jueves, 23 de febrero de 2023

EL PRIMER VÍA CRUCIS DE LA CUARESMA, CON EL CRISTO DE LAS CINCO LLAGAS


La Hermandad de la Trinidad celebró ayer el vía crucis con la imagen del Santísimo Cristo de las Cinco Llagas, primero de los cultos de este tipo de cada Cuaresma, en la misma noche del Miércoles de Ceniza. El crucificado de Luis Álvarez Duarte salió poco antes de las ocho de la tarde de la Basílica de María Auxiliadora, tras un cortejo encabezado por la cruz de guía de la cofradía del Sábado Santo.
Llevado en andas entre los guadabrisones estrenados en el Vía Crucis de las Cofradías de 2016 (ver), el Cristo de las Cinco Llagas recorrió algunas de las calles de las feligresías del centro histórico más cercanas a su templo, cruzando la ronda hacia la Puerta del Sol para buscar la antigua Parroquia de Santa Lucía, desacralizada en 1868, y buscando después por Enladrillada y Santa Paula el convento del mismo nombre, así como el de las Siervas de Jesús. 
Posteriormente, alcanzó la plaza de Santa Isabel y el convento de las hermanas filipenses, así como la capilla de la Hermandad de los Servitas, en la que entró antes de seguir hacia San Marcos y San Román, donde también entró, y regresar por la calle Sol y Madre Isabel de la Trinidad a su templo, en el que entró pasadas las once de la noche.
Una variedad de flores de tonalidades roja y morada adornaban la base de la cruz de este crucificado, que también varias hermanas tuvieron ocasión de portar, aunque durante un tramo realmente breve del itinerario, entre el final de la calle Sol y la última parada antes de cruzar la Ronda de vuelta a su templo. "Creía que la íbamos a cruzar por lo menos", se lamentaba una de ellas al dejar su puesto en las andas.
La Escolanía Salesiana María Auxiliadora se encargó de acompañar al Cristo de las Cinco Llagas durante todo el recorrido, interpretando la última composición en su honor ante la puerta de la basílica cuando el crucificado se adentraba ya en la oscuridad del templo, poniendo así fin al culto externo que cada año da el pistoletazo de salida a una nueva y esperada Cuaresma.




































EL PALIO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE, EN EL CARTEL DE LAS AGUAS 2023


La Hermandad de las Aguas ha presentado el cartel anunciador de su estación de penitencia del próximo Lunes Santo, para cuya edición convocó un concurso fotográfico del que resultó ganador Juan Carlos Hervás Martínez con una instantánea del paso de palio de la Virgen de Guadalupe.
En la imagen, que fue tomada en la noche del Lunes Santo de 2015, el paso de palio acaba de abandonar la Catedral por la Puerta de los Palos y emprende el regreso a su casa, la Capilla del Rosario, girando en la plaza de la Virgen de los Reyes hacia la del Triunfo.
La rotulación del cartel se encuentra en la parte superior, donde en letras blancas pone "Las Aguas 2023", mientras que en el faldón aparecen el escudo y el nombre completo de la hermandad sobre fondo morado, así como el emblema del Distrito Casco Antiguo del Ayuntamiento de Sevilla.

BESAPIÉ EN LA IGLESIA DE SAN MIGUEL DE JEREZ AL SANTO CRUCIFIJO DE LA SALUD


Como cada Miércoles de Ceniza, el Santo Crucifijo de la Salud de Jerez estuvo ayer expuesto en besapié en la Parroquia de San Miguel, dando así su hermandad inicio a la Cuaresma. En esta ocasión, el crucificado que tallara José de Arce se presentó a los devotos tumbado ante el retablo en el que recibe culto todo el año, presidido en esta ocasión por María Santísima de la Encarnación.
El Santo Crucifijo, que tenía los brazos de la cruz apoyados en una estructura cubierta por una tela de color negro, llevaba corona de espinas y sus potencias de salida. Además, en la base de la cruz se podían ver varias especies florales de tonalidades roja, morada y verde, que también estaban en cuatro jarras del paso de palio de la corporación, colocadas dos de ellas a una altura superior a las otras.
Estas cuatro jarras se situaban entre los seis blandones dorados con cera color tiniebla que flanqueaban al Santo Crucifijo de la Salud, tres a cada lado. Y detrás, ante el retablo, se ubicaban un total de doce candeleros del palio con cera blanca, seis a un lado y seis a otro, dejando espacio entre ellas para la contemplación de la dolorosa, que estaba sobre su peana procesional y tenía una media luna a sus pies.