viernes, 24 de abril de 2015

SÁBADO SANTO 2015: LLAMATIVOS ESTRENOS Y UNA TRADICIÓN CUMPLIDA

Si apacible es el Viernes Santo, más todavía el Sábado, día que amanece con un ambiente completamente diferente. Son sólo cinco las hermandades que hacen estación de penitencia en una jornada que tiene un inevitable olor a despedida. El cansancio se acumula y prácticamente han desaparecido las prisas. Da tiempo a verlo todo, con calma, despacio.
De hecho, se puede pasear con tranquilidad hasta el Plantinar, de donde sale la última hermandad de barrio que, por su forma de presentarse en la calle, no parece tal. La Hermandad del Sol, la última incorporación a la nómina de la Semana Santa, al menos de momento y quizá por muchísimo tiempo, habida cuenta de la imperiosa necesidad demostrada de reordenar lo que ya hay antes de seguir añadiendo cofradías a la carrera oficial, tiene su hora de salida fijada a la una de la tarde, igual que la Paz del ya lejanísimo Domingo de Ramos. Estamos en el séptimo día de la Semana Santa, con permiso de las vísperas, y parece cerrarse de alguna manera un círculo.
Por Ramón y Cajal asoman esos altos nazarenos de ruán verde, originalidad cromática aportada a la Semana Santa por una cofradía llena de particularidades que no a todos convencen. Pero el que resiste gana. El paso del Calvario y el palio de los Negritos tampoco convencieron en su momento y ahí están, afortunadamente. ¿Qué sentido tendría tener 60 hermandades iguales?
El paso del Varón de Dolores de la Divina Misericordia ha salido este año con dos importantes novedades: un nuevo relicario en la delantera y otro en la cruceta de la cruz que abraza el Señor. Desde 2010, este paso no ha salido nunca igual dos años seguidos. Siempre ha tenido nuevos elementos que estrenar, como es lógico en una cofradía tan reciente.
En la delantera, un guardia civil que no se pierde una cofradía, comentaba con un conocido a cuántas hermandades ha acompañado este año y lo tarde de algunas de las entradas, como la del Dulce Nombre, con la que estuvo hasta el final.
El exorno floral del primer paso del Sol ha estado compuesto por lirios morados, además de algunas calas blancas en la delantera y hojas de hiedra en el monte. En cuanto al acompañamiento musical, hasta la Puerta de Jerez llevó detrás a su propia banda, la infantil y juvenil llamada precisamente Varón de Dolores. Después, antes de empezar a recorrer la Avenida de la Constitución, y tras tocar la marcha "Bendición", los componentes de la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Sol despidieron con aplausos a sus "hermanos pequeños", que se fueron a ocupar su lugar delante de la cruz de guía, mientras los "mayores" comenzaban su acompañamiento con "Cristo del Amor".































Detrás, el paso de palio de la Virgen del Sol, que ha lucido por primera vez uno de los estrenos más llamativos de toda la Semana Santa en años por su originalidad e incluso atrevimiento. Se trata del techo de palio, una gran pintura de Raúl Berzosa que ocupa prácticamente toda la superficie, en la que también aparecen elementos de escultura y talla dorada, así como orfebrería.
Había dudas acerca de cómo podría afectar al conjunto un techo de este tipo y si robaría protagonismo a las imágenes de la Virgen, San Juan y la Magdalena. Lo cierto es que no ha quedado mal el resultado visto en la calle y ha recibido críticas en general bastante positivas. Lo dicho antes: si todas las hermandades fueran iguales, ¿para qué necesitaríamos 60? Está bien que haya aportaciones novedosas y ésta podrá gustar más o menos, pero se agradece siempre un soplo de aire fresco.
No ha sido, sin embargo, el único estreno en el palio del Sol, ya que también se han bordado en oro las vistas del manto, labor realizada por Ana Bonilla Cornejo. Asimismo, llamó la atención el exorno floral, con jarras de lirios blancos, calas y azucenas, entre otras especies, colocadas de forma cónica.
La Banda de Música Nuestra Señora del Sol acompañó a su dolorosa por Ramón y Cajal con marchas como "Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono", "Virgen de la O", "Virgen de las Aguas" o "Glorias de Sevilla", composición con la que se estableció un imaginario puente entre la penitencia y la gloria, entre la Semana Santa y el tiempo letífico.




























Por esta zona, se produjo un leve incidente cuando el guardabrisa central de uno de los candelabros delanteros del paso se cayó hacia atrás. No se rompió porque los cirios y candeleros frenaron la caída, por lo que pudo ser inmediatamente arreglado por la priostía de la hermandad.




Nos vamos hasta el centro, donde pronto, quizá demasiado para una cofradía a la que la noche le sienta demasiado bien para lo temprano que entra, se pone en camino la Hermandad de los Servitas desde la Capilla de los Siete Dolores, encabezada por la capilla musical que acompaña a la cruz de guía.
Impresiona el conjunto escultórico de la Virgen de los Dolores, con el rostro desencajado por el dolor, abrazando el cuerpo inerte del Cristo de la Providencia, todo ello con ese estilo inconfundible del imaginero Montes de Oca.
El exorno floral de este primer paso ha sido calcado al del año pasado, con rosas rojas en el friso y las jarras, y una variedad formada por lirios morados, rosas malvas, siemprevivas y otras flores sobre la peana en la que se elevan las imágenes entre dos pequeños ángeles. Estamos, por tanto, ante otra hermandad a la que la innovación puntual parece que le gustó.
Por Doña María Coronel bajaba desde Bustos Tavera el paso con la tranquilidad de las primeras horas de la tarde del Sábado Santo, la primera jornada con nubes, blancas y decorativas, de toda la Semana Santa. En la calle Dueñas, donde hubo un relevo de costaleros ante el palacio de la Casa de Alba, la Banda de Música Nuestra Señora del Águila, de Alcalá de Guadaíra, tocó "Jesús de las Penas", a la que después siguió "Soledad de los Servitas" entrando en la calle Santa Ángela de la Cruz, en cuyo convento esperaban las hermanas para recibir a la cofradía.

































El paso de palio de los Servitas ha presentado este año un importante estreno, como ha sido el bordado del faldón delantero,según diseño del padre artístico de la hermandad, Antonio Joaquín Dubé de Luque, y realizado por Jesús Rosado. Se trata de un proyecto que se irá completando en los próximos años y con el que se culminará un conjunto de bordados muy interesante.
La Virgen de la Soledad, con su paso de palio exornado con rosas blancas, venía acompañada por la Banda Municipal de Coria del Río, que interpretó en la calle Santa Ángela de la Cruz la marcha "Quinta Angustia".































Cuando el palio de la Soledad servita buscaba el Convento de las Hermanas de la Cruz, el paso del Sagrado Decreto de la Hermandad de la Trinidad llegaba a la Plaza Padre Jerónimo de Córdoba, donde la imagen de Dios Padre estaba vestida con una capa blanca, cuando lo habitual en los últimos años ha sido verle de azul.
El blanco ha sido protagonista en este paso, ya que estaba adornado con azucenas y anthurium de dicho color, como también eran blancos los claveles que había en el friso a los pies de las imágenes de la Santísima Trinidad.
La Banda de Cornetas y Tambores de las Cigarreras completaba con el Decreto el gran esfuerzo de toda la Semana Santa iniciado el Viernes de Dolores con la Misión. Con esta banda sonora, el paso iba caminando con esa forma de andar que algunos no entienden para un Sábado Santo, con costeros e izquierdos.
En cualquier caso, avanzó con rapidez por esta zona el paso alegórico donde la Santísima Trinidad pacta el sacrificio del Hijo para la redención del mundo, ante los padres de la Iglesia occidental, San Ambrosio, San Gregorio, San Agustín y San Jerónimo, escena completada con la Iglesia Dormida, la Fe, San Miguel matando al pecado y un angelito escondido junto a San Agustín en el costero izquierdo.


























Poco después, llegaba el paso de misterio del Santísimo Cristo de las Cinco Llagas y la Virgen de la Concepción, que ha estrenado el dorado de los laterales y trasera del canasto, a cargo de los Hermanos González, además de las coronillas de los guardabrisas, de Manuel de los Ríos.
El paso, que el año pasado presentó una redistribución de las imágenes por parte de Fernando Aguado, ha vuelto a salir de la misma forma y con un monte de claveles rojos.
En este caso, era la Banda de Cornetas y Tambores de las Tres Caídas la que iba tras el paso, después también de una larga actividad musical durante toda la semana. La marcha "Esperanza gitana" sonó tras el misterio en Almirante Apodaca, mientras se perdía buscando la Parroquia de San Pedro.



























Finalmente, con rosas blancas en la delantera y claveles del mismo color en las jarras, llegaba el paso de palio de Nuestra Señora de la Esperanza, la última Esperanza de la Semana Santa, una gran obra de Astorga felizmente restaurada en 2012.
La que es Patrona de la Policía Local de Sevilla venía acompañada por la Banda de Música de la Oliva de Salteras, una de las bandas de plantilla completa que más se prodigan en la Semana Santa sevillana. "Virgen de los Ángeles", "Consolación de Nervión" y "La Esperanza blanca" fueron las composiciones escogidas para acompañar en esta parte del itinerario a la Esperanza trinitaria, que lucía en el pecherín un puñal y la réplica de la Medalla de la Ciudad, concedida por el Ayuntamiento con motivo de su Coronación Canónica, de la que el año que viene se cumplirá ya una década.
Hay que destacar el cambio de itinerario de la Hermandad de la Trinidad, que en su itinerario de regreso ha recuperado, después de varias décadas, la Plaza de San Leandro, lo que ha evitado que vuelva a pasar por San Pedro y Almirante Apodaca.

























La calle Alfonso XII era un hervidero de personas esperando la salida de la Hermandad del Santo Entierro. A las siete de la tarde se abrían las puertas de San Gregorio para que los primeros nazarenos de túnica, capa y antifaz negro, con un capirote muy bajito, empezaran a encaminarse a la carrera oficial.
Pronto asomó el paso del Triunfo de la Cruz, es decir, la Canina, con sus cuatro cirios rojos sobre altos candelabros que más parecen blandones como única iluminación. Tras años anteriores, en que la Canina ha llevado flores en el friso de su paso, en esta ocasión no ha tenido más exorno que la hiedra que trepa por el monte artificial donde la muerte se sienta pesarosa, una vez comprendido que la de Jesús no sólo no es una muerte real, sino que es además vida para todos aquellos que hasta entonces se veían atrapados para toda la eternidad por un simple esqueleto con guadaña que ya no tiene nada que hacer.
"Mors mortem superavit". La muerte de Jesús, que no es tal, vence a la que no encuentra ni encontrará jamás su victoria.

















Y detrás de este paso que algunos supersticiosos no quieren que se pare delante, seguramente porque no han captado precisamente el mensaje que transmite con total rotundidad, venían las representaciones de un gran número de hermandades penitenciales, aunque no todas. Siempre fallan algunas, y no solamente las de ruán. En general, las cofradías han hecho caso al Santo Entierro, que pidió este año limitar las representaciones al nazareno que lleva el estandarte y cuatro más acompañando. Sin embargo, se vio alguna representación más amplia, como la de San Gonzalo o la Macarena.



Y después de las representaciones, el segundo de los pasos de la hermandad, el del Cristo Yacente, con la Banda Sinfónica Municipal detrás, encabezada por su entregado director, Francisco Javier Gutiérrez Juan.
Al igual que el paso de la Canina, también el de la Urna se detuvo ante la puerta de la Iglesia de San Antonio Abad, donde recibió a la cofradía la Hermandad del Silencio. El paso iba adornado por completo con claveles rojos y siguió su camino hacia la Campana con la marcha "Palio blanco".
Seguían al Cristo Yacente, la imagen que parece el Cristo de los Estudiantes tumbado, el palio negro de respeto y los romanos con uniformes procedentes de los estudios de Cinecittà, de Roma. Romanos que siguen a quien acaban de matar y se inclinan ante Él.





















Por último, cuando ya desde San Antonio Abad habían salido todas las representaciones civiles que forman parte de la cofradía, con sus chaqués, sus vestidos negros y sus miradas a un lado y otro de la calle, con saludo en forma de movimiento de cabeza aquí y allá, además del arzobispo, Juan José Asenjo, y el alcalde, Juan Ignacio Zoido, comenzó a recorrer las calles de la ciudad el paso del Duelo, con la Virgen de Villaviciosa, cuyo manto ha sido restaurado, San Juan Evangelista, las tres Marías, José de Arimatea y Nicodemo.
La Madre de Dios recibe el pésame de quienes se mantuvieron junto a Ella y junto a su Hijo hasta el final, mientras la Banda de Música del Ejército de Tierra ponía sus sones musicales tras el tercer y último paso de la singular cofradía del Santo Entierro, que, incluso con sus particularidades, se parece más a una cofradía de penitencia en el itinerario de regreso que en el de ida.
El paso del Duelo iba exornado con diversas flores blancas, fundamentalmente rosas y anthurium.















Cuando ya el Santo Entierro estaba terminando de pasar, una mujer se desplomó, parece que por el calor y el tiempo que llevaba esperando de pie. Los policías que había en la puerta de San Antonio Abad se ocuparon de ella, así como la propia Hermandad del Silencio, que se ofreció para que entrara en sus dependencias hasta que encontrara mejor.
Y es que el intenso calor de este año iba a hacer de las suyas hasta el final. También se notó, pese a que ya anochecía, por una repleta calle Doña María Coronel, por la que regresaba la Hermandad de los Servitas. Desde la Plaza de San Pedro, el paso de la Virgen de los Dolores y el Cristo de la Providencia entró en la calle con la marcha "Margot", seguida después, en una larga chicotá, por "La Madrugá", con la que llegó hasta la confluencia con la calle Dueñas, donde desde un balcón El Sacri interpretó una saeta.










Curiosamente, el paso de palio de María Santísima de la Soledad discurrió también por Doña María Coronel con "La Madrugá". Y también tuvo para ella una saeta El Sacri, tras la que el paso de palio de los Servitas continuó con "Cristo del Buen Fin".









Y de Soledad a Soledad. Con algo de retraso, la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo volvía a casa por una Plaza del Salvador que a estas alturas, en las postrimerías de una nueva Semana Santa, nos hacía recordar cómo había bajado por la 'rampla' el paso de la Borriquita seis días antes. El mismo escenario y sentimientos completamente diferentes.
Tras una larga fila de nazarenos de túnica blanca y capirote y escapularios negros, apareció desde Álvarez Quintero el logradísimo paso de la Virgen de la Soledad, la misma que el Viernes de Dolores ofrecía sus manos vestida de hebrea en la capilla sacramental de San Lorenzo. Momento de recuerdos por todo lo vivido.
Venía el paso adornado con rosas blancas para ponerle consuelo a una Madre que se ha quedado sola tras la muerte el Hijo en la cruz que, ya vacía, tiene detrás mientras sostiene como recuerdo de los padecimientos la corona de espinas.
Es difícil no dejarse arrastrar por la Soledad de San Lorenzo en su camino de regreso. Su andar, siempre con paso largo, invita a querer más y a seguirla hasta la entrada.
Ya en el Salvador se vio cómo faltaba el guardabrisa situado más alto en el candelabro trasero del costero izquierdo. Entre dicha plaza y Javier Lasso de la Vega perdió también el del candelabro delantero derecho. En este caso, no se pudieron reponer, como horas antes había pasado en el palio del Sol.
La gente comentaba la ausencia de estos candelabros y cada levantá, que resultan siempre llamativas por el violento movimiento de la cruz.
Por la Plaza de la Gavidia, Jesús Heredia cantó una saeta a pie de calle. Sí, la del "divino broche de oro que cierra la Semana Santa". Hubo algunos aplausos que él mismo se encargó de acallar. Después, en la esquina de la Gavidia con Cardenal Spínola, la misma joven que desde ese mismo lugar le cantó a la Virgen de las Tristezas el Lunes Santo, dedicó una saeta a la Soledad.
Finalmente, en la Plaza de San Lorenzo, El Sacri volvió con lo del "divino broche de oro" y aún hubo tiempo para otras cuatro saetas antes de que definitivamente la Soledad se perdiera, en torno a las doce y media de la noche, por el interior de la parroquia.




























Y la Soledad de San Lorenzo entró. Y las puertas se cerraron. Y como comentaban varios amigos mientras se acercaban a ellas, "a alguien se le ocurrió un año la tontería de tocar las puertas de San Lorenzo como despedida, y mira ahora cuántos hacemos lo mismo". "¿Pero eso para qué es?", pregunta uno de ellos. "Para volver el año que viene".
En Sevilla hacen falta sólo un par de días para crear una tradición inexcusable. Y una de esas nuevas tradiciones es la de tocar tres veces la puerta de San Lorenzo cuando pasa la Soledad como una manera de pedirle a la Virgen (mejor llamarlo oración que superstición) volver a estar en Sevilla en la próxima Semana Santa.
Debe de resultar curioso escuchar desde dentro cómo tocan la puerta desde fuera. Y muy molesto también, dado que algunos no dan los tres toquecitos de rigor, sino tres auténticos golpetazos con las manos. Y es que en San Lorenzo, la noche del Sábado Santo, no sólo dan el cante algunos saeteros...