Subía la Hermandad de San Isidoro la Cuesta del Rosario y más tarde, con un hueco entre ambas, el muñidor anunciaba con su esquila la llegada de la Sagrada Mortaja. Desde Francos comenzaban a salir los nazarenos de túnica morada con capa y antifaz de color negro, y cíngulo amarillo. Estamos ante una cofradía, la antigua Piedad de Santa Marina, que ha iniciado los pasos necesarios para la Coronación Canónica de su titular.
La Virgen de la Piedad ha salido este año sin su tocado característico por encima del manto, sino a la manera más habitual de las dolorosas, como ya salió en 2018. Lo que no cambió es el habitual exorno floral a base de claveles rojos, así como las vestimentas del resto de imágenes del conjunto escultórico en el que el Señor Descendido de la Cruz va a ser amortajado para ser conducido al sepulcro.
La Capilla Musical y la Escolanía Salesiana de María Auxiliadora iban delante de los dieciocho ciriales que preceden al paso. Un número de ciriales que no responde al número de personas que asistieron al entierro de Cristo, como se repite hasta la saciedad pese a que no sale el dichoso número por más cuentas que hagamos, sino a la secular vinculación de la hermandad con el gremio de notarios.
A las órdenes del capataz Antonio Santiago, el paso, recientemente restaurado, salió de la calle Francos y se dispuso a subir la Cuesta del Rosario, deteniéndose casi al final de ésta, a la altura de la plaza de la Pescadería. Y tras esta parada, el misterio de la Sagrada Mortaja siguió adelante para pasar junto a la Parroquia de San Isidoro, cuya hermandad había hecho su entrada poco antes, y bajar la calle Jesús de las Tres Caídas hasta la Alfalfa, buscando el regreso al templo del antiguo Convento de la Paz.
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