El pasado domingo tuvo lugar en el Santuario de los Gitanos la función solemne y posterior besamanos a María Santísima de las Angustias, que recibió a los devotos en el presbiterio del templo, sobre una peana de madera dorada.
Para este culto se mostró vestida con el mejor y más antiguo de los dos mantos de salida que posee, el de terciopelo azul pavo bordado por Carrasquilla, y con una saya blanca de raso con bordados en oro y sedas procedentes de una casulla del siglo XVIII que fue donada por unos hermanos.
La dolorosa, que llevaba su corona de oro de Manuel Seco, tenía como tocado una mantilla de seda del siglo XIX de tipo goyesco, y a modo de toca veíamos la conocida mantilla de la duquesa de Peñaranda, también del XIX. Fueron novedad los puños, confeccionados en seda y donados recientemente, mientras que el pañuelo que llevaba en la mano izquierda era de encaje de punto de aguja del mismo siglo.
Entre las joyas que portaba la Virgen de las Angustias en este besamanos destacaban un puñal dorado, un broche de brillantes, una cruz pectoral de zafiros, el broche isabelino y el rosario de ágatas donado hace tres años por el grupo joven.
Junto a la imagen se colocaron dos jarras de su paso de palio con distintas especies florales de variadas tonalidades, mientras que otras se dispusieron en distintos puntos del altar. Las paredes del presbiterio estaban cubiertas con cortinajes de terciopelo rojo ante los que destacaba el dosel de cultos de la hermandad bajo un pabellón con corona y una pequeña talla de la Inmaculada Concepción entre candelabros dorados.
El altar estaba iluminado con una gran cantidad de candeleros con cera blanca y también veíamos algunos ángeles del paso del Señor de la Salud y dos de los Evangelistas de las esquinas; en concreto, San Lucas y San Juan. Por último, hay que mencionar la presencia de dos fanales del siglo XIX con flores realizadas con conchas naturales.