miércoles, 16 de enero de 2019

JEREZ: LAS VIÑAS Y EL LORETO ACUERDAN CAMBIAR SUS PUESTOS EL VIERNES SANTO


Si el pasado año 2018 las hermandades jerezanas del Cristo y la Soledad acordaron intercambiar sus puestos de paso por carrera oficial en el Viernes Santo, ahora son otras dos corporaciones del mismo día, las Viñas y el Loreto, las que han aprobado hacer exactamente lo mismo de cara a mejorar la fluidez de sus cortejos en la Semana Santa de 2019.
De esta forma, y en un acuerdo en principio experimental con validez únicamente de un año, la Hermandad de las Viñas dejará de abrir la jornada del Viernes Santo en la carrera oficial para pasar al segundo puesto, mientras que la cofradía de San Pedro será la encargada de ocupar el primer lugar.
Con esta decisión adoptada por ambas corporaciones penitenciales, la Hermandad de Loreto no tendrá que depender en su regreso al templo del ritmo que lleve la de las Viñas. Hay que tener en cuenta que el camino de vuelta de estas hermandades no es el mismo, ya que se separan tras pasar la Plaza del Arroyo, aunque ambas vuelven a coincidir en la calle Tornería, donde se separan de nuevo, continuando la de las Viñas a Rafael Rivero y Puerta de Sevilla, mientras que el Loreto toma la Plaza del Banco y Larga, donde debe esperar a que la primera se haya marchado por la Rotonda de los Casinos hacia Honda para poder acceder a Bizcocheros, calle en la que se encuentra la Parroquia de San Pedro.
Con este acuerdo de intercambio de puestos, y con la previsible continuación este año del que aprobaron el año pasado el Cristo y la Soledad al no haber ninguna modificación del trazado de la carrera oficial, la única de las cinco hermandades del Viernes Santo jerezano que continuará en su puesto tradicional será la de la Piedad, que seguirá cerrando la jornada.

martes, 15 de enero de 2019

EL CRISTO DE LA BUENA MUERTE REGRESA A LA CAPILLA DE LA UNIVERSIDAD


El Santísimo Cristo de la Buena Muerte, de la Hermandad de los Estudiantes, ha regresado a la Capilla de la Universidad tras su restauración a cargo de Pedro Manzano, en cuyo taller ha estado el impresionante crucificado de Juan de Mesa durante cuatro meses, desde el pasado septiembre.
La propia hermandad explica en su web los pormenores de la restauración. Así, indica que la información obtenida mediante la tomografía axial computerizada y la radiografía digital ha permitido identificar aquellas zonas que presentaban deficiencias de unión entre los planos de ensamblaje de las maderas. Estas imperfecciones, que se manifestaban al exterior como fisuras o bien como separación de piezas, se han localizado principalmente entre los pliegues del paño de pureza. Para su consolidación, durante los trabajos de restauración se han insertado unas finas láminas de madera que se han fijado con acetato de polivinilo.
El análisis de la talla también ha permitido observar que la tensión que soportaba el brazo izquierdo del Cristo era superior a la de las demás extremidades debido a un problema en el apoyo de la mano sobre el patíbulo. Esto había generado algunas fisuras en la policromía. Para conseguir un apoyo firme de los dorsos de las manos sobre la cruz se han insertado dos piezas de madera en las zonas de contacto. Posteriormente, se han tallado en forma de nudos e integrado cromáticamente con la cruz. De ese modo, los puntos de contacto de la imagen con la cruz se han mejorado sustancialmente, consiguiendo equilibrar el conjunto.
También se ha practicado a la talla una limpieza de carácter menor, que se ha restringido a la suciedad depositada en superficie desde la última restauración, que tuvo lugar en 1995. Se ha utilizado un disolvente suave aplicado en hisopos de algodón, que permite retirar las sustancias que se han ido depositando sobre la superficie de la policromía con el paso de los años, manteniendo las reintegraciones cromáticas realizadas por los técnicos del Instituto de Conservación y Restauración de Obras de Arte (Icroa).
La fase final de la intervención ha consistido en la consolidación de los estratos polícromos que se encontraban desunidos del soporte, la reposición del estrato de preparación en aquellas zonas en las que se había desprendido y la reintegración cromática de las perdidas.
Entre las medidas de conservación preventiva planteadas para una mejor conservación de la imagen en el tiempo, destaca el control y seguimiento que con carácter anual se va a realizar del estado de conservación de la misma, mediante visitas concertadas en los momentos más críticos por los que atraviesa la imagen en su actividad cultual.
El resultado de esta labor de restauración a cargo de Pedro Manzano supone mantener en perfecto estado una de las tallas más destacadas de la Semana Santa sevillana. Lástima que otras hermandades no parezcan mostrar la misma preocupación por el estado de sus imágenes titulares, como es el caso de la Hermandad del Amor, que curiosamente también tiene un crucificado de Juan de Mesa. La comparación entre el estado de conservación del Cristo de la Buena Muerte y el del Cristo del Amor es sorprendente.


















domingo, 13 de enero de 2019

LA VIRGEN DE LA SALUD DE SAN ISIDORO, EXPUESTA EN DEVOTO BESAMANOS


Finalizadas las fiestas navideñas, que en esta hermandad se celebran de forma muy intensa, la imagen de Nuestra Señora de la Salud, con el Dulce Nombre de Jesús en sus brazos, ha estado expuesta en besamanos este fin de semana en su capilla de la Parroquia de San Isidoro.
Vestida con el manto de las estrellas, bordado en oro sobre terciopelo rojo en el siglo XVIII, la Virgen de la Salud se encontraba ante un dosel de cultos con crestería de madera policromada y con fondo y gotera de terciopelo rojo con galones dorados. Lucía también sus diferentes atributos procesionales, como la corona, la ráfaga, el cetro y la media luna. Además, presentaba una toca de sobremanto de encaje, mientras que el Niño vestía un traje de color blanco y su pequeña corona dorada.
La Virgen sujetaba un rosario con su mano derecha, la que daba a besar a los devotos, y el Niño hacía lo propio con la izquierda. Ambos tenían prendidas asimismo diversas medallas en su vestimenta, llevando también la Virgen unos pendientes, un collar y un anillo.
Una sencilla peana de madera dorada elevaba la altura de la Virgen de la Salud, que estaba flanqueada por dos columnas de madera dorada y de base cuadrada sobre las que había sendos candelabros dorados con cuatro velas blancas cada uno. Detrás de cada columna había un alto blandón de madera dorada, mientras que otros dos estaban colocados más hacia los extremos, fuera de la tarima alfombrada que realzaba el altar del besamanos. Y también fuera de la tarima había dos candeleros dorados igualmente con cera blanca.
En cuanto al exorno floral, se componía de cuatro jarras plateadas con rosas, lisiantum y estátice, entre otras especies de diversas tonalidades. Dos de las jarras estaban junto a la Virgen, sobre pequeños pies de base cuadrada forrados en terciopelo rojo; y las otras dos, más estilizadas, se dispusieron en los extremos de todo el montaje, sobre columnas doradas de fuste estriado y base cuadrada.