La Soledad de San Lorenzo permanece este fin de semana expuesta en besamanos en su capilla del templo parroquial; un culto que ha comenzado este viernes y concluirá en la mañana del domingo con la celebración de la misa y posterior traslado al altar mayor.
Sobre una peana de madera dorada y policromada con azucenas talladas, como el conjunto de su paso procesional, la Soledad se presenta vestida con un manto de terciopelo negro bordado en oro y con la saya llamada de los soleanos, estrenada hace tres años. Se trata de una prenda realizada con las aportaciones de numerosos hermanos y que supuso recuperar una desaparecida de las Hermanas Antúnez, cuyo diseño rehízo Manuel Barragán Rasero y bordó Rosario Bernardino.
En la cabeza tiene la diadema procesional, de Jesús Domínguez, en el pecherín lleva únicamente un puñal y a la altura del vientre cuenta con un broche con el escudo de la hermandad. La mano que ofrece a los devotos para sus besos es la derecha, mientras que con la izquierda sujeta un pañuelo.
Flanquean a la Soledad dos candelabros de plata con velas blancas, y algo más atrás, sobre columnas de madera dorada, hay unos centros florales con claveles, azucenas y paniculata, todo ello de color blanco. Estas mismas flores están en un gran centro a los pies de la Virgen, en dos jarras del paso situadas en el banco del retablo, en otro centro ante el camarín y en los frisos de mármol que decoran la capilla en sus laterales.
Detrás de la dolorosa se pueden ver también dos candelabros de guardabrisas y dos de los ángeles mancebos de las esquinas del paso, numerosos candeleros con cera blanca y una pequeña talla del Niño Jesús en un templete de madera dorada presidiendo el retablo de la Soledad.































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