Las hermandades del Rosario de San Julián y la Hiniesta vivieron ayer algo que no estaba previsto que ocurriera tan pronto, y mucho menos, en el caso de la Hiniesta, cuando la Semana Santa está tan cerca en el calendario. En plena Cuaresma, este jueves tuvieron que abandonar la Parroquia de San Julián las imágenes titulares por el cierre de la parroquia debido al estado de la techumbre y los muros. Las últimas lluvias han empeorado su situación y se ha visto necesario, por prevención, adelantar el cierre.
A las nueve de la noche se inició el traslado con ambas hermandades saliendo juntas, aunque con destinos diferentes. En primer lugar, salió la Hermandad del Rosario con su cruz de guía, el estandarte corporativo y la Virgen llevada en las andas de su anual rosario de cada mes de mayo.
Inmediatamente detrás salió la Hermandad de la Hiniesta con cruz alzada entre ciriales. Primero iba el Cristo de la Buena Muerte, que volvía a las calles sólo tres días después de presidir el Vía Crucis de las Cofradías (ver). Detrás, la Hiniesta Dolorosa vestida de hebrea y finalmente, tras el estandarte corporativo, la Hiniesta Gloriosa. Curiosamente, la imagen de Santa María Magdalena no participó en este traslado, como tampoco el conjunto de la Piedad de Castillo Lastrucci que también es titular de la corporación.
Ambas hermandades compartieron itinerario por Duque Cornejo, Moravia, Pasaje Mallol y Santa Paula hasta la plaza de Santa Isabel. Aquí se separaron sus destinos durante los meses, previsiblemente entre ocho y nueve, en los que San Julián esté cerrado. "No tardes en volver", le decía en la puerta de la parroquia un joven a la Virgen de la Hiniesta Gloriosa en el momento de su salida.
Con el breve cortejo ya en la calle Siete Dolores de Nuestra Señora, la Virgen del Rosario fue vuelta mirando hacia la calle Santa Paula. Allí se iba a despedir de las imágenes titulares de la Hiniesta, que iban camino del Convento de Santa Isabel. El Cristo de la Buena Muerte y las vírgenes de la Hiniesta se detuvieron ante la del Rosario antes de buscar el convento. Los hermanos de la cofradía letífica rezaron ante cada uno de ellos.
Se adentraron luego los titulares de la cofradía del Domingo de Ramos por la plaza de Santa Isabel, rodeando la fuente para acceder al cenobio de las religiosas filipenses, entrando en él dándose la vuelta para que se recogieran mirando hacia los cofrades que allí estaban. Allí, en Santa Isabel, comenzará este domingo el septenario doloroso a la Virgen de la Hiniesta, y cuando finalice se producirá el traslado a la Iglesia de Santa Marina, desde la que realizará la hermandad su estación de penitencia este año, como ocurrió a comienzos de los años noventa.
Por su parte, la Virgen del Rosario siguió adelante por Siete Dolores de Nuestra Señora hacia la plaza de San Marcos. Su destino estaba en dicha parroquia, en la que su hermandad tuvo su sede hasta 1936. De hecho, se da la circunstancia de que, pese a ser conocida actualmente como Rosario de San Julián, la Virgen es la Patrona de la feligresía de San Marcos.
En la puerta fue recibida por la Hermandad de los Servitas, que se encuentra celebrando estos días el quinario a la Virgen de los Dolores (ver). Y muy probablemente la salida procesional del mes de octubre la tendrá que realizar desde la capilla de la cofradía del Sábado Santo, dado que las dimensiones de la puerta de San Marcos impiden la salida de su paso. De momento, la Virgen del Rosario recibirá culto en la que fue su casa (aunque no de la imagen actual) durante los próximos meses.
Los cierres por obras de un templo se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo acaban. De momento, el Rosario de San Julián y la Hiniesta se separan a la espera de regresar a la Puerta de Córdoba cuando los daños que presenta su casa sean felizmente subsanados.









































































































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