Hay hermandades que no celebran vía crucis cuaresmales por las calles con sus titulares (sí, todavía quedan). Y quizá alguna debería planteárselo. O quizá no, y por eso lo extraordinario lo es tanto. La Hermandad de Montserrat es una de las que no lo celebran, pero el pasado sábado, con motivo de su CDXXV aniversario fundacional, el Santísimo Cristo de la Conversión salió a las calles de manera extraordinaria para presidir un vía crucis en el que participaron diversas hermandades, principalmente las de la feligresía y las del Viernes Santo, dando lectura a las diferentes estaciones.
Como en el Vía Crucis de las Cofradías de 2019 (ver), el crucificado de Juan de Mesa fue llevado en posición vertical sobre las andas, realzando así la majestuosidad de una obra magnífica de la Semana Santa sevillana, de la que muchos dicen que se parece al Gran Poder. Más bien habría que decir que el Gran Poder se parece al Cristo de la Conversión, ya que éste es anterior.
Además, y también como en 2019, el Cristo salió a las calles con las potencias de plata del siglo XVIII y con los casquetes de la cruz igualmente de plata, realizados en 1851 por Francisco de Paula Isaura. En cuanto a las andas, contaron con unos grandes candelabros de orfebrería de la Hermandad de la Purísima Concepción de La Algaba, el moldurón del paso del Santísimo de la Hermandad de San Bernardo, el llamador del paso de la Inmaculada de la Sacramental de la Magdalena, cofradía que, como la del Amparo, cedió otros enseres para el cortejo, y los faldones de la Hermandad de los Javieres.
Y a todo eso hay sumar el exorno floral, muy llamativo, ya que alrededor del Cristo de la Conversión pudimos ver un despliegue de especies y tonalidades que la propia hermandad se encargó de informar: rosas, proteas, cymbidium, rosas spray, claveles, croscomia, escabiosa, retama, helleborus, ammi majus y verdes variados, en tonalidades polvo y naranja.
La cruz de guía de la hermandad encabezaba un cortejo muy nutrido de hermanos donde también veíamos el estandarte corporativo, el acompañamiento de la Escolanía Salesiana María Auxiliadora, que también hizo lo propio en aquel Vía Crucis de las Cofradías, y una cruz alzada con seis ciriales ante las andas. En cuanto a los capataces, se turnaron los responsables de los dos pasos de la cofradía, Fernando Fernández Goncer y los Villanueva.
Sobre las seis y media de la tarde comenzó el vía crucis, que al salir buscó la zona del Museo para luego tomar Alfonso XII, donde paró para el rezo de sendas estaciones ante las sedes de las hermandades del Santo Entierro y el Silencio. Numerosos cofrades y devotos acompañaron al Cristo de la Conversión durante el recorrido y muchos pensaron en lo bonito que sería este mismo itinerario de ida a la carrera oficial en la tarde del Viernes Santo...
Y efectivamente, desde Alfonso XII y la plaza del Duque, el Cristo de la Conversión alcanzó la plaza de la Campana, donde estuvo detenido algunos minutos precisamente a la altura del lugar donde se instala el palquillo. Después giró a su derecha, tomando entonces el que sí es el itinerario de ida de cada Viernes Santo, pero aquí en sentido contrario.
El Cristo continuó por O'Donnell y Velázquez, donde Fernández Goncer dejó las andas a las órdenes de los Villanueva. Y como el Viernes Santo, pero al revés, afrontó la revirá en la confluencia con Rioja, donde luego se detuvo ante el Convento del Santo Ángel, como igualmente haría después en la puerta de la Parroquia de Santa María Magdalena en presencia de las cuatro hermandades que tienen en ella su sede.
Pasadas las diez de la noche, en el interior de la Capilla de Montserrat, se rezó la última estación del vía crucis, cuya lectura corrió a cargo de la Hermandad de los Panaderos, que está celebrando también en este 2026 su CDXXV aniversario fundacional, cerrándose así una jornada histórica para la Hermandad de Montserrat.











































































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