viernes, 31 de marzo de 2023

EL CARTEL DE LAS RENOVADAS EMOCIONES


Hoy es Viernes de Dolores, lo que significa que estamos a las puertas de una nueva Semana Santa. Los primeros nazarenos, las primeras cofradías, los primeros pasos, las primeras marchas... Y con todo ello, nuevas pero, sobre todo, renovadas emociones. Porque cada vez que llega una nueva Semana Santa, y más conforme se van cumpliendo años, no llega sólo ella, sino también todas las Semanas Santas anteriores. 
La Semana Santa nos devuelve a los recuerdos más lejanos, a la infancia. Volvemos a las calles que recorrimos, a los familiares que nos las enseñaron, a buscar los detalles de cada paso que una vez nos descubrieron. Y, sea o no ya posible, nos invita a buscar sensaciones de años pasados, incluso aunque sepamos que esas sensaciones son hoy imposibles de encontrar.
Cada Semana Santa nos dice quiénes somos y de dónde venimos. Y cómo no será la fuerza de un cartel, de un buen cartel, que todos esos pensamientos se me vinieron a la cabeza al ver el que Cofrademanía ha editado para anunciar la Semana Santa de Jerez 2023. Un cartel fotográfico, por supuesto.
Javier Romero Díaz es el autor de una impresionante fotografía en la que el paso del Santo Crucifijo de la Salud sube la calle Santa Cecilia en plena Noche de Jesús de regreso a la Parroquia de San Miguel. La calle está a oscuras, iluminada sólo por los candelabros del paso y por los ciriales que lo anteceden. Y arriba, en el cielo, la luna llena. 
Nada falta en este cartel. Ni siquiera un detalle que podría pasar desapercibido para muchos; especialmente para los más jóvenes. Y es que la rotulación, "Semana Santa 2023 Jerez", letras blancas, fondo negro y disposición del texto, no es casual. Se ha tratado de reproducir la rotulación de los carteles oficiales clásicos de la Semana Santa jerezana, los de los años 70 y 80 del siglo pasado. Los primeros carteles que conocimos y tuvimos de niño, los que aún conservamos con cariño y como un auténtico tesoro.
Lo dicho. Viernes de Dolores, primeras emociones, renovados recuerdos... y un cartelazo para dar la bienvenida al "tiempo sin tiempo del niño", como dijo Cernuda. Buena Semana Santa a todos.

EL SEÑOR DE LA REDENCIÓN Y LA VIRGEN DEL ROCÍO REGRESARON A SANTIAGO


Nuestro Padre Jesús de la Redención y María Santísima del Rocío, de la Hermandad del Beso de Judas, regresaron el pasado lunes a la Iglesia de Santiago, templo que abandonaron en septiembre de 2020 por el inicio de unas obras de restauración que aún no han concluido, pero que, antes de afrontar su fase final, permitirán que la cofradía salga de su casa el próximo Lunes Santo.
Como ocurriera el año pasado, cuando la hermandad salió del Santuario de los Gitanos (ver y ver), el traslado se aprovechó para la celebración del vía crucis con el Señor de la Redención, un culto cuya fecha de celebración habitual es el quinto sábado de Cuaresma, pero que por segundo año se retrasó al quinto lunes.
El cortejo empezó a salir de la Iglesia de San Ildefonso, sede provisional de la hermandad, alrededor de las ocho de la tarde, aunque la cruz de guía, que era la antigua, estuvo durante muchos minutos parada en la puerta sin avanzar. Este vía crucis y el traslado a Santiago sirvieron además para estrenar en la calle el nuevo estandarte corporativo de la cofradía, bordado por José Antonio Grande de León con orfebrería de los Hermanos Delgado y diseño de Álvaro Abril.
En cuanto a las imágenes, el Señor de la Redención vestía una túnica lisa de terciopelo morado con un mantolín color buganvilla sobre su hombro derecho. Sus andas iban adornadas con diversas flores de tonalidad morada e iluminadas con cuatro candelabros de guardabrisas de madera dorada. La dolorosa, por su parte, iba vestida de hebrea en unas andas con flores blancas y los dos faroles de entre varales de su paso de palio.
En su camino a Santiago, para el que se contó con la participación de varios músicos de la Agrupación de la Redención, la cofradía discurrió por Zamudio y la plaza de San Leandro, donde ambas imágenes se detuvieron ante la puerta del convento del mismo nombre, para continuar por Imperial, Calería, Juan de la Encina (con parada ante la casa hermandad de San Esteban) y Santiago. La entrada en su casa tuvo lugar en torno a las diez de la noche, ante un gran número de personas expectantes por ver de nuevo a la cofradía del Beso de Judas en su templo de Santiago.








































VENERACIÓN A LOS TITULARES DEL BUEN FIN BAJO EL CORO DE SU TEMPLO


La Hermandad del Buen Fin sigue sin recuperar el besamanos y besapié a sus imágenes titulares, por lo que el pasado fin de semana se les pudo ver a ambas bajo el coro del templo conventual de San Antonio de Padua, pero sin que los devotos pudieran besar a ninguno de ellos.
Como es habitual, la priostía de la hermandad realizó un montaje a modo de salón en cuya parte delantera se encontraba Nuestra Señora de la Palma y al fondo el Santísimo Cristo del Buen Fin. La dolorosa se presentaba vestida con el manto de terciopelo verde bordado en oro por José Ramón Paleteiro en 2017, y con una saya burdeos también bordada. Llevaba su corona procesional, una palma de oro, varios broches, la Medalla de la Ciudad y sujetaba en sus manos un pañuelo, una rosa de pasión y un rosario. Además, tenía un fajín rojo con borlones dorados.
La Virgen de la Palma estaba elevada sobre una peana plateada y junto a ella había cuatro jarras de su paso de palio con diversas flores blancas y dos candelabros plateados con finas velas del mismo color. En cuanto al Cristo del Buen Fin, estaba ante un dosel con un fondo que representaba el cielo estrellado, la luna y el sol, también entre candelabros y jarras, aunque éstas tenían flores de tonalidad morada. El crucificado lucía las potencias de salida y en los laterales se situaron varios candeleros dorados y unas tallas de ángeles portando faroles.
Por otro lado, hay que señalar que todo el espacio del montaje contaba con cortinajes de damasco rojo a modo de paredes en las que se veían más enseres de diverso tipo. Entre ellos, destacaba la presencia de dos columnas con sendos ángeles que sujetaban unas lámparas de cristal similares a otras cuatro que colgaban del techo. Finalmente, en la parte delantera del conjunto había una barandilla de madera, altos blandones dorados, dos guardabrisones y más flores blancas.