La Hermandad de los Humeros montó los pasados domingo y lunes, festividad de Todos los Santos y conmemoración de los Fieles Difuntos, respectivamente, un altar especial presidido por el Santo Cristo de la Paz en el presbiterio alto de la capilla. Es tradicional que el montaje de este altar vincule, como las famosas pinturas de Valdés Leal en la Caridad, lo espiritual y lo terrenal para manifestar la idea de que las riquezas materiales, las posiciones sociales, el poder, la fuerza o la vanidad no van a hacernos alcanzar ningún lugar de privilegio tras la muerte; sino el camino de la fe, la oración, la bondad y la preocupación por el prójimo.
Así, se representaban ambos conceptos con los diversos objetos que flanqueaban al crucificado, el cual se elevaba sobre la gran peana de madera dorada de la Virgen del Rosario, en la que veíamos un cáliz, una calavera y una expresiva decoración a base de cardos secos y hiedra. Junto a la peana había dos faroles de mano.
Detrás del Cristo de la Paz se podían ver seis candeleros de madera dorada con cera blanca y un pabellón de terciopelo negro cubriendo parcialmente el retablo mayor, cuyo cortinaje se extendía a un lado y a otro estando sujeto por pies ocultos de los que sobresalían unas plumas también de color negro.





























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