El Santísimo Cristo de la Buena Muerte, de la Hermandad de la Hiniesta, presidió de forma brillante este lunes, primero de la Cuaresma, el Vía Crucis de las Cofradías. Un culto para el que, como ya pudimos comprobar (ver), el crucificado fue llevado en posición vertical y sin Santa María Magdalena sobre unas andas que, para el día del vía crucis, fueron adornadas con un monte de lirios morados muy vistoso.
Y un inciso para los críticos, siempre tan pesados: ¿Acaso hay alguna manera más adecuada de llevar a un crucificado que en posición vertical? ¿Tumbarlo no tiene el mismo sentido que tumbar a un nazareno o a un cautivo?
El traslado a la Catedral se inició a las cuatro y cuarto de la tarde, momento en que la cruz de guía salió de San Julián para abrirle paso al cortejo, del que formaron parte numerosos hermanos con cirios y algunas de las insignias de la corporación. Los Ariza fueron los encargados de comandar unas andas que en todo momento fueron seguidas por un número de personas bastante elevado, aunque afortunadamente sin llegar a la masa insoportable de gente que algunos, los que siguen insistiendo en celebrar este vía crucis en fin de semana, parecen echar de menos.
Tanto el traslado de ida como el de vuelta se llevaron a cabo de manera ágil, con relevos rápidos en paradas normalmente breves. Y es que había que cumplir con los horarios marcados, que no es algo que caracterice habitualmente al Vía Crucis de las Cofradías. En este caso hay que decir que sí que se cumplieron con bastante fidelidad a lo previsto.
En el camino de ida, el Cristo de la Buena Muerte discurrió por calles por las que habitualmente no pasa ni el Domingo de Ramos ni en su anual vía crucis de finales de enero o principios de febrero. Fueron calles como Macasta, Sorda o Duque de Montemar, por la que buscó San Luis para pasar y parar ante la Iglesia de Santa Marina, de la que la Hermandad de la Hiniesta volverá a salir este año por el adelanto de las obras de restauración de la Parroquia de San Julián.
Y desde la calle San Luis, el Cristo de la Buena Muerte pasó por otras calles nada acostumbradas a verlo por ellas como Inocentes, San Blas, Infantes y Almirante Espinosa, buscando por ellas la capilla de la Hermandad de Monte-Sión, donde también se detuvo.
La Iglesia de San Martín, la Parroquia y la Capilla de San Andrés, y la Iglesia del Salvador fueron los demás templos ante los que pasó el Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta en su camino a la Catedral. Una vez dentro, comenzó el rezo del vía crucis con las catorce estaciones representadas por otras tantas cruces de guía de hermandades de la ciudad. En esta ocasión fueron las de la Corona, Divino Perdón, Jesús Despojado, Amor, Santa Genoveva, Vera-Cruz, Cerro, Buen Fin, Negritos, Silencio, Gitanos, Carretería, Soledad de San Buenaventura y Resurrección.
El arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, se encargó de pronunciar la alocución final del vía crucis antes de que el Cristo de la Buena Muerte, sobre las nueve y media de la noche, emprendiera el camino de regreso a San Julián tras pasar por la Capilla Real y detenerse ante la Virgen de los Reyes.
Por la Puerta de Campanillas, la misma por la que había entrado, el Cristo salió a la plaza de la Virgen de los Reyes y, acompañado como a la ida por la Coral Virgen de la Hiniesta y la Capilla Musical De Jesús, buscó, ahora sí, calles más habituales de las distintas salidas procesionales de la hermandad.
Así, discurrió por Cardenal Carlos Amigo, Alemanes, Argote de Molina, Placentines y Francos hasta la Cuesta del Rosario, siempre rodeado por numerosos cofrades e involuntariamente por los actuales dueños del centro de la ciudad, los turistas.
Por Jesús de las Tres Caídas alcanzó el crucificado de Castillo Lastrucci la plaza de la Alfalfa, tomando luego Odreros, Boteros y Sales y Ferré para salir a la plaza del Cristo de Burgos, donde uno de los hermanos comentaba que hasta el momento la hermandad estaba cuadrando el horario previsto, pero le pedía a los capataces que aceleraran en previsión de que se pudiera acumular un cierto retraso en las callejuelas cercanas a San Julián.
Seguidamente, la cofradía continuó el itinerario por Doña María Coronel, Bustos Tavera y San Marcos, en cuya parroquia, abierta de par en par, recibió al Cristo de la Buena Muerte la Hermandad de los Servitas, que está celebrando en la parroquia esta semana su quinario (ver).
Sólo quedaban desde Vergara las callejuelas en este regreso a casa. Así, por Hiniesta, Lira y Duque Cornejo, el protagonista del Vía Crucis de las Cofradías de 2026 alcanzó nuevamente la Parroquia de San Julián, entrando en ella a eso de las doce y veinte de la noche.









































































































































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