domingo, 1 de marzo de 2015

EL CRISTO DEL DESAMPARO Y ABANDONO DEL CERRO DEL ÁGUILA, EN BESAPIÉ


El pasado fin de semana, la Hermandad del Cerro vivió el besapié anual al Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono. Tras el carácter extraordinario del año pasado, en que coincidieron el Cristo en besapié y la Virgen de los Dolores en besamanos por el XXV aniversario de la primera estación de penitencia a la Catedral, en esta ocasión volvió a estar expuesto a la veneración únicamente el crucificado de Francisco de Ocampo, mientras la dolorosa, vestida de hebrea, presidía el templo desde su camarín.
El Cristo del Desamparo y Abandono estaba tumbado ante su altar de culto habitual. Éste lo ocupaba el estandarte sacramental entre faroles, mientras que debajo, a ambos lados del sagrario, estaban colocados dos de los antiguos faroles del paso de misterio y dos jarras del paso de palio con claveles rojos. Otras dos se ubicaron a ambos lados del crucificado, sobre pequeñas columnas.
A los pies de la cruz y en el suelo había más flores rojas, principalmente claveles, mientras que cuatro blandones dorados con cera roja marcaban las cuatro esquinas imaginarias del efímero altar del besapié.
Finalmente, hay que apuntar la presencia del estandarte corporativo a la izquierda y la de seis ciriales, tres a cada lado, dispuestos en forma de pasillo de acceso al Cristo para todos aquellos devotos que se acercaran a besar sus pies.
























BESAMANOS A LA VIRGEN DE LA CABEZA


La Hermandad de la Virgen de la Cabeza, filial de la matriz de Andújar, celebró el pasado fin de semana diversos cultos en honor a la imagen titular, comenzando por el besamanos. Para ello, la Virgen fue situada en el presbiterio de la Iglesia de San Juan de la Palma, a los pies de la Amargura, vestida de hebrea, y San Juan Evangelista, que fueron testigos de este culto desde su camarín.
La Virgen de la Cabeza estaba sobre su peana de ángeles, luciendo el manto verde de salida, saya blanca y la ráfaga y la media luna que habitualmente también lleva en las calles cada primer sábado de octubre. Asimismo, contaba con un fajín rojo de cuatro entorchados, un rosario y varias medallas y broches, entre ellos uno bastante grande con su advocación prendido del fajín y una ramita de olivo de plata que colgaba del manto.
La imagen titular de esta hermandad filial se encontraba entre dos jarras de su paso con una variedad floral que también se podía ver en un enorme centro en el suelo, con gladiolos, azucenas y rosas, entre otras. Además, tras cada jarra había dos blandones dorados con cera blanca.
Finalmente, formaban también parte del montaje de este besamanos el estandarte corporativo, el simpecado, la cruz alzada y los ciriales que anteceden al paso en su salida procesional.
















Ese mismo sábado tuvo lugar el XXIX Pregón de la Virgen de la Cabeza, pronunciado en esta ocasión por Antonio Martín-Viveros Tajuelo, mientras que el domingo se celebró la función solemne a cargo del padre José Luis Peinado Marchante.

sábado, 28 de febrero de 2015

BESAPIÉ AL CRISTO DEL AMOR


El Santísimo Cristo del Amor estuvo expuesto en besapié el pasado fin de semana ante el retablo de la hermandad, en la nave del Evangelio de la Iglesia del Salvador, que estaba oculto por un cortinaje rojo con galones y flecos dorados.
A diferencia del año pasado, en que el crucificado de Juan de Mesa estaba tumbado, en esta ocasión se dispuso en posición vertical, formando un Calvario junto a la Virgen del Socorro, vestida de hebrea con diadema en lugar de aro de estrellas, y la talla de San Juan Evangelista que forma parte del misterio de la Entrada en Jerusalén, situados ambos sobre altas peanas de madera dorada.
El Cristo del Amor estaba flanqueado por dos jarras del paso de palio subidas sobre pequeñas columnas forradas de color rojo con el escudo de la hermandad. En estas jarras, así como a los pies del crucificado y de la Virgen y San Juan había claveles rojos como único exorno floral. Detrás del Señor se colocaron seis blandones dorados con cera color tiniebla y otros dos más en los extremos del altar.
Para llegar hasta el Cristo había que recorrer un pasillo formado por más blandones y, entre ellos, se dispusieron dos faroles de entrevarales del palio de la Virgen del Socorro, con los ángeles del paso del Cristo del Amor a cada lado. Además, en el suelo se ubicó el pelícano, símbolo del amor, que forma parte también del paso del crucificado, con cinco candeleros tras él.