jueves, 30 de septiembre de 2021

EL CRISTO DE LAS TRES CAÍDAS, EN EL ALTAR DE HUMILDAD Y PACIENCIA


Las imágenes titulares de la Hermandad de la Esperanza de Triana han vuelto a ser cambiadas de sitio en la Capilla de los Marineros por las obras que se vienen llevando a cabo desde el pasado mes de julio, cuando se cerraron la nave central y la derecha, y la Virgen de la Esperanza fue trasladada a la nave izquierda, junto al Cristo de las Tres Caídas (ver).
Ahora, sin embargo, es la nave izquierda la que ha sido cerrada y se han reabierto las otras dos. Ello ha motivado que sea ahora el Cristo el que tenga que ser trasladado, recibiendo culto ahora y durante las próximas semanas en el retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia, imagen que desde diciembre está siendo objeto de una profunda restauración (ver).
De esta forma, durante un tiempo los devotos podrán disfrutar de la cercanía del Cristo de las Tres Caídas desde el mencionado retablo, donde se encuentra flanqueado por unas pequeñas tallas de San Antonio de Padua y de San Telmo, ante las que, tapándolas, se han colocado seis candeleros dorados con cera roja, tres a cada lado.
En cuanto a la Virgen de la Esperanza, ha vuelto a presidir la capilla, aunque las actuaciones previstas en su retablo no han finalizado, por lo que está sobre su peana procesional en un altar provisional ante un cortinaje de damasco rojo que lo cubre por completo.
Como se recordará, las obras que se están realizando consistieron en primer lugar en la sustitución de las placas de mármol del zócalo del presbiterio y el recubrimiento de las pilastras; mientras que ahora se trabaja en la instalación de nuevos sistemas de seguridad para proteger a las dos imágenes en sus respectivos camarines.



























miércoles, 29 de septiembre de 2021

LAS MERCEDES DE LA PUERTA REAL CAMBIÓ SU PROCESIÓN POR UN ROSARIO


Pese a que el culto externo ya se permite en la Archidiócesis de Sevilla, algunas hermandades de gloria, afortunadamente pocas, están rechazando realizar sus tradicionales salidas procesionales debido a que su situación económica no se lo permite, tanto por los hermanos que han dejado de pagar las cuotas como por la ausencia de subvención del Consejo vinculada a las sillas de la carrera oficial en Semana Santa.
Es el caso, por ejemplo, de la Hermandad de las Mercedes de la Puerta Real, corporación que entre 2015 y 2017 tuvo que afrontar la restauración de su capilla, lo que le supuso un esfuerzo importante. Sin embargo, al menos la Virgen de las Mercedes no se ha quedado sin salir a las calles, dado que la corporación decidió sustituir su salida procesional habitual, que debería haberse celebrado el pasado sábado, por un rosario externo con la imagen llevada en andas de regreso a su capilla desde la Parroquia de San Vicente. En este templo, al que fue trasladada de manera privada, se han celebrado el triduo y la función principal en su honor.
Así las cosas, tras dicha función, que tuvo lugar el domingo a las doce del mediodía, el cortejo se puso en camino para recorrer un breve itinerario, aunque en él no faltaron las estrechas calles cercanas a la capilla. La cruz de guía entre faroles abría el reducido cortejo, donde también figuraban el estandarte corporativo y los acólitos.



Sobre unas pequeñas andas iba la Virgen de las Mercedes, que vestía una manto blanco liso, toca de sobremanto bordada sobre malla, la saya blanca de salida bordada en oro de Antonio Rincón y el escapulario de Mariano Martín Santonja. Además, llevaba la corona de salida, la ráfaga, una media luna, un cetro, un rosario, unos escapularios de mano, unos grilletes, la Medalla de la Ciudad y un alfiler con su advocación, entre otros enseres.
Las pequeñas andas estaban iluminadas por candelabros de madera dorada en las esquinas, y adornadas por diversas flores de color blanco (lisiantum, rosas, antirrhinum y astromelias), algunas directamente sobre las andas y otras en pequeñas jarras. Por otra parte, contaban con unos faldones de damasco rojo.
El rezo del rosario empezó en el interior de San Vicente y terminaría bastante antes de llegar a la capilla. Una vez en la calle Cardenal Cisneros, la Virgen de las Mercedes buscó San Vicente y se detuvo ante el convento de las Siervas de Jesús, que tenían en la puerta una pequeña réplica de la imagen. Con el paso vuelto hacia las religiosas, se rezó uno de los misterios gloriosos del rosario. Además, antes de irse una de las hermanas lanzó varios pétalos sobre la Virgen.















Guiados por el capataz José García Monge, los hermanos que portaban a la Virgen de las Mercedes sobre sus hombros se dirigieron entonces hacia la Capilla del Museo, cuya hermandad la recibió en la puerta con su estandarte corporativo. Pero antes, aún en la calle San Vicente, las andas se volvieron a una ventana, donde una mujer enferma veía pasar a la Virgen. 
Poco después se produjo una escena curiosa, dado que para llegar hasta la Capilla del Museo, la Virgen pasó entre los puestos del mercadillo artístico que cada mañana de domingo se instala en la zona.
Hay que destacar el acompañamiento musical a cargo del coro de campanilleros de la Esperanza de Huelva, que prácticamente no dejó de cantar durante todo el recorrido.















Tras la visita a la Hermandad del Museo, la Virgen de las Mercedes tomó la calle Alfonso XII y luego se desvió del camino más recto para girar hacia la estrecha calle Redes.






















Posteriormente, el recorrido continuó por la calle Alfaqueque y posteriormente por Antonio Salado. Ésta se encontraba engalanada con colgaduras y desde una de las calles se lanzó una lluvia de pétalos al paso de la imagen. También aquí se tuvo un detalle con una vecina con problemas de salud, parando la Virgen expresamente junto a su balcón.









Finalmente, la Virgen de las Mercedes salió nuevamente a Alfonso XII y se dirigió a su capilla, donde entró mirando hacia la calle poco después de las dos de la tarde.







Fue muy breve, pero al menos el culto externo ha vuelto este año también para la Hermandad de las Mercedes de la Puerta Real con este rosario, que habitualmente se reza en el traslado de ida a la parroquia (o a la Capilla del Museo cuando han sido allí los cultos).