jueves, 1 de octubre de 2026

ANIVERSARIO EN SANTIAGO (VI): PIEDAD


Los besamanos y besapiés extraordinarios del pasado domingo en Jerez nos dejaron una impresionante imagen para la historia en la Real Capilla del Calvario. La Hermandad de la Piedad montó en el presbiterio una escena que bien podría ser en sí misma todo un paso de misterio, con el Cristo Yacente en el suelo junto a María Salomé y María Cleofás preparando su mortaja, y detrás Nuestra Señora de la Piedad con San Juan Evangelista y Santa María Magdalena.
Se podría decir que el Señor se "coló" en el conjunto escultórico del paso de palio dando lugar a un todo de una calidad devocional y artística sin igual. La cofradía vive un momento dulce (que esperemos que el Obispado anticofradías no estropee) y lo sabe. Lo del domingo pasado fue algo absolutamente sublime.
Rodeaban al conjunto varios blandones dorados con cera blanca y entre las piezas textiles veíamos a cinco de los ángeles de plata que hacen de base de la urna del Cristo Yacente. Detrás, en el camarín de la Virgen estaba el techo del palio, mientras que en el lado izquierdo del presbiterio se situaban el Cristo del Calvario y la Chacha, nombre popular en Jerez a la representación del Triunfo de la Cruz sobre la muerte. Además, a un lado y otro del presbiterio se dispusieron dos mesas de madera dorada con sendos doseles de pequeño tamaño con crestería plateada, dos jarras del paso de palio con rosas de tonalidad malva y los faroles de las andas de la Chacha.
En cuanto a la vestimenta de las imágenes, el Cristo Yacente tenía unas potencias doradas, mientras que la Virgen de la Piedad llevaba su manto de salida, saya burdeos y la corona de la Virgen del Desamparo, dado que ésta en su besamanos extraordinario tenía la de la Piedad (ver). En cuanto al pecherín, tenía dos broches y era la mano izquierda la que ofrecía a los devotos.









































ANIVERSARIO EN SANTIAGO (V): SOLEDAD


En la Iglesia de la Victoria se unió a la celebración de la Parroquia de Santiago la Hermandad de la Soledad con un montaje espectacular que prácticamente permitió al devoto convertirse en parte de la impresionante escena del Descendimiento de Cristo.
Recibía a los fieles en el centro del templo de la Porvera la imagen de Nuestra Madre y Señora de la Soledad en besamanos. Vestida con su manto de salida y con la saya burdeos para la que Jesús Rosado utilizó parte de los bordados del antiguo palio, la Virgen que cierra el Viernes Santo en carrera oficial estaba elevada sobre una peana dorada con espejitos y lucía la corona procesional, el broche isabelino-alfonsino de oro, diamantes y esmalte negro en el pecherín y por supuesto sujetaba con sus manos unidas el clavo y un pañuelo.
Flanqueaban a la Soledad cuatro jarras de su paso de palio con claveles blancos sobre sendos pies de diferentes alturas y seis candeleros con cera también blanca. Más atrás, junto al manto, fueron ubicados los candelabros de cola.
Y al fondo, con el retablo mayor oculto por un gran cortinaje rojo, estaba el conjunto escultórico del Descendimiento, genial obra de Luis Ortega Bru, a excepción de José de Arimatea y Nicodemo, que permanecían a un lado subidos a la cruz procesional.
Veíamos en besapié al Cristo del Sagrado Descendimiento entre la Virgen de las Tristezas y San Juan Evangelista, y más hacia los extremos María Salomé y María Cleofás. Por su parte, María Magdalena estaba en el centro, mirando hacia el Cristo. De esta forma, para besar los pies de la imagen había que pasar entre las imágenes y por delante de la Magdalena, teniendo así la oportunidad de contemplarlas de una forma muy diferente a como se pueden ver en el paso o en su disposición habitual en el templo.
Completaba el montaje la presencia de dos jarras del palio con diversas flores de tonalidades rojas sobre altos pies de base cuadrada y cuatro blandones de madera de color oscuro con cirios blancos.