martes, 27 de enero de 2026

LA VIRGEN DEL REFUGIO OFRECIÓ UNA NUEVA ESTAMPA EN SU BESAMANOS


Quienes hayan seguido, o quieran ahora revisarlos, los distintos reportajes fotográficos de los besamanos a la Virgen del Refugio, de la Hermandad de San Bernardo, comprobarán que las fotos de unos y otros años, salvo detalles concretos como cambios de saya o utilización de determinadas joyas, son prácticamente intercambiables. Pueden ser fotos del año pasado, o de hace dos, o tres, o cuatro...
La sorpresa, agradable y muy esperada, vino este fin de semana, cuando la dolorosa de Sebastián Santos se presentó distinta, que es como corresponde a una imagen de vestir. Son las de talla completa las que no cambian nunca porque no pueden. Sea un vestidor nuevo o sea el de siempre, que quizá por fin ha descubierto que se pueden hacer cosas nuevas, o sea por petición de la junta de gobierno, el caso es que la Virgen del Refugio ha mostrado una estampa que, por distinta, ha resultado especialmente bella. Vamos, que si mezclásemos las fotos de los últimos años, las únicas rápidamente fechables de un simple vistazo serían las más recientes.
La clave estaba en el tocado, que por fin ha dejado atrás el "caracoleo" de los encajes habituales y el pico sobre la frente. En su lugar, la imagen lucía un tocado plateado dispuesto a modo de tablas y con forma curva en la frente. Seguramente no estoy utilizando los términos correctos en la jerga 'vestidora', pero es que uno no tiene mucha idea del arte del vestir. Simplemente sé lo que me gusta y lo cansado que estoy de ver lo mismo repetido hasta la saciedad. Así que, enhorabuena al vestidor (nuevo o no), a la hermandad, a ambos o a quien corresponda.
La Virgen del Refugio se nos presentaba en el presbiterio alto de la Parroquia de San Bernardo, sobre una alfombra con el escudo de la hermandad y una fina pero muy ancha peana de plata. Lucía su manto y corona de salida, así como la saya azul bordada en oro por Jesús Rosado en 2020, según el diseño de José Asián. Asimismo, llevaba varios broches y medallas, dos rosarios, una cruz pectoral, un alfiler con su advocación, la Medalla de la Ciudad y un fajín rojo con borlones dorados.
Dos jarras de su paso de palio con rosas blancas flanqueaban a la dolorosa. Cada jarra se encontraba sobre un pequeño pie de madera dorada de base cuadrada. Al fondo, el retablo mayor estaba parcialmente cubierto por un cortinaje de terciopelo rojo. Delante de él se alzaba el dosel de cultos de la hermandad, que tenía una pintura enmarcada de la Inmaculada Concepción. Y debajo, sobre uno de los faldones laterales del paso de palio, había un candelabro, varios candeleros, seis jarritas con las mismas flores mencionadas y cuatro bandejas de plata.
En los laterales, escoltadas por sendas parejas de blandones dorados con cera blanca, se situaban dos mesas doradas con los libros de reglas de la hermandades penitencial y sacramental, hoy fusionadas, entre faroles de plata. Finalmente, de la parte superior del cortinaje colgaban unas lámparas y unas banderolas con las representaciones de San Fernando, que estableció su campamento antes de entrar en Sevilla en la zona de San Bernardo, y el Papa Pío XII, que era el sumo pontífice cuando se incluyó, por iniciativa de la hermandad, el título de Mariana a la ciudad.
































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