jueves, 30 de abril de 2026

VIERNES SANTO 2026: LA MORTAJA


Subía la Hermandad de San Isidoro la Cuesta del Rosario y más tarde, con un hueco entre ambas, el muñidor anunciaba con su esquila la llegada de la Sagrada Mortaja. Desde Francos comenzaban a salir los nazarenos de túnica morada con capa y antifaz de color negro, y cíngulo amarillo. Estamos ante una cofradía, la antigua Piedad de Santa Marina, que ha iniciado los pasos necesarios para la Coronación Canónica de su titular. 
La Virgen de la Piedad ha salido este año sin su tocado característico por encima del manto, sino a la manera más habitual de las dolorosas, como ya salió en 2018. Lo que no cambió es el habitual exorno floral a base de claveles rojos, así como las vestimentas del resto de imágenes del conjunto escultórico en el que el Señor Descendido de la Cruz va a ser amortajado para ser conducido al sepulcro.
La Capilla Musical y la Escolanía Salesiana de María Auxiliadora iban delante de los dieciocho ciriales que preceden al paso. Un número de ciriales que no responde al número de personas que asistieron al entierro de Cristo, como se repite hasta la saciedad pese a que no sale el dichoso número por más cuentas que hagamos, sino a la secular vinculación de la hermandad con el gremio de notarios.
A las órdenes del capataz Antonio Santiago, el paso, recientemente restaurado, salió de la calle Francos y se dispuso a subir la Cuesta del Rosario, deteniéndose casi al final de ésta, a la altura de la plaza de la Pescadería. Y tras esta parada, el misterio de la Sagrada Mortaja siguió adelante para pasar junto a la Parroquia de San Isidoro, cuya hermandad había hecho su entrada poco antes, y bajar la calle Jesús de las Tres Caídas hasta la Alfalfa, buscando el regreso al templo del antiguo Convento de la Paz.





















VIERNES SANTO 2026: SAN ISIDORO


En silencio y con celeridad. Así es cada Viernes Santo la estación de penitencia de la Hermandad de San Isidoro; una corporación que quizá pase demasiado poco tiempo en la calle, apenas cuatro horas y media, y a la que le pegaría bastante bien la música, al menos a su paso de palio.
En cualquier caso, estamos ante una cofradía que merece la pena contemplar con detenimiento, con el que se pueda, porque cuenta con dos pasos que son auténticas joyas. En primer lugar, hablamos del paso de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, acompañado por el Cirineo, que van sobre un monte invariable de claveles rojos. El paso, una maravilla de talla de Francisco Ruiz 'Currito el Dorador', ha sido restaurado en los últimos años por David de Paz, lo que se nota en el brillo de su dorado incluso de noche, cuando lo vemos a punto de regresar a la Parroquia de San Isidoro en el final de su estación de penitencia.
El Señor de las Tres Caídas, atribuido a Alonso Martínez, aunque hay quien ve la mano del propio Francisco Antonio Gijón, autor del Cirineo, ha vestido este año sobre el paso la túnica roja bordada en oro por Patrocinio López en 1875, mientras que en la cabeza tenía las potencias de Manuel Seco, de 1958.
Con rapidez, tras terminar de subir la Cuesta del Rosario, el paso tomó la calle Luchana y afrontó enseguida la entrada en el templo; una entrada en la que ambos pasos tienen que empezar a entrar sin haberse girado por completo, dada la estrechez de la calle.











Y tras la segunda parte de los nazarenos negros de la cofradía, siendo ésta la única del Viernes Santo con túnicas negras de ruán, llegaba sin hacer ruido el paso de palio de Nuestra Señora de Loreto, una dolorosa de la que se sabe exactamente su año de ejecución, 1717, pero no su autoría; aunque su fisonomía actual se debe a Sebastián Santos Rojas, quien la retocó en 1955, el mismo año en que el imaginero onubense talló a la Virgen de los Dolores del Cerro.
El paso de palio es una maravilla del bordado de las Hermanas Granado. Este año ha sido novedad la restauración del techo, inspirado en un tapiz de la Catedral. La empresa Cyrta ha sido la responsable de devolver el esplendor a esta obra de 1930, sobre la que se han llevado a cabo labores de limpieza, consolidación y reintegración cromática de los bordados, consolidación, encapsulado y reintegración del tisú que sirve de soporte, y estudio y ejecución de un nuevo sistema de sujeción interno entre el tejido y el bastidor.
La Virgen de Loreto, con su palio adornado con rosas y fresias blancas y con la escolta del Ejército del Aire, del que la advocación es Patrona, siguió los pasos de su hijo y se dirigió con agilidad a la parroquia, realizando su entrada, ésta más difícil que la del paso del Señor, cuando en el reloj apenas acababa de comenzar la jornada del Sábado Santo.