lunes, 10 de octubre de 2011

"¡VIVA LA VIRGEN DEL ROSARIO, VIVA EL NIÑO DE LA VIRGEN!"


La Hermandad de la Virgen del Rosario del Barrio León realizó el pasado sábado su salida procesional, que la llevó a recorrer durante más de cinco horas las calles de su feligresía en una emotiva jornada. Abría el cortejo la Banda de Cornetas y Tambores Amor de Cristo, de San Juan de Aznalfarache, y acompañaban a la cofradía trianera las hermandades del Carmen de San Leandro, el Carmen de Calatrava, la Candelaria Madre de Dios, la Paz de Arcos de la Frontera y las asociaciones de las Maravillas de Sevilla y la Misión de Jerez de la Frontera.






La imagen vestía manto azul y saya blanca bordados en oro, mientras que el exorno floral constaba principalmente de nardos y rosas blancas. La Banda de Música de la Cruz Roja acompañó a la Virgen, realizada en 1982 por Luis Álvarez Duarte. Inmediatamente después de la salida desde la Parroquia de San Gonzalo sonó por primera vez en la calle "Rosario de Azahar", la marcha de Moisés Viretti estrenada en un concierto celebrado el 25 de septiembre en el Asilo de Nuestra Señora de la Consolación.














A partir de ahí, la banda interpretó un variadísimo repertorio musical que incluyó las marchas "Rosario del Barrio León" y "Encarnación Coronada" a su llegada al asilo de la Avenida de Coria. Allí la esperaba un grupo de ancianos que cantaron la Salve a la Virgen. Entre ellos se encontraba el 'Mudo de Santa Ana', que hizo sonar el llamador para que el paso retomara su itinerario. La marcha escogida para salir de nuevo a la avenida fue "Glorias de Sevilla", de Manuel Marvizón, que cada vez se oye más en las procesiones de las corporaciones de gloria.





Posteriormente, el paso se dirigió hacia las calles La Coruña y San Vicente de Paúl hasta la Ronda de Triana, donde realizó una parada ante la Parroquia de las Santas Justa y Rufina, donde la Virgen fue recibida por el delegado diocesano de Hermandades, Manuel Soria Campos, nombrado en junio párroco de este templo, y por el presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías, Adolfo Arenas Castillo. Tras el rezo ante la imagen, Soria dedicó unas palabras a los costaleros antes de que el paso se marchara a los sones de "María Santísima de la O".



Por la calle Santa Cecilia, la Virgen del Rosario del Barrio León llegó a otro de los puntos clave en su itinerario, como fue el Hospital Infanta Luisa, donde el paso se paró ante el azulejo de la Esperanza de Triana, momento en que la banda interpretó "Triana de Esperanza".





Desde allí, la Virgen emprendió el camino de regreso a su barrio, al que accedió por la calle Cristo del Soberano Poder y donde comenzó un largo rodeo para pasar por el mayor número posible de viviendas de la zona. No en vano, la Virgen del Rosario es la patrona del Barrio León.
Momentos antes de las doce y media de la noche llegó a su capilla de la calle Padre Maruri. Allí se vivieron los momentos de mayor emoción gracias a una mujer que, acompañada por una guitarra, cantó desde un balcón una sevillana de tres estrofas, cada una de las cuales finalizaba con "¡Viva la Virgen del Rosario! ¡Viva el Niño de la Virgen!", provocando siempre el aplauso de los presentes. Finalmente, mientras sonaba el solo de flauta y tambor de "Rocío", el paso se levantó a pulso y acto seguido se hizo coincidir la parte final de la marcha con una intensa petalada y el lanzamiento de diversos fuegos artificiales; después el paso entró definitivamente en la capilla entre el repique de sus campanas.









El repertorio completo interpretado por la Banda de la Cruz Roja tras la Virgen del Rosario fue el siguiente: "Rosario de Azahar" (salida), "Carmen de San Leandro", "Reina de Triana", "Rosario del Barrio León" (para entrar en el asilo), "Encarnación Coronada" (dos veces dentro del asilo), "Glorias de Sevilla" (para salir del asilo), "Coronación de la Macarena", "Virgen de las Aguas", "Madre Hiniesta", "Esperanza Macarena" (para acercarse a la Parroquia de las Santas Justa y Rufina), "María Santísima de la O" (para marcharse de la parroquia), "Rosario de Monte-Sión", "Coronación", "Pasan los Campanilleros", "Estrella Sublime", "Triana de Esperanza" (ante el azulejo del Hospital Infanta Luisa), "Virgen de Montserrat", "Virgen de la Paz", "Virgen de la Victoria", "Esperanza de Triana Coronada" (entrando en la calle Cristo del Soberano Poder), "Virgen de los Ángeles", "Hosanna in excelsis", "A ti Manué", "Caridad del Guadalquivir", "Virgen de los Estudiantes", "Virgen de la Estrella", "Rosario de Azahar", "Encarnación Coronada", "Pasan los Campanilleros" (llegando a la capilla) y parte final de "Rocío" (momentos antes de entrar).

La anécdota de la salida procesional de la Virgen del Rosario del Barrio León la protagonizó una mujer de rasgos orientales que estuvo siguiendo al paso desde el Hospital Infanta Luisa hasta la Avenida de Alvar Núñez. No miraba ni a la Virgen, ni el paso, ni las flores, ni los cirios; lo único que le llamaba la atención eran los pies de los costaleros. Llegó a caminar pegada al paso durante cada 'chicotá' sin dejar de mirarlos y cada vez que el paso paraba y los costaleros levantaban los faldones para tomar aire se asomaba tratando de ver cómo era el esqueleto del paso.
Finalmente, cuando se produjo un relevo de costaleros no tuvo reparos en situarse detrás de uno de los que acababan de salir para tocar su costal, ver de qué estaba hecho y preguntar con gestos si debajo del paso los hombres iban encorvados. El costalero trató de explicarle que van de pie, con la espalda recta y dejando que el peso del paso descanse sobre el costal. Satisfecha su curiosidad, la mujer contempló cómo el paso volvía a levantarse y se marchó tras haber visto resuelto el enigma de los pies escondidos detrás de los faldones...

APRETADA AGENDA DE BESAMANOS

Este fin de semana ha habido hasta ocho besamanos de imágenes marianas (cinco de gloria y tres de penitencia). Al estar ya en pleno mes de octubre, la mayoría tenían que ver con la festividad del Rosario, aunque también se ha celebrado este tradicional culto en hermandades con otras advocaciones.
Así, y a falta tan sólo de la misa solemne por el XIII aniversario de la Coronación Canónica, la Hermandad de las Mercedes de la Puerta Real finalizó los cultos anuales en honor de su titular con un besamanos para el que de nuevo contó con la cesión del manto blanco de brocado por parte de la Hermandad de Nuestra Señora de la Victoria, de Manzanilla.






Estrenando un manto de color salmón y con el simpecado presidiendo el altar de cultos se mostró a los fieles la Divina Pastora de San Antonio de Padua, cuya hermandad está celebrando en este 2011 los cien años de su llegada al convento franciscano. Al contemplarla de cerca se pudieron comprobar los efectos que ha provocado en la imagen la colocación de pendientes (no los que llevaba puestos en el besamanos, sino otros algo más largos) que han arañado su cara por el movimiento, fundamentalmente, de la salida procesional.






En la Capilla de San Andrés, recuperados ya del ajetreo madrileño, los hermanos de Los Panaderos celebraban el besamanos de la Virgen de Regla, que vestía para la ocasión el manto antiguo (el que verdaderamente le queda mejor a la imagen), mientras que en el altar se situó la bambalina frontal, dos varales, uno de los respiraderos laterales y varias jarras y candeleros del paso de palio.







Centrándonos en las vírgenes con la advocación del Rosario, en la parroquia de San Ignacio de Loyola tenía lugar el besamanos a la dolorosa de la Hermandad del Polígono San Pablo, aunque con un horario muy limitado que nada tenía que ver con el de otras cofradías de barrio en las que, desde la mañana hasta la noche, sus templos permanecen abiertos prácticamente sin interrupción durante la celebración de cultos similares. La Virgen estaba situada en el altar mayor, donde llamó la atención la colocación del sillón de Herodes que forma parte del paso de misterio.






De vuelta al centro, otra dolorosa con la advocación del Rosario, la de la Hermandad de Monte-Sión, también bajó de su altar para encontrarse con sus fieles. A ambos lados se encontraban los otros dos titulares de la cofradía (el Señor de la Oración en el Huerto y el Cristo de la Salud), mientras que detrás de la Virgen se colocó un gran dosel de color rojo con el escudo de la corporación del Jueves Santo.







No lejos de allí, en la Basílica de la Macarena, tenía lugar el besamanos a la Virgen del Rosario, la titular gloriosa de la cofradía de la Madrugá, que vestía su manto de color celeste y la saya rosa. Flanqueaban a la imagen dos de los candelabros del paso del Señor de la Sentencia.






En el barrio del Arenal, en la Capilla de Nuestra Señora del Rosario, la Hermandad de las Aguas celebraba también el besamanos de la imagen que vino a unirse a la corporación cuando, desde San Bartolomé, la antigua hermandad trianera llegó para encontrar su sede definitiva.





Y otra de las hermandades que a lo largo de su historia han ido sumando advocaciones es la de las Siete Palabras. La Virgen del Rosario, vestida con un manto rojo y colocada en la Capilla Sacramental, a los pies del Nazareno de la Divina Misericordia, fue dispuesta en besamanos este pasado domingo.





viernes, 7 de octubre de 2011

EL NOMENCLÁTOR COFRADIERO

Hace unos días una calle de nueva creación en Triana era bautizada como “Nuestro Padre Jesús Nazareno”, lo cual es una buena noticia por dos razones: primero, porque tanto la imagen como su hermandad lo merecen; y segundo, porque al tratarse de una vía urbana que no existía no ha habido que eliminar a nadie del callejero local para hacerle hueco al Nazareno trianero.


Y es que sí, lo siento, pero considero verdaderamente excesiva la rotulación de calles con el nombre de cristos y vírgenes porque, con tal motivo, en ocasiones se han cometido auténticas injusticias con personas valiosas y queridas en la ciudad que merecieron su calle y que, llegado el momento, la perdieron por la enésima denominación cofradiera.
Una fiebre que puede dar lugar a confusiones, ya que, por ejemplo, Sevilla cuenta con una calle “Cristo de la Salud” y una plaza “Nuestro Padre Jesús de la Salud” (por cierto, la Hermandad de San Bernardo pasa cada año por ambas). Asimismo, desde hace mucho tiempo existe una calle llamada “Jesús de las Tres Caídas” y desde marzo otra rotulada como “Santísimo Cristo de las Tres Caídas”. Este último nombre ha hecho desaparecer una añeja denominación, Bernal Vidal, dedicada a un vecino trianero que cedió su propio terreno al Ayuntamiento para abrir la nueva calle y mejorar así la ordenación del barrio.


No quiero decir con esto que la veneradísima imagen del trianero Cristo de las Tres Caídas no merezca una calle, pero el bueno de Bernal Vidal también. Hay que tener en cuenta que la hermandad ya fue agraciada en 2009 con una importante rotulación callejera cuando, por aquello de la memoria histórica, la avenida Sánchez Arjona pasó a llamarse “Esperanza de Triana”.


Otro caso ocurrió en Nervión. La antigua calle Padre Coloma es hoy “Cristo de la Sed”, con lo que el escritor, periodista, abogado y padre jesuita nacido en Jerez de la Frontera, aunque residente durante años en Sevilla, se quedó sin el reconocimiento público de tener una calle dedicada.
Éstos son sólo dos ejemplos; seguramente habrá muchos más. Y no sólo me refiero a calles que estaban rotuladas con el nombre de algún personaje destacado en los más diversos campos de la historia local, sino que también hay calles cuyas denominaciones, de temática variada, tenían varios siglos de antigüedad y también se perdieron. O más bien habría que decir que se intentó que se perdieran; hay un caso en que la vieja denominación ha ganado la batalla al nomenclátor cofradiero. ¿Cuántos años hace que la plaza del Pan ya no se llama así? ¿Pero hay algún sevillano que se refiera habitualmente a ella como plaza de Jesús de la Pasión?
Ahora bien, hay casos y casos. En estos días hemos asistido al inicio de una campaña de recogida de firmas por parte de la Hermandad de Santa Genoveva para que la actual avenida Pilar Bardem pase a llamarse “Nuestra Señora de las Mercedes”, denominación que ya tenía y que perdió un grupo de viviendas del barrio. Sorprendentemente, hay quien ha criticado a la hermandad por meterse, dicen, en cuestiones políticas. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que el orden de los acontecimientos es el siguiente: el alcalde, Juan Ignacio Zoido, anuncia que va a retirar el nombre de Pilar Bardem del callejero, y posteriormente la hermandad, enterada de la intención del primer edil, propone que la nueva denominación sea la advocación de su imagen mariana. Dicho de otro modo: no es que la hermandad, por su cuenta y riesgo, haya decidido emprender una batalla individual contra nadie, sino que ha aprovechado una circunstancia que no ha buscado; simplemente se le ha presentado.


Ah, por cierto, yo ya he firmado.