejores sitios donde llenar el buche en las cercanías del convento jerezano. Y, por supuesto, aprovechábamos para comentar cómo iban las cosas por Sevilla, me preguntaba por unos y otros, y compartía sensaciones, impresiones e incluso secretos que no eran de confesión, pero casi. Porque cuando Eugenio encontraba un confidente, se abría completamente.
Allí, en Jerez, no tardó en convertirse en director espiritual de la Hermandad de la Oración en el Huerto, como antes lo fue de la Lanzada de Sevilla y de la Esperanza de Málaga. Ante el paso de palio de la cofradía jerezana, el de la Virgen de la Confortación, lo vi el 19 de octubre de 2024, en aquella impresionante procesión Magna Mariana en la que él, orgulloso dominico siempre, iba en el cortejo con su vara presumiendo de su nueva hermandad. La Semana Santa de Jerez, a cuya carrera oficial daba la ventana de su dormitorio, fue otro tema de conversación en una de aquellas visitas. Especialmente le había sorprendido el movimiento del paso de San Juan, 'Juanillo', de la Hermandad del Nazareno, en su recogida en la mañana del Viernes Santo en la Capilla de San Juan de Letrán, situada frente por frente a su ventana. "¡Vaya con Juanillo!", dijo entre carcajadas.
"Sonríe siempre; la Iglesia tiene que ser sonrisa, alegría, acogida, no malas caras", insistía el padre Eugenio, un cura con apariencia y maneras de los antiguos, de los de siempre; un fraile que hoy nos deja su recuerdo, sus cercanas homilías, siempre basadas en su propia experiencia vital y religiosa, y sus brazos abiertos para todos. Para todos, menos quizá para Santa Rita. Pobrecita. Espero que ese encuentro entre los dos ya se haya producido. Seguro que ha sido impagable. "¿Usted qué está haciendo aquí?", habrá podido decir cualquiera de los dos... 

SALUD Y BUEN VIAJE: LA DEVOCIÓN QUE CONSTRUYE UNA HISTORIA


Enmarcada en los actos de celebración del primer centenario fundacional de la Hermandad de San Esteban, y tras la exposición que a primeros de año tuvo lugar en el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla (ver), el Ayuntamiento acoge estos días otra muestra, ésta denominada "Salud y Buen Viaje: la devoción que construye una historia". 
Se trata de una exposición muy interesante que se sumerge en los orígenes de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje; una imagen, como se sabe, que era un busto de terracota al que posteriormente se le añadió un cuerpo de madera (aunque uno de sus pies es también de barro) para que fuera un Cristo sedente; primero sentado sobre una peña y actualmente sobre un sitial.
La muestra ha reunido un total de seis bustos muy similares, con un parecido con el Señor de San Esteban altamente sorprendente, lo que hace concluir que nuestro Cristo de la Ventana pudiera ser una de esas muchas representaciones iconográficas de Jesucristo como Ecce Homo, muy difundida y objeto de una gran devoción, presente en numerosos lugares no sólo de Sevilla y España, sino incluso fuera.
Reproducimos a modo de introducción un texto que, bajo el título "La recta escritura de la providencia", nos presenta lo que el visitante va a encontrar en la exposición":

"Las salas de un museo andaluz, un monasterio hispalense de monjas clarisas, una capilla construida a mayor gloria del secretario del emperador Carlos V, tres conventos dominicos a ambos lados del Atlántico, una colección privada en Italia, una iglesia en un pueblo de la provincia de Sevilla, el altar dedicado al Señor de Burgos en una catedral peruana..., y finalmente el templo donde la Hermandad de San Esteban fue fundada en 1926. Un hilo invisible pero poderoso, cuyo origen se remonta a un tiempo más lejano, probablemente en las primeras décadas del siglo XVI, teje la urdimbre que une todos estos lugares. Porque fue en ese momento cuando se crearon una serie de imágenes de Cristo con idéntico material y formato: un sencillo busto policromado de terracota.
A partir de ahí hablamos de obras lamentablemente perdidas unas, y sin referencia en cuanto a su emplazamiento original otras; encomendadas a los cuidados de las clausuras las más, o transformadas para poseer un culto vivo en el presente. Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje, imagen titular de la hermandad, tuvo precisamente que modificarse para llegar a ser lo que es hoy, para recibir las plegarias de tantos fieles que lo veneran. Sin embargo, ello no alteró la esencia primera: su historia está unida a estas imágenes -y quizá a otras semejantes de las que no tenemos constancia en la actualidad- cuya fortuna ha sido tan variada. Acerquémonos a través de esta exposición a un conjunto extraordinario de piezas que se reúnen por primera vez
".

Junto a este panel vemos un mapa que indica la localización de las imágenes similares al Señor de San Esteban de las que tenemos constancia; la mayoría en España, pero también una, quizá la primitiva, en la ciudad italiana de Milán, y otras dos en Perú.


Y frente a este primer panel, vemos una foto del busto del Señor de la Salud y Buen Viaje que nos va a servir para comparar sus rasgos con los de los seis bustos expuestos, así como del italiano, de otro desaparecido y de los dos localizados en Perú, de los que vemos sendas fotografías.


Después de otros paneles explicativos en los que se habla de los bustos escultóricos, de Sevilla como "fábrica" de imágenes para todo el mundo y del uso de la terracota como material escultórico, vamos directamente a reproducir el texto que apunta ya los orígenes inciertos del Señor de la Salud y Buen Viaje:

"La primera referencia documental que parece referirse a la imagen que hoy conocemos como Señor de la Salud y Buen Viaje se remonta al siglo XVIII. Tras la expulsión de España de la Compañía de Jesús, ordenada por Carlos III, se tomaron medidas estrictas sobre su rico patrimonio. Nos interesa del mismo un pequeño fragmento, en principio poco relevante: las propiedades de una congregación titulada de la Anunciata, que ocupaba una capilla en el Colegio de San Hermenegildo, fundada por los jesuitas a mediados del siglo XVI. Al elaborarse en 1771 un inventario de los bienes de dicha capilla aparece, entre diversos cuadros, imágenes y enseres, '(una escultura) de medio cuerpo con su peana dorada de un Ecce Homo (...) de cerca de media vara de alto con su corona de espinas y soga al cuello'.
Si tomamos como base esta fuente, respaldada por otras posteriores, siguen faltándonos, no obstante, datos esenciales: quiénes serían el autor y el comitente, si es que hubo un encargo directo; y, desde luego, dónde y cuándo fue realizada. Hay investigadores que la consideran obra italiana, y para avalar esta hipótesis se invocan una serie de indicios: además de las intensas relaciones culturales y artísticas entre España e Italia durante la Edad Moderna, se recuerda la existencia de otro busto, lamentablemente desaparecido, entre las propiedades de Francisco de los Cobos, secretario del emperador Carlos V y con tantos contactos con ese país. Sin embargo, resulta difícil pensar que piezas de estas características fueran importadas de modo sistemático. Quizás hubo un modelo primero con origen en aquel territorio, pero las obras aquí expuestas parecen hablar de la producción de un taller español, probablemente sevillano, cuya producción atendería a la demanda de piezas devocionales de menor envergadura, y que tendrían su propio mercado, paralelo al de los encargos de más entidad".

En este panel podemos ver dos fotografías muy interesantes. La primera, de un busto italiano atribuido a Andrea Sansovino que algunos apuntan a que podría tratarse del modelo original, o uno de ellos, de este tipo de imágenes. Llama la atención la ausencia de regueros de sangre y señales de golpes, lo que lleva a algunos estudiosos a pensar que podría tratarse iconográficamente de un Resucitado en lugar de una talla pasionista. Sin embargo, la mayor devoción que genera un Cristo doliente llevaría en algún momento a transformar el modelo escultórico en imágenes identificadas con la iconografía del Ecce Homo.


Y la segunda foto que interesa especialmente en este punto es la que se conserva de ese busto mencionado en el texto, hoy desaparecido, que fue propiedad del secretario de Carlos V, Francisco de los Cobos.


Pasamos ya a observar los seis bustos que integran la exposición, comenzando por uno que posee la propia Hermandad de San Esteban en sus dependencias, y que fue adquirido hace unos años en un anticuario.



También se expone uno que pertenece a la Iglesia de Santa María La Blanca de la localidad sevillana de La Campana, y que ha sido recientemente restaurado.



En el Museo de la Ciudad de Antequera, en Málaga, se conserva otro busto de la misma tipología del Señor de la Salud y Buen Viaje.



Pasamos al busto que se encuentra en el Convento de Madre de Dios de la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda.



Otro convento, éste sevillano, el de Santa Inés, conserva otro busto de la misma iconografía, el primero que contemplamos que cuenta con corona de espinas y potencias para reforzar la representación del Ecce Homo.



Y llegamos al sexto y último busto, que hoy en día se encuentra en el Convento de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, adonde llegó procedente del antiguo Convento de las Dueñas de Sevilla. También cuenta con corona de espinas y potencias, éstas de gran tamaño.



Y hay que completar esta sucesión de imágenes similares al Señor de la Salud y Buen Viaje con las fotografías de los dos existentes en Perú, uno de ellos también con un parecido especialmente asombroso con el Cristo de San Esteban. Se encuentran respectivamente en la Basílica Menor y Convento Máximo de Nuestra Señora del Rosario, vulgo Santo Domingo, de Lima; y en la Catedral de Ayacucho.



Y terminamos con la reproducción de un texto y algunas fotos que aparecen en otro panel, dedicado a la transformación del busto primigenio en la actual talla completa del Señor de la Salud y Buen Viaje:

"A lo largo de su historia, la Iglesia de San Esteban ha sufrido numerosos avatares: a las notas originales mudéjares se superpusieron actuaciones barrocas, mientras que en periodos más recientes se alternaron las épocas de pérdidas y abandono con la acción restauradora contemporánea. Es interesante que ello nos ofrezca un paralelismo con la propia imagen del Señor, una pieza que también se ha transformado con el tiempo: entre el siglo XVI y el año de 1772, cuando el busto fue entregado por la autoridad eclesiástica al templo vecino a la Puerta de Carmona, podemos fijar una primera etapa en la que no se produjeron cambios sustanciales en su aspecto.
Para dar referencia de la segunda tenemos la certeza de que en 1859 se llevó a cabo una primera novena del Señor de la Salud -pues ésta fue su advocación inicial-, de lo cual se deduce que la obra tendría ya una condición cercana a la actual. En efecto, los estudios realizados con motivo de la restauración del año 2007 confirmaron que el principal cambio tuvo lugar probablemente a finales del siglo XVIII. Fue en ese momento cuando debió realizarse el añadido de un cuerpo en actitud sedente, utilizando principalmente madera y telas encoladas.
Convertida así en una escultura más cercana a la herencia de imaginería barroca sevillana, se abría la puerta a un tipo de culto público que el busto original difícilmente hubiera recibido. De hecho, las intervenciones del siglo XX fueron dirigidas sobre todo a la conservación de la obra, y sólo trajeron consigo algún retoque en la iconografía, siendo el más significativo la sustitución de la peña sobre la que se apoyaba la figura de Cristo por un sitial".





Como último elemento expuesto nos encontramos con el cartel conmemorativo del centenario de la Hermandad de San Esteban, realizado por los hermanos Ignacio y Luis Rubiño Chacón.


Hasta el próximo martes 15 de septiembre se puede visitar en el Patio Mayor del Ayuntamiento de Sevilla esta curiosísima e irrepetible exposición que nos acerca un poco más a lo que sigue siendo un enigma: el origen de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje, el entrañable Cristo de la Ventana de la centenaria Hermandad de San Esteban.