jueves, 5 de febrero de 2026

EL CARTEL DEL LXXV ANIVERSARIO DE LA ESPERANZA FRANCISCANA DE JEREZ


La Hermandad de las Cinco Llagas de Jerez celebra este año el LXXV aniversario de la bendición de la actual imagen de María Santísima de la Esperanza; una efeméride para la que se ha editado un cartel conmemorativo pintado al óleo sobre tabla por Tomás Terán Torrejón.
La propia hermandad ha publicado la explicación de la obra indicando lo siguiente:

"El rostro de la Virgen de la Esperanza se alza como eje central de esta obra. La composición sitúa a la dolorosa en un primer plano, capturándola desde una perspectiva que evoca la profunda serenidad; esa calma contenida que emana de su mirada cabizbaja.
Su tez nacarada, surcada por un llanto triste, es el reflejo del recogimiento y del silencio. Ese mismo silencio que sus nazarenos custodian cada madrugada del Viernes Santo.
En el fondo de la obra, el rojo litúrgico, decorado con motivos ornamentales, evoca el palio de José Guillermo Carrasquilla, entrelazándose con el verde esperanza que perfila el rostrillo. Ocupando un lugar destacado en la composición se alza la simbología del abrazo franciscano.
En la parte inferior, el título 'Esperanza Franciscana' contrasta en dos tonos bajo el epígrafe '75 Aniversario', sellando así la efeméride que motiva esta creación".

SANTA MARÍA DE LA O ESTRENÓ UN PECHERÍN DE ENCAJE EN SU BESAMANOS


Santa María de la O presidió el domingo una función solemne en su honor por la fiesta de la consagración del templo. Hay que recordar que, aunque hoy en día sea la dolorosa la que preside el retablo mayor de la parroquia, en realidad la titular de ésta es la O Gloriosa, relegada actualmente a un altar lateral.
Pero al menos un día al año Santa María de la O vuelve al presbiterio para esta función y para su besamanos, situándose la imagen a los pies del retablo mayor, donde la encontramos estrenando un pecherín de encaje dorado que ha sido donado por unas devotas junto a un pañuelo para la dolorosa.
Sobre una alfombra, una peana de terciopelo rojo con apliques plateados y sobre ésta otra peana de madera dorada, recibía la imagen a los fieles vestida con un manto de terciopelo rojo liso con vueltas blancas y con una saya también blanca de tisú. En la cabeza tenía una toca de tul y en la cintura un cíngulo dorado.
La Virgen gloriosa contaba también con su corona, ráfaga y media luna de plata con algunas piezas doradas, mientras que con la mano izquierda sujetaba el Libro de las Antífonas, ofreciendo la derecha a los devotos para que la besaran. Además, lucía un juego de pendientes, un collar de perlas, un broche con el emblema de la hermandad y un alfiler con su advocación.
Alrededor de la Virgen de la O podíamos ver cuatro blandones dorados con cera blanca, dos candelabros de plata sobre columnas doradas de fuste salomónico y dos ánforas plateadas con claveles rosas sobre sendos pies de base cuadrada de madera dorada y policromada. Detrás se colocaron dos jarras también con claveles, un crucifijo de plata y seis candeleros dorados a los pies de la dolorosa de la O, que curiosamente también estaba vestida con manto rojo y saya blanca, dando lugar a una extraña estampa de dos vírgenes en el mismo altar y vestidas de forma muy parecida.


























miércoles, 4 de febrero de 2026

VÍA CRUCIS CON EL CRISTO DE LA BUENA MUERTE Y POSTERIOR BESAPIÉ


La Hermandad de la Hiniesta dedicó el pasado fin de semana todo el protagonismo al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, que protagonizó varios cultos en su honor. Así, la tarde del sábado tuvo lugar la salida en vía crucis del crucificado por las calles de las feligresías de San Julián y de San Marcos.
Como es habitual cada año, el recorrido, que comenzó a las seis de la tarde, incluyó estaciones en distintos conventos y templos de la zona. Así, el Cristo de la Buena Muerte pasó por los conventos de Santa Paula, las Siervas de Jesús y Santa Isabel, así como por la Capilla de los Servitas y la Parroquia de San Marcos.
La cruz de guía y el estandarte corporativo fueron las insignias utilizadas en el cortejo, integrado por numerosos hermanos portando cirios, que así participaron en el primer vía crucis que va a presidir el Cristo de la Buena Muerte este año. El segundo será el de las cofradías en la Catedral el próximo 23 de febrero, primer lunes de la Cuaresma.






























Por otro lado, el domingo el Cristo que tallara Antonio Castillo Lastrucci estuvo expuesto en besapié en el presbiterio de San Julián, donde fue ubicado en posición vertical, con algunos escalones forrados en color rojo ante sí y variadas flores dispuestas en forma de pequeño monte a sus pies.
El Cristo de la Buena Muerte llevaba sus potencias de salida, tenía a su lado dos jarras con las mismas flores del pequeño monte y las que llevaba en la base de la cruz durante el vía crucis, y algo más atrás había dos ciriales. 
Al fondo se alzaba el altar del quinario sin que se hubiera situado en el dosel nada que sustituyera al crucificado, y con un gran número de candeleros con cera color tiniebla y más jarras de flores. Y en el lado derecho del presbiterio se encontraba el estandarte corporativo.