lunes, 2 de marzo de 2026

EL CRISTO DE LA REDENCIÓN ESTRENA POTENCIAS PLATEADAS EN SUS CULTOS


La Hermandad de las Mercedes de la Puerta Real celebró este fin de semana los cultos en honor al Santo Cristo de la Redención, coincidiendo casi en el tiempo con la noticia de la aprobación, por parte del Ayuntamiento de Sevilla, de la dedicatoria de una plaza a su autor, el escultor Antonio J. Dubé de Luque.
El sábado tuvo lugar el vía crucis con la imagen del crucificado llevado sobre los hombros de sus hermanos por el mismo itinerario estrenado el año pasado (ver). Un vía crucis que, además, supone el traslado a la Parroquia de San Vicente, donde se celebraría después la función solemne en su honor.
A las seis y media de la tarde se abrieron las puertas de la capilla para la salida de un cortejo formado por la cruz de guía de la hermandad, el estandarte corporativo, un trío de músicos de la Banda Municipal de La Puebla del Río y el cuerpo de acólitos. 
La primera estación del vía crucis se rezó con el Cristo de la Redención todavía dentro de la capilla. Luego se puso en camino saliendo a la calle Alfonso XII, que rápidamente abandonó para girar a Gravina, en cuyo inicio se rezó la segunda de las estaciones.

















El Cristo de la Redención, que estrenaba un juego de potencias bañadas en plata donadas por un grupo de hermanos, continuó adelante con la base de la cruz adornada con diversas especies florales y con dos hermanos con faroles escoltándolo en los laterales. En Gravina se rezaron las dos estaciones siguientes, la tercera a la altura del número 18 y la cuarta ante el 23.












Tomó luego el cortejo la calle Pedro del Toro, deteniéndose ante la puerta del hotel situado en este punto para la quinta estación. Y más adelante, ya en la calle Bailén, llegó la sexta en el número 39.










Desde Bailén, el Cristo de la Redención buscó pronto la calle Miguel de Carvajal, donde había una mujer mayor en silla de ruedas. Ante ella se tuvo el detalle de parar unos instantes para que pudiera contemplar al crucificado antes de seguir adelante y detenerse en el número cinco para el rezo de la séptima estación.
Luego, el Cristo alcanzó la plaza del Museo y avanzó hasta detenerse casi en la puerta de la pinacoteca, donde se dio lectura, siempre con la ayuda de un megáfono, a la octava estación del vía crucis.









La Hermandad del Museo salió a la puerta de su capilla para recibir al Cristo de la Redención, que instantes después llegó a entrar por completo para detenerse ante el altar, delante del Cristo de la Expiración y la Virgen de las Aguas. Aquí se rezó la novena estación y posteriormente, para salir de la capilla, puso su hombro bajo la cruz el hermano mayor del Museo, Ángel Casal.









Tomó entonces la cofradía la calle San Vicente, ante cuyo número seis se rezó la décima estación del vía crucis. Después, avanzó el Cristo hasta adentrarse en la parroquia. Nada más hacerlo, por la puerta ojival que da a la calle que recibe el nombre del templo, se dio lectura a la undécima estación.









El Santo Cristo de la Redención recorrió luego el interior de la parroquia para las tres últimas estaciones. En primer lugar, se detuvo ante la capilla de la Hermandad de las Siete Palabras, siguió luego hasta la de las Penas, llegando a entrar en ella por completo, y finalmente fue conducido hasta el altar mayor, donde quedó definitivamente detenido con los brazos de la cruz apoyados en sendas mesitas de madera dorada.










Desde ahí presidió luego el Cristo de la Redención la función solemne en su honor, regresando posteriormente a su capilla en la Puerta Real, donde ayer, domingo, se celebró el besapié durante la mañana y la tarde.

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