jueves, 3 de noviembre de 2022

LOS HUMEROS VENERÓ AL SANTO CRISTO DE LA PAZ EN EL PRESBITERIO


Entre los pasados martes y miércoles, por las festividades de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, la Hermandad de los Humeros celebró la veneración al Santo Cristo de la Paz en el presbiterio alto de su capilla, donde la corporación volvió a invitarnos a meditar acerca de la fugacidad de la vida terrena, sus lujos y su vanidad, y la eternidad de la vida a la que Cristo nos invita y a la que nos acercamos a través de la fe, la oración y la espiritualidad.
El Cristo de la Paz, colocado sobre la peana procesional de la Virgen del Rosario, se presentó a los devotos con sus potencias plateadas y pisando un sencillo monte de cardos y hiedra, entre cuyas ramas asomaban un cáliz y la calavera de Adán. En la cintura presentaba su habitual sudario de encaje anudado en la cadera derecha por un cordón dorado.
Flanqueando al crucificado se colocaron dos faroles de mano en el suelo y dos candelabros plateados con cinco velas blancas cada uno sobre sendas columnas con decoración pictórica. Detrás, parte del retablo quedaba cubierto por un cortinaje de damasco rojo ante el que veíamos el dosel de cultos de la hermandad.
En los laterales había seis candeleros con velas de gas y delante varios sacras. Y, como es costumbre cada año, entre el dosel y el Cristo de la Paz se situaron dos mesas de madera dorada que sostenían los enseres que, como en las pinturas de Valdés Leal para el Hospital de la Caridad, conforman dos grupos: el de la izquierda representaba la fe y la oración como herramientas para alcanzar la vida eterna; y el de la derecha, la vanidad de la vida terrena que de nada sirve después de la muerte.


























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