Y de repente era Domingo de Resurrección y la Semana Santa llegaba a su fin. Una Semana Santa prácticamente bordada, perfecta, inesperada y en absoluto planificada así por quien esto escribe. Y una Semana Santa en la que he terminado de descubrir que tengo un escudero de sólo siete años perfectamente capaz y dispuesto a seguir mis pasos. Y eso no tiene precio.
Pero ciñámonos a lo estrictamente cofradiero. Sólo una cofradía faltaba para rematar unas jornadas intensísimas que comenzaron con la ya lejana puntada inicial del Viernes de Dolores. La Hermandad de la Resurrección se ponía en camino en la mañana de este domingo pascual en el que la muerte, como nos contaba la tarde anterior la abatida Canina, ha sido irremediablemente vencida. Jesús ha resucitado como esperamos hacerlo todos juntos a él.
Y como las buenas noticias no deben tardar en darse a conocer porque queman en el interior de quien se resiste a soltar prenda, la cofradía de Santa Marina comenzó a salir con algunos minutos de antelación sobre lo previsto. Los nazarenos, blancos como los que una semana antes ponían en marcha la jornada de las palmas y los ramos de olivo, salían a la plaza del Señor de la Sagrada Resurrección y empezaban a caminar por la calle San Luis.
Pronto los ciriales anunciaban la salida del paso del Señor, en cuyo cortejo hemos visto un nuevo relicario para la piedra del Santo Sepulcro y dos varas de acompañamiento, todo ello obra de Orfebrería Bernet. En cuanto al paso, ha sorprendido este año por su decoración floral, compuesta de iris morado y limonium. Y claro, como siempre hay gente dispuesta a sacarle punta a todo, ha habido críticas acerca del uso de esas flores y ese color en un paso que representa la gloria de la Resurrección. Y uno que es más ignorante, pero seguramente también más disfrutón, considera que ha sido una estampa preciosa y muy destacable precisamente por no ser nada habitual en este paso.
Y otra estampa nueva la constituyó la presencia, sobre el sudario que sale del sepulcro, de una corona de espinas realizada por Manuel Ballesteros Rodríguez con ramas de mimbre y espinas de acacia; un titulus crucis de Carles Salafranca Porcar; y tres clavos de hierro forjado adquiridos en un anticuario y ensamblados por Jesús Barco Ordóñez.
"Por mi abuelo", dijo el capataz Antonio Santiago Cabello con el paso a punto de salir de Santa Marina. El paso se levantó en recuerdo de Manolo Santiago y salió a la plaza, momento en que la Agrupación Musical Virgen de los Reyes interpretó el Himno Nacional, seguido de la marcha "Luz de luz". Luego, tras una breve parada, empezó a caminar por la calle San Luis a los sones de la composición "Al compás de la laguna".
Nuestra Señora de la Aurora siguió más tarde los pasos de su hijo Resucitado, saliendo por primera vez después de su restauración a cargo de Pedro Manzano Beltrán. Lo más destacado de dicha intervención, aparte de la limpieza de la policromía, ha sido la recuperación de las manos originales de la imagen. Además, también se ha restaurado y dorado la corona por parte de Orfebrería Bernet, mientras que en la vestimenta de la dolorosa era nuevo el paño egipcio que le ha servido de tocado, realizado en tul de algodón con hojilla de plata y que ha sido adquirido en un anticuario. Por otro lado, era estreno igualmente un conjunto de cinco broches con forma de estrella donados por un hermano.
El paso de palio, adornado con rosas, orquídeas, gladiolos y claveles de tonos rosas, salió de Santa Marina con el Himno y la marcha "Aurora, Reina de la mañana", a la que siguió luego en San Luis "Madre Hiniesta" debido a que la cofradía del Domingo de Ramos ha tenido que salir este año desde Santa Marina. De hecho, una representación de la Hiniesta ha formado parte del cortejo junto a la habitual de Los Javieres. Asimismo, los escudos de ambas corporaciones estaban pintados en sendos cirios de la candelería por Manuel Jesús Blanco Mesa. La banda de música, por cierto, ha sido un año más la de Las Cigarreras.
La Hermandad de la Resurrección ha cambiado este año su itinerario de ida a la carrera oficial debido precisamente al cambio de sede de Los Javieres. Por este motivo, ha tomado por Relator hasta la Alameda de Hércules, buscando luego la calle Jesús del Gran Poder para pasar por la Iglesia del Sagrado Corazón.
En el último tramo de Relator antes de la Alameda nos topamos nuevamente con el paso del Señor de la Resurrección, al que la Agrupación Virgen de los Reyes le tocó por aquí "Madre del Refugio" y "El León de Judá". A continuación, salió a la Alameda con "Mi plegaria", enlazada a "Virgen de las Angustias".
A partir de aquí, la agrupación se retiró para dejar temporalmente el paso en manos de los que la integrarán en el futuro, los miembros de la agrupación juvenil, quienes con muchas ganas, y alguno realmente emocionado, dieron un recital con marchas como "Resucitó", "Tenerte", "En la Cena del Señor" o "Y al tercer día".
Por su parte, el paso de palio de la Virgen de la Aurora sufrió poco después un percance en la Alameda cuando se soltó el perno de uno de los varales del costero derecho. Esto obligó a localizar una escalera para que uno de los costaleros se subiera y lo colocara en su sitio, aprovechando además la subida para apretar algunos otros que estaban igualmente flojos.
Subsanado el problema, el paso de palio afrontó su discurrir por el lado derecho de la Alameda a los sones de las marchas "Rosario de Monte-Sión", "Virgen de las Aguas", "Virgen de los Estudiantes" y "Esperanza marinera".
Más adelante, cumplida la visita a su cofradía hermana de Los Javieres, el Señor de la Resurrección terminaba de recorrer la calle Jesús del Gran Poder mientras sonaba la marcha "Salud para los enfermos", a la que siguió "Jesús de la Caridad" al alcanzar la plaza del Duque, pasando en esta ocasión por su lado derecho al contrario que en años anteriores.
Antes de llegar a la plaza de la Campana sería el turno de la composición "Y al tercer día", y ya se plantó en el palquillo mientras los músicos de Virgen de los Reyes tocaban "Julia", una marcha dedicada a una joven hermana de la Hermandad de las Viñas de Jerez que murió atropellada. Y tras esta emotiva pieza, el Señor terminaría de recorrer la Campana hasta entrar en Sierpes con "Aurora de Resurrección" y "Sevilla en primavera".
Vamos nuevamente al paso de palio, con la Virgen de la Aurora saliendo de Jesús del Gran Poder precisamente a los sones de la marcha llamada así, "Gran Poder". Y antes de llegar al Duque, hubo una levantá por una hermana que quiso ver a la Virgen para darle las gracias.
Sonó luego "La Caridad del Arenal" para que el palio caminara por la plaza del Duque, donde después se produjo un relevo de costaleros antes de afrontar la que, ahora sí, iba a ser la última entrada en Campana de la Semana Santa de 2026.
La hermandad recorrió la carrera oficial, hizo estación de penitencia en la Catedral y emprendió el camino de regreso a Santa Marina con el sol, un día más, en todo lo alto, dando mucha luz y algo de calor a la cofradía y a quienes la seguían aprovechando al máximo lo poco que quedaba de Semana Santa.
La encontramos de nuevo cuando ya discurría por la calle Doña María Coronel, donde tras el paso del Señor de la Resurrección sonó todo un clásico como es "Alma de Dios". Luego el paso se detuvo y la siguiente levantá se dedicó a una hermana de la Cruz, por cuyo convento ya no pasa la cofradía desde hace unos años.
Avanzó después el paso con la marcha "Resucitó". Más tarde, desde un balcón situado a la altura de la confluencia con la calle Dueñas, un hombre le cantó una saeta al Señor Resucitado, que posteriormente continuó su camino, ahora a los sones de "Caridad del Guadalquivir".
Más adelante alcanzamos de nuevo a la Virgen de la Aurora, que venía por el inicio de Doña María Coronel avanzando con la marcha "Rocío", aunque esta partitura fue interrumpida cuando el paso se detuvo a la altura del Convento de Santa Inés. Después siguió con "Candelaria" y una chicotá a tambor tras la que ahora una mujer cantó una saeta a la Virgen. Seguidamente, el palio se marchó con "Aurora de Santa Marina" y terminó de recorrer la calle mientras la Banda de Las Cigarreras tocaba "La Esperanza de Triana", girando con ella a Bustos Tavera.
Y llegamos a los metros finales de la estación de penitencia de la Resurrección, que por la calle San Luis estaba ya muy cerca de Santa Marina. Como es tradición, los pasos pararon ante la sede fundacional de la hermandad, el Colegio La Salle-La Purísima, del que el Señor se alejó con la marcha "El compás del Nazareno".
Hubo luego, tras una parada, una levantá por el aguador, que hizo un gran esfuerzo por calmar la sed y aliviar el calor de los costaleros. Instantes después, el Señor llegó hasta su plaza con la Agrupación Virgen de los Reyes engarzando las marchas "Contigo" y "Al Rey de los Reyes".
Pero aún no había terminado este paso su camino ni la banda su labor, dado que para acercarse hasta la puerta ojival del templo y realizar la entrada se enlazó la marcha "Vida y alegría" (o lo que es lo mismo, "Vida" con el añadido final de unos compases del "Himno de la alegría") con el Himno de España, y éste, ya con el paso dentro, con la composición "En vos confío".
Y ya por última vez salíamos al encuentro del paso de palio de la Virgen de la Aurora, que venía avanzando con la marcha "Espíritu Santo" para luego girar al colegio lasaliano con "Macarena", de Abel Moreno. En la puerta se le cantó a la Virgen, que luego se alejó con "Pasan los campanilleros", a la que seguiría más adelante "La gloria de un pueblo".
Casi en la esquina de San Luis con la plaza del Señor de la Sagrada Resurrección, la Virgen de la Aurora recibió una gran petalada. Luego, ya en dicha plaza, la Banda de las Cigarreras interpretó enlazadas las marchas "La Estrella Sublime" y "Aurora, Reina de la mañana". Y sólo quedaba ya el final, el que, siguiendo el guión de la tradición, hizo que el palio entrase en Santa Marina con las reconocibles notas de "Amarguras", y sólo cuando la Virgen estuvo reunida en el presbiterio con su Hijo Resucitado se cerró la Semana Santa con el Himno de España a las cinco menos cuarto de la tarde.
Acababa de esta manera, en el bullicio de esta parte de la calle San Luis, entre el movimiento de las últimas vallas abriendo huecos entre ellas y la gente descomponiendo poco a poco la última bulla, una Semana Santa que no ha sido una más, una Semana Santa cualquiera. Ninguna lo es. Y ésta, por unas y otras razones, tampoco lo había sido.
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