miércoles, 9 de septiembre de 2020

LOS GITANOS CELEBRA UN DÍA DE LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN DIFERENTE


La Hermandad de los Gitanos ha celebrado este martes, festividad de la Natividad de la Virgen María, su tradicional función solemne en honor a María Santísima de las Angustias. Sin embargo, a su término no tuvo lugar la habitual procesión en andas por las inmediaciones del Santuario debido a las prohibiciones relacionadas con la pandemia del coronavirus.
En su lugar, durante toda la jornada pudo ser contemplada la dolorosa en el presbiterio del templo, expuesta como en sus besamanos del mes de febrero. Así, la Virgen que tallara José Manuel Rodríguez-Fernández Andes estuvo en el presbiterio alto, elevada sobre una peana de madera dorada procedente de los respiraderos de un antiguo paso neogótico del siglo XIX, flanqueada por dos de los ángeles que van en los costeros del paso de Nuestro Padre Jesús de la Salud.
La Virgen de las Angustias vestía el manto de terciopelo azul bordado en oro por el taller de Fernández y Enríquez en 2003 y la saya de terciopelo rojo bordada también en oro por Esperanza Elena Caro en 1972. Lucía la corona de oro de Manuel Seco Velasco, que fue la que se le impuso en su Coronación Canónica en 1988, un puñal de oro y diferentes broches y medallas, entre ellas la de la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y una cruz pectoral. En la mano izquierda sujetaba dos rosarios, mientras que en la derecha tenía una medalla de la Virgen de los Desamparados y un pañuelo de encaje estrenado, como los puños, en su besamanos de este mismo año (ver).
Flanqueando a la dolorosa veíamos dos candelabros dorados con tres velas blancas cada uno y dos jarras de su paso de palio sobre sendos pies de base cuadrada forrados en terciopelo rojo. Estas jarras, así como otras ubicadas detrás, sobre estípites dorados y policromados, contenían diversas especies florales, como nardos, rosas, delphinium y eucalipto, flores que también veíamos a los pies de la Virgen, sobre la peana.
Detrás, a la izquierda había una cruz alzada entre blandones dorados con cera roja, mientras que junto al Señor de la Salud había dos jarras con rosas rojas y otros seis blandones, tres a cada lado. Por último, a izquierda y derecha del presbiterio estaban el guión sacramental y el estandarte corporativo.




























LA VIRGEN DE GUADALUPE PRESIDE DESDE EL ALTAR MAYOR LA FUNCIÓN PRINCIPAL


Nuestra Señora de Guadalupe, del Convento de San Buenaventura, presidió este martes la solemne función principal de instituto en su honor desde el presbiterio alto de su templo, al pie del retablo mayor, y no desde su paso, al no haber permitido la situación sanitaria este año la salida procesional.
El altar, utilizado igualmente para el triduo durante los días anteriores, permitía ver a la Virgen de Guadalupe sobre una peana de madera dorada y ante un cortinaje de damasco azul con borlones en los extremos. Junto a la imagen había un total de diez candeleros con cirios blancos, cinco a cada lado, y dos faroles cedidos por la Hermandad de la Soledad. El exorno floral, bastante generoso, se componía de diversas especies de color blanco, fundamentalmente lisiantum, margaritas y nardos.
Previamente a la función, que estuvo a cargo del guardián del Convento de San Buenaventura y director espiritual de la hermandad, Alfonso García Araya, tuvo lugar el rezo del rosario, mientras que al finalizar se cantó la Salve, concluyendo así por este año los cultos de septiembre. 
No faltó en ellos la presencia de miembros de la Casa de Extremadura en Sevilla, dado que la Virgen de Guadalupe de San Buenaventura es réplica de la Patrona de dicha región, y la presencia también de la Hermandad de Jesús Despojado, además de los cofrades de la Soledad y de la Virgen de la Alegría. La Casa de Extremadura y la Capilla del Mayor Dolor de la Plaza de Molviedro tendrán que esperar al menos un año más para volver a ver a la Virgen de Guadalupe pasando ante sus puertas.


lunes, 7 de septiembre de 2020

EL SANTÍSIMO CRISTO DE LA SED CUMPLE CINCUENTA AÑOS DESDE SU BENDICIÓN


El 6 de septiembre de 1970 el cardenal José María Bueno Monreal bendijo la imagen del Santísimo Cristo de la Sed, cuando su autor, Luis Álvarez Duarte, tenía sólo 21 años. Ayer, domingo, se cumplieron cincuenta años de aquel momento histórico para la Hermandad de la Sed, motivo por el cual el crucificado se mostró a los devotos presidiendo un altar efímero ante el retablo de la corporación en la Parroquia de la Concepción, en el lado de la Epístola.
Con la Virgen de Consolación en el altar mayor por la celebración de su triduo y San Juan Evangelista junto al retablo de la Virgen de los Reyes, el Cristo de la Sed se situó en solitario durante toda la jornada de ayer, y lo estará también hoy y mañana, más cerca de los fieles, ante un dosel de terciopelo rojo con crestería de madera dorada y con el escudo de la hermandad en la gotera. Y detrás, un alto cortinaje de damasco rojo oculta casi en su totalidad el retablo de la cofradía.
En la base de la cruz hay varias rosas rojas, flores que también se encuentran en cuatro jarras del paso de palio de la Virgen de Consolación. Dos de ellas, las más cercanas al Cristo de la Sed, están sobre sendas columnas doradas de fuste acanalado, mientras que las otras dos se elevan sobre columnas también doradas pero de menor altura y con fuste salomónico. Finalmente, vemos cuatro altos blandones dorados, dos a cada lado, con cera blanca.
De esta forma, la Hermandad de la Sed enlaza la celebración de su L aniversario, que dio lugar a una salida extraordinaria hace un año (ver), a un besamanos y besapié conjunto en noviembre (ver) y a una exposición esta primavera (ver), con el de su crucificado titular. La Virgen de Consolación, por su parte, había sido bendecida en 1969, el mismo año de la fundación de la cofradía de penitencia del barrio de Nervión.






























domingo, 6 de septiembre de 2020

LOS CUATRO ÁNGELES QUE COMPLETAN LA AMPLIACIÓN DEL PASO DEL RESUCITADO


La Hermandad de la Resurrección expone hasta el próximo día 14 en la Iglesia de Santa Marina los ángeles que irán en las esquinas del paso del Señor Resucitado, con los que se completará la ampliación iniciada en 2013 y que ha consistido en el cambio de los candelabros, la realización de nuevas maniguetas y esquinas para los respiraderos y la subida en altura del sepulcro, del Señor y del ángel que lo acompaña.
A todo ello se añaden cuatro ángeles y sus correspondientes ménsulas y esquinas del canasto, que sustituirán a las cartelas hasta ahora existentes. Cuatro paneles acompañan la pequeña exposición de estas nuevas obras en la nave de la Epístola de Santa Marina. El primero de ellos se refiere a los cinco artistas que han participado en el proyecto y que son Manuel Martín Nieto en la talla de los ángeles, Manuel Peña Suárez en su estofado, Francisco Pardo Jiménez en su dorado, Francisco Verdugo Rodrigo en la talla de las esquinas y ménsulas, y Antonio Urbano Albalá en el dorado de éstas.
Un segundo panel explica la idea de la realización de los ángeles: 

"La hermandad existe para ser anuncio y testimonio de la Pascua de Jesús. Por ello, los signos plásticos vinculados a la estación de penitencia deben comunicar al espectador que la salvación nos llega por la muerte y por la resurrección de Nuestro Señor, ligando visual e inseparablemente ambos aspectos del Misterio Pascual, y con mención de su memorial, la Eucaristía. Esto se va a expresar con cuatro ángeles (los mensajeros divinos) que muestran atributos del Misterio Pascual; es decir, tanto de la pasión como de la resurrección de Jesucristo, y cuatro figuras animales, en la tradición de representación cristiana primitiva, que narran el Misterio Pascual a manera de jeroglífico. Todos los atributos aluden directamente al propio Salvador, como conviene al paso procesional en el que se disponen".



Analizamos los cuatro ángeles por separado siguiendo la explicación que ofrece la propia exposición. El primero sujeta una cruz, la corona de espinas y los clavos. Son los símbolos de la muerte redentora de Jesucristo y objetos que estuvieron en contacto con el cuerpo de Jesús durante su pasión y fueron enriquecidos con su sangre. Destaca entre ellos la Santa Cruz, titular de la hermandad, a la vez patíbulo y trono del Señor.
A su lado hay un pelícano, ave de la que en la antigüedad se pensaba que resucitaba a sus polluelos muertos regándolos con su sangre o que las alimentaba con su propia carne. Por eso es una alegoría de Cristo, que se ofrece en sacrificio para nutrir a su pueblo de vida eterna. Y es también símbolo del sacramento pascual de la Eucaristía.


El segundo ángel sujeta el cirio pascual. Es la representación litúrgica de Jesús Resucitado, Luz del Mundo, durante el tiempo de Pascua. Tiene pintado el crismón, que es una imagen paleocristina de Cristo, quien mediante la luz triunfa sobre la nada y el tiempo, y es principio y fin de lo contingente.
En la otra mano tiene una cesta con pan y pescado, que aluden al encuentro del Resucitado con los discípulos en la orilla del lago de Tiberíades, durante el cual comparte con ellos estos alimentos. El pan es figura de Jesucristo entregado en el sacramento eucarístico. El pez se refiere a Jesús por alusión a la ballena de Jonás (profecía de la Resurrección) y al acróstico griego de "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador", que significa "pez". Y la cesta representa al fiel que recibe a Cristo, y a la Iglesia que atesora y distribuye los dones divinos.


En la segunda pareja de ángeles encontramos en primer lugar al que sostiene el paño de la Verónica, que constituye, según piadosa tradición, otro atributo de la pasión del Señor; habría estado en contacto con el rostro divino del Salvador sufriente en su camino hacia el supremo sacrificio y es un signo de compasión y servicio ante el que sufre.
Este ángel cuenta también con una serpiente. Jesús mismo pone en relación su muerte en la cruz con la serpiente de bronce que Moisés, por mandato de Dios, expone elevada sobre un madero, de modo que todos aquellos envenenados por la plaga de serpientes curaran y vivieran con sólo mirarla. Y así como Israel miraba con fe a la serpiente de bronce y sanaba, así también todo pecador puede mirar a Cristo levantado en la Cruz del Calvario y encontrar la salvación en su misterio de muerte y resurrección.


Finalmente, nos detenemos en el ángel que tiene la Síndone de Turín o Sábana Santa, reconocida por la Iglesia como una imagen notable y venerada por muchos como el lienzo que cubrió el cuerpo de Jesús en el sepulcro. Si la Sagrada Mortaja, por contener su cuerpo muerto, se entendió como atributo de la pasión, ahora, en cambio, al exhibírsenos vacía y con la imagen del Salvador, se nos presenta como signo de su resurrección.
Este cuarto ángel tiene junto a él un cáliz, dado que beber de él (que puede contener tanto la sangre de Jesús como el agua de la vida apocalíptica) simboliza el renacimiento espiritual asociado al bautismo y a la Pascua, y el futuro de inmortalidad feliz de aquél que participa de la muerte y resurrección de Jesucristo. En el cáliz hallamos un último símbolo referente a la Eucaristía, fuente de vida eterna.
Igualmente vemos un pavo real, que renueva su riquísimo plumaje cada primavera y cuya carne, según San Agustín, es incorruptible. Representa la resurrección, la adquisición de un renovado cuerpo glorioso que ya no conocerá la corrupción, y el alma inmortal del cristiano fiel, significados que se refuerzan mediante la acción de beber del cáliz.


La muestra se completa con la presencia de una de las nuevas esquinas del canasto talladas por Francisco Verdugo, autor igualmente de los candelabros, de las maniguetas y de las esquinas de los respiraderos.

ACTO DE PIEDAD CON LA DIVINA PASTORA DE SANTA MARINA EN LUGAR DE LA SALIDA


La junta de gobierno de la Hermandad de la Divina Pastora de Santa Marina ha decidido que los diversos actos de culto externo que tenía previsto celebrar este mes tengan carácter interno. Esto significa que la corona seráfica que se iba a rezar por las calles hoy, domingo, así como la procesión eucarística del sábado 12 se realizarán en el interior de la capilla.
Lógicamente, tampoco tendrá lugar la salida procesional del domingo 20, que será sustituida por un acto de piedad que consistirá en el rezo de la corona seráfica y el canto de la Salve Solemne y del Himno de la Divina Pastora. 
En el comunicado donde se ha anunciado la toma de esta decisión, la junta de gobierno quiere hacer constar "su gran pesar, esperando la comprensión de los hermanos y devotos de la Divina Pastora". Además, añade que "el cabildo de oficiales invita a la sociedad en general a la responsabilidad y el compromiso para preservar la salud y a colaborar con las autoridades contra la propagación de la pandemia".
En este sentido, el comunicado concluye aclarando que "todos los actos y cultos, ordinarios y extraordinarios, que se irán convocando a través de los medios de comunicación y redes sociales para solemnizar el mes de septiembre, tradicionalmente consagrado al culto de nuestra titular, se organizarán respetando escrupulosamente las medidas sanitarias en cuanto a higiene, aforo y distancia interpersonal".