miércoles, 18 de noviembre de 2009

JOSÉ CAPA MUÑOZ



Mi complejo de Peter Pan (diagnosticado con acierto por Domin Villarejo, compañera de Onda Cero en Alcázar de San Juan) me lleva en numerosísimas ocasiones a echar la vista atrás, fundamentalmente a mis felices años de estudiante universitario. Hoy lo he vuelto a hacer cuando las circunstancias han refrescado en mi mente la imagen de José Capa Muñoz.
A la edad de 85 años, Pepe, como todos le llamaban, ha fallecido en Sevilla. Pepe era el hermano número uno, por antigüedad, de la Hermandad de la Sagrada Cena. Pero además, Pepe, junto a su mujer, Encarna, era el dueño del piso donde viví durante más de dos años. Vamos, mi casero.
De repente me he visto trasladado a la calle San Joaquín. Yo vivía en el segundo piso; Pepe y Encarna en el primero. Era frecuente que, para cualquier cosa, o sencillamente para saludar cuando intuían que andábamos por ahí, nos llamaran desde el patio interior. De esa forma, hablábamos de las cosas del piso, del ruido de los vecinos o de cómo llevábamos los estudios.
El alquiler, 60.000 pesetas por un piso de tres habitaciones a dos patadas del centro histórico (una ganga, hoy en día), lo pagábamos en mano bajando hasta su casa. Normalmente, la visita no consistía únicamente en el intercambio del dinero y el recibo, sino que nos invitaban a pasar mientras Pepe, lenta y cuidadosamente, anotaba la cantidad entregada y el mes correspondiente. Incluso, en una de esas visitas, insistieron en regalarme una camiseta del restaurante Casa Pablo, de Puerto de la Cruz (Tenerife), donde habían estado hacía poco tiempo.
Lo primero que llamaba la atención nada más acceder a la vivienda era el enorme cuadro con la imagen de la Virgen del Subterráneo, la dolorosa titular de la hermandad a la que Pepe pertenecía desde los cinco años. Tanto él como Encarna eran cofrades hasta la médula. Y no eran pocas las fotografías y libros sobre Semana Santa que así lo demostraban, algunos de los cuales me prestó en varias ocasiones. Incluso el mueble de la televisión albergaba una de las últimas colecciones de videos sobre cofradías editados en VHS: "Bajo el cielo de Sevilla", ofrecida a sus lectores por el ABC, diario que tenía su sitio en la pequeña mesa camilla colocada junto a la cristalera del salón.
Por supuesto, era habitual encontrar al matrimonio, impecablemente vestido, en la Iglesia de los Terceros cada mañana de Domingo de Ramos, horas antes de la salida de la cofradía, o en los diversos actos celebrados durante el año, principalmente en los besamanos de la Virgen del Subterráneo o en los besapiés del Señor de la Cena y el Cristo de la Humildad y Paciencia. Pepe se movía por el templo, controlando que todo estuviera en su sitio y el culto se desarrollara con la solemnidad requerida; y Encarna permanecía sentada en un banco con la mirada fija en los titulares, hablando con otras hermanas o vendiendo estampitas y lotería de Navidad a los devotos.
El Martes Santo de 2002 bajaba yo las escaleras del edificio de la calle San Joaquín para acudir a ver la salida de la Hermandad de San Esteban. Al llegar al primero me encontré en el rellano con Encarna. Me preguntó que dónde iba con esas prisas y le expliqué que si me retrasaba más iba a ser difícil hacerme con un sitio para ver la dificultosa maniobra con que los costaleros ponen cada año en la calle al Cristo de la Salud y Buen Viaje, y a la Virgen de los Desamparados. Seguí bajando pero me detuve cuando recordé que dos días antes había asistido por primera vez a la salida de La Cena en la calle Sol. Se lo conté y me preguntó con interés: "¿Te gustó?". Le respondí: "Mucho". Su cara fue de auténtico orgullo cofrade y supe que le gustaría compartir ese sentimiento con su marido, por lo que añadí: "Dígaselo a Pepe". "Yo se lo diré", contestó.
Encarna, que compartía nombre con la Virgen que su hermandad pasea por las calles cada mes de octubre, se fue antes; y ahora la acompaña Pepe. Han dejado la tierra bajo la que, según la tradición, apareció la antigua dolorosa de su cofradía, para subir quizá a lo más alto, más arriba incluso de la azotea de aquel sencillo edificio de la calle San Joaquín.

jueves, 12 de noviembre de 2009

EL MUSEO DE LA MACARENA















El segundo museo de Sevilla en número de visitantes, el de la Hermandad de la Macarena, reabrió hace dos semanas sus puertas, tras unas intensas obras de ampliación y reforma que lo han convertido en un espacio cultural de primer orden gracias a unas instalaciones modernas y accesibles que ponen en valor el importante patrimonio artístico que atesora la cofradía después de más de 400 años de historia.
Distribuido en tres plantas, el nuevo museo comienza por contarle al visitante, a través de diversos paneles, algunos de los hitos más destacados de la hermandad, como su fundación en San Basilio en 1595, su traslado a San Gil a mediados del XVII, la creación de la Centuria Macarena o la construcción de la actual Basílica Menor. También puede verse todo el conjunto de insignias que durante la Madrugá pasan prácticamente desapercibidas entre tanto nazareno. Una de las túnicas del Señor de la Sentencia, la conocida como de los "ochos", y un traje de "armao" anteceden al espacio que el museo dedica a la Virgen del Rosario, titular letífica de la antigua Hermandad del Rosario de San Gil, fusionada con la de la Esperanza cuando ambas coincidieron en dicho templo. Así, se puede ver completamente montado el paso que sale a las calles cada mes de octubre, el manto de salida, la ráfaga, la corona, la saya y la vestimenta del Niño Jesús.
Posteriormente, en la Sala II aparecen distintos elementos, como las antiguas bambalinas del paso de palio de la Macarena, uno de los mantos de camarín, el estandarte de la hermandad, una relación de hermanos mayores y otra de los miembros de la Casa Real que han formado parte de la cofradía. También se puede ver el famoso cuadro de José García Ramos titulado "Nazareno, dame un caramelo", una muestra del costumbrismo como motivo artístico.
El recorrido diseñado por los responsables del museo nos traslada ahora hasta la segunda planta. Nada más salir del ascensor nos topamos con un enorme plano de la ciudad de Sevilla donde está marcado el itinerario que recorre cada año la cofradía. En él se integran varios monitores donde se proyectan imágenes de los dos pasos por algunos de esos lugares que el visitante puede buscar en el plano, junto al que se ha situado la cruz de guía de plata inmediatamente delante de una antigua fotografía en la que un grupo de macarenos sonríen a la cámara portando esa misma insignia en una mañana de Viernes Santo.
Otros monitores en esta sala dan a conocer los aspectos de la Hermandad de la Macarena más desconocidos para los neófitos, como su larga lista de cultos internos que celebra durante el año o su labor asistencial y social. Además, con el título de "Macarena en el mundo", se puede ver cómo no se exagera un ápice cuando se habla de la devoción universal a la Virgen de la Esperanza. Y es que una pantalla va continuamente mostrando cómo la Macarena está presente en prácticamente todo el mundo a través de retablos callejeros en ciudades como Roma o Viena, pero sobre todo con imágenes de la Virgen que han tomado también como advocación la del popular barrio sevillano de las antiguas huertas a extramuros. Así, es curioso observar la presencia de la Macarena en Pennsylvania, Miami, Paraguay o Filipinas, sin olvidar ciudades españolas como Madrid, Barcelona o Villarrobledo.
En esta sala hay también diferentes cuadros de los carteles pictóricos que la hermandad edita cada año con motivo de la Semana Santa, junto al cartel de la Coronación Canónica que tuvo lugar en 1964. Frente a éste se exponen el manto celeste y la diadema utilizados en los cultos que tuvieron lugar en la Catedral y diversos regalos que, con este motivo, hicieron otras cofradías sevillanas.
Una de las piezas más llamativas expuestas es el cajón de madera en el que se ocultó a la Macarena en 1936 para sacarla de San Gil y ocultarla en el domicilio particular de un miembro de la hermandad en la calle Orfila, ante el temor de que el templo pudiera ser víctima de uno de los diversos incendios con que los republicanos defendían "la paz, la democracia y la libertad". No se equivocaron los hermanos. El 18 de julio San Gil era pasto de las llamas sin que la Virgen de la Esperanza, el Señor de la Sentencia y la Virgen del Rosario sufrieran daño alguno. Adosada a la urna de metacrilato que alberga el cajón y una reproducción del coche en el que se trasladó a la dolorosa se ha colocado una fotografía de la misma en el interior de su humilde altar provisional.
Por último, esta sala del museo muestra a los visitantes las túnicas de los nazarenos de ambos pasos, diversos carteles de cultos, el boceto de la escultura de Pilatos que figura en el paso de misterio y otra de las túnicas de salida de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia.
El recorrido finaliza en la planta primera, donde lo más destacado es la presencia de los dos pasos completamente montados (a excepción de las imágenes titulares que, obviamente, se encuentran en la Basílica), lo que permite detenerse en la contemplación de los infinitos detalles de talla, orfebrería y bordado en los que casi no da tiempo a reparar en las típicas bullas de la Madrugá.
Rodean a los pasos todos los elementos que les acompañan en la calle, como las bocinas, los ciriales, las navetas y los incensarios. Además, es posible observar con detalle los tres mantos de salida de la Macarena, varias sayas, el simpecado, los mantos de camarín y la corona, que se expone de forma que pueda ser vista desde todos los ángulos posibles.
La guasa sevillana ya ha bautizado al nuevo Museo de la Macarena como MOMA (Museum of Macarena Art). Así pues, lo único que me queda es recomendar a todo aquél que sepa apreciar el arte multidisciplinar que no deje de visitar en cuanto tenga ocasión el MOMA sevillano. Merece la pena.

martes, 10 de noviembre de 2009

LA ENFERMEDAD Y EL REMEDIO







El pasado 14 de septiembre os contaba el vergonzoso aspecto que presentaba el Puente de Isabel II por culpa de las muchas parejas de idiotas que se dedican a colocar en su barandilla enormes candados como símbolo de su amor, siguiendo así la brillante idea de un tal Federico Moccia en su novela "Tengo ganas de ti" (El puente de Moccia).
Pues bien, a esa enfermedad del puente, causada por otra incurable (la estupidez humana), ha respondido el Ayuntamiento de Sevilla con un remedio que, ahora sí, está dañando lo que es un Monumento Histórico Nacional. Como podéis ver en las fotos que incluyo en esta entrada, muchos de los candados han sido retirados. El problema es que el instrumento utilizado para tal fin, probablemente una radial o algo parecido, está perjudicando a la reja, que, como el resto del puente, data de mediados del siglo XIX.
Se pueden apreciar numerosos cortes en los artísticos hierros que conforman la barandilla; unos daños absolutamente irreparables que una ciudad que, como dijera el periodista Francisco Robles, "va de monumental por la vida", no se debería permitir.
Hay que exigir a quien corresponda un remedio urgente, sin que éste sea, como está siendo, peor que la enfermedad. Y mientras, los idiotas siguen a lo suyo. Ayer mismo, una sonriente pareja se hacía una foto junto a su candado recién enganchado al monumento. Algo me detuvo y evitó que les recomendara otro lugar más recóndito donde podían habérselo colocado...

lunes, 9 de noviembre de 2009

LAS ÚLTIMAS GLORIAS



Ayer, segundo domingo de noviembre (aunque la temperatura pareciera más propia de otro mes), la Sevilla cofrade cerró un año más el ciclo de las Glorias con dos de las hermandades de más clásico sabor en la ciudad, gracias a los siglos que llevan a sus espaldas, pero también gracias a la presencia estética y musical que mantienen en sus salidas procesionales. La Virgen del Amparo partió de la Magdalena a las seis de la tarde para recorrer un itinerario de lo más elegante, con calles como San Pablo, Gravina, Pedro del Toro o la plaza del Museo. Una hora más tarde, y en plena calle Feria, la Virgen de Todos los Santos, patrona del barrio, salía de Omnium Sanctorum a los sones, para añadir aún más clasicismo a la escena, de la banda de Tejera. Acompañadas por una enorme cantidad de personas, las últimas Glorias (a excepción de la despedida rociera del año que llegará del Salvador) cumplieron el rito y cerraron una ventana que, más pronto que tarde, volverá a abrirse...