miércoles, 30 de septiembre de 2026

ANIVERSARIO EN SANTIAGO (II): BUENA MUERTE


La Hermandad de la Buena Muerte, a la que el largo cierre de la Parroquia de Santiago también afectó, mantuvo este domingo a sus dos titulares expuestos en besapié y besamanos extraordinarios con motivo del décimo aniversario de la reapertura del templo.
Como si estuviéramos en el segundo domingo de Cuaresma, el Cristo de la Buena Muerte y la Virgen del Dulce Nombre estuvieron en besapié y besamanos, respectivamente, en la cabecera de la nave de la Epístola, ante el altar en el que reciben culto durante el año.
Delante se encontraba la dolorosa de Antonio Castillo Lastrucci, en el centro de una alfombra y sobre una fina peana de plata. Para este besamanos vestía manto granate y saya blanca, ambos con bordados en oro de inspiración neogótica. Sobre la cabeza tenía su corona de salida, mientras que en el pecherín veíamos un broche con el escudo de la hermandad, un alfiler con su advocación, una cruz pectoral y un pequeño broche con forma de mariposa. Las manos las tenía con las palmas hacia arriba y en cada una de ellas sostenía un rosario.
Junto a la Virgen del Dulce Nombre se colocaron ocho candeleros con cera blanca, cuatro a cada lado, y dos jarras de su paso de palio sobre pies de base cuadrada con variadas especies florales de distintas tonalidades.
Tras la dolorosa estaba el Santísimo Cristo de la Buena Muerte en posición vertical, con la base de la cruz cubierta por un paño de damasco rojo atado con un cíngulo. A su lado había dos hachones color tiniebla en sendos portahachones de su paso y dos jarras con claveles rojos elevadas sobre pies como los anteriores, pero de mayor altura.
Detrás, sobre el banco del retablo, se ubicaba un gran centro floral con distintas especies de color blanco, dos tallas de ángeles y dos candelabros plateados de tres guardabrisas cada uno. Finalmente, en el lado izquierdo se encontraba el guión corporativo.





































ANIVERSARIO EN SANTIAGO (I): PRENDIMIENTO


El primer domingo del otoño se convirtió en Jerez en un domingo de Cuaresma. El mismo ambiente, emociones parecidas, peregrinaciones a templos y encuentros con imágenes titulares en besamanos y besapiés. Fue algo extraordinario motivado por el décimo aniversario de la reapertura del alma del barrio de Santiago. En 2016, tras más de una década clausurada, reabría por fin la Parroquia de Santiago tras unas largas y muy complejas obras de restauración.
Las hermandades de la feligresía entendieron lo importante de este aniversario y decidieron celebrar estos cultos extraordinarios a los que se sumaron no sólo las hermandades que tienen su sede en el templo parroquial, sino también otras que se encuentran alrededor de éste.
Comenzamos aquí una serie de reportajes sobre lo vivido este domingo, y lo hacemos con la Hermandad del Prendimiento, que expuso al Señor y a la Virgen del Desamparo en distintos puntos del templo. Así, centrándonos en primer lugar en Nuestro Padre Jesús del Prendimiento, lo encontramos en el interior de la capilla sacramental, a los pies del Cristo de las Almas de la Hermandad Sacramental.
Vestido con una túnica de terciopelo rojo bordado en oro y con un juego de potencias de plata, el Señor estaba elevado sobre una alta peana para permitir a los devotos besarle los pies. Lo flanqueaban cuatro candeleros con cera blanca y dos jarras del paso de palio con claveles y rosas de color rojo elevadas sobre sendos pies de base cuadrada. Otras dos jarras estaban más atrás, sobre sendas columnas de madera dorada. Además, en el lado izquierdo estaba la bandera pontificia, y en el derecho el guión corporativo.






























Por su parte, María Santísima del Desamparo estaba en la cabecera de la nave del Evangelio, sobre una alfombra y una peana de plata. Llamó la atención que lucía la corona procesional de Nuestra Señora de la Piedad, dado que ambas dolorosas se intercambiaron las preseas en esta ocasión extraordinaria. Además, vestía su manto procesional y saya de tisú de plata. No faltaron sus clásicos corales en el pecherín, mientras que en las manos sujetaba un total de cuatro rosarios, ofreciendo la derecha a los fieles.
Junto a la dolorosa había algunos candelabros y varias jarras con claveles blancos sobre columnas doradas y mesas de madera con tablazón de mármol. Al fondo, se alzaba un pabellón ante un cortinaje de damasco rojo. Las cortinas del pabellón las sujetaban dos de los ángeles del paso de misterio del Señor del Prendimiento sobre altas columnas doradas, y entre las cortinas asomaba el techo de palio, mientras que en la parte inferior estaba el faldón frontal del mismo paso.