martes, 28 de abril de 2026

MADRUGÁ 2026: EL CALVARIO


Hay en la Madrugá, en la bulliciosa y por momentos incómoda Madrugá, un oasis de paz y de disfrute. Ese oasis se llama itinerario de vuelta de la Hermandad del Calvario; eso sí, entiéndase itinerario de vuelta desde la calle Castelar, es decir, desde que se separa de la Esperanza de Triana, hasta la entrada en la Parroquia de la Magdalena.
Es, sin duda, un pedacito de Madrugá distinto, con el público justo, con la calma del amanecer, embellecido además con esas primeras luces del Viernes Santo que van derramándose sobre los dos fantásticos pasos de la corporación de la Magdalena. Está claro que no se debería decir esto muy alto, pero... si no has visto el Calvario en ese tramo final de su estación de penitencia, hazlo. Es el momento del Calvario.
Tras esa sobria cruz de guía, los negros nazarenos de ruán nos conducen hasta el paso del crucificado que tallara Francisco de Ocampo en el siglo XVII; una imagen más antigua aún que la iglesia que la acoge. El Cristo del Calvario, que va a una considerable altura sobre ese paso de madera que con guasa algún iluminado comparó con una mesa de billar, va abriéndose paso al mismo tiempo que, en una Semana Santa ya posterior al cambio de hora, la luz va poco a poco descubriendo su figura, iluminada muy tenuemente hasta entonces por sus cuatro hachones.
Lirios morados en el friso y algunos sueltos sobre los respiraderos, y claveles rojos en las jarras de los laterales adornan un paso que hasta esta pasada Madrugá ha estado comandado por Luis Gómez Caminero, quien en las últimas semanas ha comunicado que deja el cargo que venía desempeñando desde 2009. Será otro, por tanto, quien lleve al Cristo del Calvario el año que viene por las calles de Sevilla.


































Y detrás, caminando sin prisa pero casi sin pausa, Nuestra Señora de la Presentación, magnífica dolorosa de Juan de Astorga arropada entre bordados de Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Va, como el crucificado, en silencio, pero son varios los sonidos característicos que acompañan a este paso, como el de las levantás con fuerza, las bambalinas golpeando los varales y evidentemente el racheo de los costaleros.
Ya es totalmente de día cuando la Virgen de la Presentación sale de la calle Zaragoza a la Puerta de Triana para tomar San Pablo hasta su templo. La luz permite contemplar el blanco inmaculado de los claveles, eterno exorno floral de este palio, cuya forma de procesionar contrasta con el corneterío que se intuye delante de una cruz de guía de plata que a lo lejos avanza ya por Reyes Católicos.
En un suspiro, la dolorosa de Astorga alcanza la parte más ancha de la calle San Pablo, caminando ya delante de la fachada de la Magdalena, que no tarda en engullir el paso de palio de cajón por su arco de medio punto. El palio pasa de la luz mañanera a la oscuridad de las naves de un templo que en octubre cumplirá 302 años. El Calvario pasa y el oasis acaba.