La Hermandad de la Hiniesta dedicó el pasado fin de semana todo el protagonismo al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, que protagonizó varios cultos en su honor. Así, la tarde del sábado tuvo lugar la salida en vía crucis del crucificado por las calles de las feligresías de San Julián y de San Marcos.
Como es habitual cada año, el recorrido, que comenzó a las seis de la tarde, incluyó estaciones en distintos conventos y templos de la zona. Así, el Cristo de la Buena Muerte pasó por los conventos de Santa Paula, las Siervas de Jesús y Santa Isabel, así como por la Capilla de los Servitas y la Parroquia de San Marcos.
La cruz de guía y el estandarte corporativo fueron las insignias utilizadas en el cortejo, integrado por numerosos hermanos portando cirios, que así participaron en el primer vía crucis que va a presidir el Cristo de la Buena Muerte este año. El segundo será el de las cofradías en la Catedral el próximo 23 de febrero, primer lunes de la Cuaresma.
Por otro lado, el domingo el Cristo que tallara Antonio Castillo Lastrucci estuvo expuesto en besapié en el presbiterio de San Julián, donde fue ubicado en posición vertical, con algunos escalones forrados en color rojo ante sí y variadas flores dispuestas en forma de pequeño monte a sus pies.
El Cristo de la Buena Muerte llevaba sus potencias de salida, tenía a su lado dos jarras con las mismas flores del pequeño monte y las que llevaba en la base de la cruz durante el vía crucis, y algo más atrás había dos ciriales.
Al fondo se alzaba el altar del quinario sin que se hubiera situado en el dosel nada que sustituyera al crucificado, y con un gran número de candeleros con cera color tiniebla y más jarras de flores. Y en el lado derecho del presbiterio se encontraba el estandarte corporativo.





























































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