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jueves, 10 de septiembre de 2026

SALUD Y BUEN VIAJE: LA DEVOCIÓN QUE CONSTRUYE UNA HISTORIA


Enmarcada en los actos de celebración del primer centenario fundacional de la Hermandad de San Esteban, y tras la exposición que a primeros de año tuvo lugar en el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla (ver), el Ayuntamiento acoge estos días otra muestra, ésta denominada "Salud y Buen Viaje: la devoción que construye una historia". 
Se trata de una exposición muy interesante que se sumerge en los orígenes de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje; una imagen, como se sabe, que era un busto de terracota al que posteriormente se le añadió un cuerpo de madera (aunque uno de sus pies es también de barro) para que fuera un Cristo sedente; primero sentado sobre una peña y actualmente sobre un sitial.
La muestra ha reunido un total de seis bustos muy similares, con un parecido con el Señor de San Esteban altamente sorprendente, lo que hace concluir que nuestro Cristo de la Ventana pudiera ser una de esas muchas representaciones iconográficas de Jesucristo como Ecce Homo, muy difundida y objeto de una gran devoción, presente en numerosos lugares no sólo de Sevilla y España, sino incluso fuera.
Reproducimos a modo de introducción un texto que, bajo el título "La recta escritura de la providencia", nos presenta lo que el visitante va a encontrar en la exposición":

"Las salas de un museo andaluz, un monasterio hispalense de monjas clarisas, una capilla construida a mayor gloria del secretario del emperador Carlos V, tres conventos dominicos a ambos lados del Atlántico, una colección privada en Italia, una iglesia en un pueblo de la provincia de Sevilla, el altar dedicado al Señor de Burgos en una catedral peruana..., y finalmente el templo donde la Hermandad de San Esteban fue fundada en 1926. Un hilo invisible pero poderoso, cuyo origen se remonta a un tiempo más lejano, probablemente en las primeras décadas del siglo XVI, teje la urdimbre que une todos estos lugares. Porque fue en ese momento cuando se crearon una serie de imágenes de Cristo con idéntico material y formato: un sencillo busto policromado de terracota.
A partir de ahí hablamos de obras lamentablemente perdidas unas, y sin referencia en cuanto a su emplazamiento original otras; encomendadas a los cuidados de las clausuras las más, o transformadas para poseer un culto vivo en el presente. Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje, imagen titular de la hermandad, tuvo precisamente que modificarse para llegar a ser lo que es hoy, para recibir las plegarias de tantos fieles que lo veneran. Sin embargo, ello no alteró la esencia primera: su historia está unida a estas imágenes -y quizá a otras semejantes de las que no tenemos constancia en la actualidad- cuya fortuna ha sido tan variada. Acerquémonos a través de esta exposición a un conjunto extraordinario de piezas que se reúnen por primera vez
".

Junto a este panel vemos un mapa que indica la localización de las imágenes similares al Señor de San Esteban de las que tenemos constancia; la mayoría en España, pero también una, quizá la primitiva, en la ciudad italiana de Milán, y otras dos en Perú.


Y frente a este primer panel, vemos una foto del busto del Señor de la Salud y Buen Viaje que nos va a servir para comparar sus rasgos con los de los seis bustos expuestos, así como del italiano, de otro desaparecido y de los dos localizados en Perú, de los que vemos sendas fotografías.


Después de otros paneles explicativos en los que se habla de los bustos escultóricos, de Sevilla como "fábrica" de imágenes para todo el mundo y del uso de la terracota como material escultórico, vamos directamente a reproducir el texto que apunta ya los orígenes inciertos del Señor de la Salud y Buen Viaje:

"La primera referencia documental que parece referirse a la imagen que hoy conocemos como Señor de la Salud y Buen Viaje se remonta al siglo XVIII. Tras la expulsión de España de la Compañía de Jesús, ordenada por Carlos III, se tomaron medidas estrictas sobre su rico patrimonio. Nos interesa del mismo un pequeño fragmento, en principio poco relevante: las propiedades de una congregación titulada de la Anunciata, que ocupaba una capilla en el Colegio de San Hermenegildo, fundada por los jesuitas a mediados del siglo XVI. Al elaborarse en 1771 un inventario de los bienes de dicha capilla aparece, entre diversos cuadros, imágenes y enseres, '(una escultura) de medio cuerpo con su peana dorada de un Ecce Homo (...) de cerca de media vara de alto con su corona de espinas y soga al cuello'.
Si tomamos como base esta fuente, respaldada por otras posteriores, siguen faltándonos, no obstante, datos esenciales: quiénes serían el autor y el comitente, si es que hubo un encargo directo; y, desde luego, dónde y cuándo fue realizada. Hay investigadores que la consideran obra italiana, y para avalar esta hipótesis se invocan una serie de indicios: además de las intensas relaciones culturales y artísticas entre España e Italia durante la Edad Moderna, se recuerda la existencia de otro busto, lamentablemente desaparecido, entre las propiedades de Francisco de los Cobos, secretario del emperador Carlos V y con tantos contactos con ese país. Sin embargo, resulta difícil pensar que piezas de estas características fueran importadas de modo sistemático. Quizás hubo un modelo primero con origen en aquel territorio, pero las obras aquí expuestas parecen hablar de la producción de un taller español, probablemente sevillano, cuya producción atendería a la demanda de piezas devocionales de menor envergadura, y que tendrían su propio mercado, paralelo al de los encargos de más entidad".

En este panel podemos ver dos fotografías muy interesantes. La primera, de un busto italiano atribuido a Andrea Sansovino que algunos apuntan a que podría tratarse del modelo original, o uno de ellos, de este tipo de imágenes. Llama la atención la ausencia de regueros de sangre y señales de golpes, lo que lleva a algunos estudiosos a pensar que podría tratarse iconográficamente de un Resucitado en lugar de una talla pasionista. Sin embargo, la mayor devoción que genera un Cristo doliente llevaría en algún momento a transformar el modelo escultórico en imágenes identificadas con la iconografía del Ecce Homo.


Y la segunda foto que interesa especialmente en este punto es la que se conserva de ese busto mencionado en el texto, hoy desaparecido, que fue propiedad del secretario de Carlos V, Francisco de los Cobos.


Pasamos ya a observar los seis bustos que integran la exposición, comenzando por uno que posee la propia Hermandad de San Esteban en sus dependencias, y que fue adquirido hace unos años en un anticuario.



También se expone uno que pertenece a la Iglesia de Santa María La Blanca de la localidad sevillana de La Campana, y que ha sido recientemente restaurado.



En el Museo de la Ciudad de Antequera, en Málaga, se conserva otro busto de la misma tipología del Señor de la Salud y Buen Viaje.



Pasamos al busto que se encuentra en el Convento de Madre de Dios de la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda.



Otro convento, éste sevillano, el de Santa Inés, conserva otro busto de la misma iconografía, el primero que contemplamos que cuenta con corona de espinas y potencias para reforzar la representación del Ecce Homo.



Y llegamos al sexto y último busto, que hoy en día se encuentra en el Convento de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, adonde llegó procedente del antiguo Convento de las Dueñas de Sevilla. También cuenta con corona de espinas y potencias, éstas de gran tamaño.



Y hay que completar esta sucesión de imágenes similares al Señor de la Salud y Buen Viaje con las fotografías de los dos existentes en Perú, uno de ellos también con un parecido especialmente asombroso con el Cristo de San Esteban. Se encuentran respectivamente en la Basílica Menor y Convento Máximo de Nuestra Señora del Rosario, vulgo Santo Domingo, de Lima; y en la Catedral de Ayacucho.



Y terminamos con la reproducción de un texto y algunas fotos que aparecen en otro panel, dedicado a la transformación del busto primigenio en la actual talla completa del Señor de la Salud y Buen Viaje:

"A lo largo de su historia, la Iglesia de San Esteban ha sufrido numerosos avatares: a las notas originales mudéjares se superpusieron actuaciones barrocas, mientras que en periodos más recientes se alternaron las épocas de pérdidas y abandono con la acción restauradora contemporánea. Es interesante que ello nos ofrezca un paralelismo con la propia imagen del Señor, una pieza que también se ha transformado con el tiempo: entre el siglo XVI y el año de 1772, cuando el busto fue entregado por la autoridad eclesiástica al templo vecino a la Puerta de Carmona, podemos fijar una primera etapa en la que no se produjeron cambios sustanciales en su aspecto.
Para dar referencia de la segunda tenemos la certeza de que en 1859 se llevó a cabo una primera novena del Señor de la Salud -pues ésta fue su advocación inicial-, de lo cual se deduce que la obra tendría ya una condición cercana a la actual. En efecto, los estudios realizados con motivo de la restauración del año 2007 confirmaron que el principal cambio tuvo lugar probablemente a finales del siglo XVIII. Fue en ese momento cuando debió realizarse el añadido de un cuerpo en actitud sedente, utilizando principalmente madera y telas encoladas.
Convertida así en una escultura más cercana a la herencia de imaginería barroca sevillana, se abría la puerta a un tipo de culto público que el busto original difícilmente hubiera recibido. De hecho, las intervenciones del siglo XX fueron dirigidas sobre todo a la conservación de la obra, y sólo trajeron consigo algún retoque en la iconografía, siendo el más significativo la sustitución de la peña sobre la que se apoyaba la figura de Cristo por un sitial".





Como último elemento expuesto nos encontramos con el cartel conmemorativo del centenario de la Hermandad de San Esteban, realizado por los hermanos Ignacio y Luis Rubiño Chacón.


Hasta el próximo martes 15 de septiembre se puede visitar en el Patio Mayor del Ayuntamiento de Sevilla esta curiosísima e irrepetible exposición que nos acerca un poco más a lo que sigue siendo un enigma: el origen de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje, el entrañable Cristo de la Ventana de la centenaria Hermandad de San Esteban.

jueves, 13 de agosto de 2026

PER ME REGES REGNANT


La reciente restauración, por parte del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, del terno blanco de los castillos y leones de la Virgen de los Reyes es el motivo central de la exposición "Per me reges regnant", que puede verse en la sala Murillo de la Fundación Cajasol. A ella se ha llevado una pequeña parte del rico ajuar de la Patrona de Sevilla, relacionando además su devoción con la monarquía española. No en vano, el mencionado terno blanco fue un vestido de la reina Isabel II que ésta donó a la Virgen.
Repasamos todos los enseres que conforman la muestra, aunque haciendo constar que en estos días precisamente el conjunto textil que la protagoniza no va a estar visible, dado que es el que va a vestir la Virgen en su salida procesional del próximo sábado, volviendo después a Cajasol.
Nos adentramos en la exposición y en primer lugar, frente a un mural que repasa los principales hitos de la historia devocional de la Virgen de los Reyes desde la reconquista de la ciudad por San Fernando en 1248, nos encontramos con un telegrama del rey Alfonso XIII del 3 de diciembre de 1904, año de la Coronación Canónica de la Virgen de los Reyes, indultando por este motivo de la pena de muerte a un preso, Miguel Molina Moreno.


Al lado está el breve pontificio "Quam Fervida", de Pío XII, que con fecha 15 de agosto de 1946 declaró a la Virgen de los Reyes como Patrona de Sevilla y de su Archidiócesis.


Seguimos con un lienzo pintado al óleo en el siglo XVIII por un autor anónimo en el que se reproduce el altar de la Virgen de los Reyes en la Catedral.


A continuación nos encontramos con el terno celeste de la Virgen, el que se estrenó con motivo de la Coronación Canónica en 1904, obra del taller de Miguel del Olmo. Se compone de mantos (aunque sólo se expone el del Niño) de tisú de plata sobre tejido de seda celeste, y de seda beige el resto de los elementos, todo ello bordado en plata.




Pasamos a los escudos reales de Alfonso X y Beatriz de Suabia, cuyos restos se encuentran en la Capilla Real. Los escudos, de autor desconocido del siglo XVII, están bordados a realce con hilo de oro, plata y sedas de colores sobre terciopelo carmesí.



Pasamos ya a las piezas centrales de la exposición, las que componen el terno blanco de la Virgen de los Reyes. En primer lugar se puede ver una reproducción del retrato de Isabel II con estas prendas, pintado en 1864 por Benito Soriano Murillo.


Rosa María Gilart fue la autora en 1858 de estas prendas, bordadas sobre raso blanco, utilizando para ello hilos de oro, seda, encajes metálicos o lentejuelas, entre otros elementos. En 1884 la reina Isabel II lo donó a la Virgen de los Reyes. Vemos el manto y la saya de la Virgen, así como el manto y el trajecito del Niño.








Subimos a la planta superior de la sala Murillo para continuar el recorrido de esta exposición. En primer lugar nos encontramos con tres pinturas: por este orden, el óleo sobre lienzo "Vista de la Capilla Real de la Catedral de Sevilla", de Lucas Valdés o Domingo Martínez (1719-1729); "Nuestra Señora de los Reyes", obra anónima fechada entre 1700 y 1725; y el "Proyecto de paso procesional para Nuestra Señora de los Reyes", de Virgilio Mattoni (1893).




En una vitrina se exponen unos portapaces de plata de la Virgen de los Reyes y San Fernando (anónimo, 1815-1833); unas placas del tabernáculo de la Virgen (atribuidas a Jorge de Toledo hacia 1279); una sacra de plata (anónimo americano, anterior a 1731); y unos atriles también de plata del altar de la Virgen (Manuel José Domínguez, 1717).




A su lado está el terno beige con bordados en sedas, obra anónima de la segunda mitad del siglo XIX.


Continuamos con una pequeña escultura de la Virgen de los Reyes de autor anónimo del siglo XVII, perteneciente al Monasterio de Santa María La Real de Bormujos.



De finales del mismo siglo XVII, y también de un autor desconocido, es una pequeña Virgen de los Reyes en un palio de tumbilla, propiedad del Convento de San José del Carmen.



Llegamos a la tumbilla del paso de la Virgen, obra de 1924 que cobijó a la Virgen de los Reyes en su paso durante un siglo, hasta que en la procesión extraordinaria de clausura del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, el 8 de diciembre de 2024, se estrenó la actual. La que aquí vemos fue diseñada por Juan Talavera Heredia y confeccionada con bordados sobre tisú de plata por el taller de Hijos de Miguel del Olmo.









Nos detenemos ahora en el terno rosa, confeccionado en seda por las Hermanas de la Cruz, camareras de la Virgen de los Reyes, en 1929.



Seguimos con el manto verde del Niño, que forma parte de un conjunto donado por la reina Isabel II en 1853 y confeccionado por las Hermanas Gilart. El año pasado fue restaurado por el taller de Sucesores de Caro.


En otra vitrina vemos a continuación el cajón de zapatos de la Virgen de los Reyes, obra anónima del siglo XX, en el que se pueden ver los zapatos de raso de seda beige (Fagundo, 1951); los zapatos dorados de tisú de oro (anónimo madrileño, 1800-1850); unas botitas del Niño con bordados en plata (Victoria Eugenia de Battemberg, 1906); unas medias de seda con bordados de plata sobredorada y lentejuelas (anónimo, segunda mitad del siglo XIX); unos zapatos blancos a juego con el terno restaurado por el IAPH y unos celestes. Y junto al cajón de zapatos, se muestra el fajín de seda roja de general, de autor anónimo del siglo XX.







Al lado hay otra vitrina con una pequeña talla de San Fernando, realizada por un autor desconocido en el siglo XVIII.


Y llegamos al final de la exposición con la presencia de una pareja de vitrinas enmarcadas en madera dorada que albergan numerosas condecoraciones otorgadas o donadas a la Virgen de los Reyes por personas e instituciones entre el siglo XVII y el XX; piezas que se van alternando en la vestimenta de la Virgen en sus diferentes cultos.



La exposición "Per me reges regnant" permanecerá abierta al público hasta el próximo 29 de agosto, de lunes a sábado en horario de diez de la mañana a dos de la tarde, y de seis de la tarde a nueve de la noche.