martes, 28 de enero de 2025

EL SEÑOR DE LAS PENAS DE SAN ROQUE, EN BESAPIÉ ANTES DE SU VÍA CRUCIS


Encima de las andas en las que por la noche recorrería las naves de la Parroquia de San Roque durante el rezo del vía crucis, Nuestro Padre Jesús de las Penas estuvo el domingo expuesto en besapié en el presbiterio alto del templo.
El Señor estaba vestido con una túnica lisa de terciopelo morado, tenía corona de espinas y potencias doradas. Llevaba las manos atadas delante del pecho y sus pies se encontraban rodeados por los lirios morados que adornaban las andas del vía crucis, que además contaban con cuatro faroles en las esquinas.
Detrás del Señor de las Penas se alzaba el dosel de cultos de la hermandad, ante el que se ubicó la cruz de guía de la corporación con algunos claveles rojos en su base. Otros dos centros de las mismas flores estaban en los laterales con cuatro candeleros con cera blanca. Y como base de todo ello, un antiguo respiradero lateral del paso de palio de la Virgen de Gracia y Esperanza. Al fondo, cubriendo el retablo mayor, un enorme cortinaje de damasco rojo.
Junto al Nazareno que tallara Antonio Illanes había dos candeleros con cirios blancos y dos pies de base cuadrada de damasco y terciopelo rojo en los que se alzaban dos jarras del palio con lirios. Finalmente, en los laterales del presbiterio se dispusieron el estandarte y el guión sacramental, y dos parejas de blandones de madera dorada con altos cirios de color blanco.


































LA VIRGEN DEL REFUGIO, EN BESAMANOS CON SAYA TORERA Y SU MANTO DE SALIDA


Durante la tarde del pasado sábado y toda la jornada del domingo, tras la función en su honor, tuvo lugar en la Parroquia de San Bernardo el besamanos a la Virgen del Refugio, que en esta ocasión estaba vestida con la saya realizada a partir de los bordados de un traje de luces del torero Pepete, y con el manto procesional.
La primera dolorosa que Sebastián Santos hizo para las cofradías sevillanas se encontraba en el presbiterio alto de la parroquia, sobre una alfombra con el escudo de la hermandad y una ancha peana de plata de baja altura. Lucía la corona de salida, una cotilla bordada en oro y sedas, un fajín rojo y un tocado de encaje blanco. En el pecherín contaba con una cruz, la Medalla de la Ciudad y algunos broches. En cuanto a las manos, llevaba un rosario en cada una, además de una medalla en la derecha, que es la que ofrecía a los devotos.
En los laterales se podían ver dos jarras de su paso de palio con grandes flores de variadas tonalidades, flores que veíamos igualmente en un gran centro sobre la tarima ubicada ante el presbiterio y en el filo de los escalones. Y detrás, un gran cortinaje de terciopelo rojo cubría casi totalmente el retablo mayor, pero en este caso estaba abierto en el centro, a la altura del camarín de la dolorosa, donde se colocó el sinelabe de la cofradía entre faroles.
Y ante el camarín contemplábamos una mesa cubierta con uno de los faldones laterales del paso de palio, sobre la que se dispuso un manifestador con un relicario entre pequeños candeleros, dos sacras, un par de jarritas, dos faroles y doce candeleros con altos cirios blancos. Asimismo, había dos columnas de madera dorada con fuste salomónico y dos pequeños ángeles en la parte superior que abrían el cortinaje para dejar el camarín a la vista.
Por último, hay que indicar la presencia en los lados de dos mesas de madera dorada con pequeños doseles entre jarritas con las mismas flores ya mencionadas. Ante el dosel de la izquierda se puso una Biblia, y ante el de la derecha el libro de reglas.