martes, 16 de septiembre de 2014

"QUE NO FALTEN EN MI VIDA PAZ, VICTORIA Y PORVENIR"


Terminada la histórica misa estacional en la Plaza de América, la Virgen de la Paz emprendió el regreso a la Parroquia de San Sebastián con una procesión en cuyo cortejo ya no figuraban las hermandades invitadas que habían acompañado a la dolorosa de Antonio Illanes en el traslado de ida.
Con algo de retraso sobre el horario inicialmente previsto, el paso de palio se fue alejando poco a poco del Pabellón Mudéjar, convertido en altar de manera efímera. Dando un rodeo a la plaza, la Virgen de la Paz buscó la salida por la puerta del Parque de María Luisa que da a la calle Felipe II.
Con "María Santísima del Subterráneo" alcanzó la verja donde se había dispuesto una alfombra de sales y pasadas las once de la noche, el palio salió a la Avenida de la Borbolla con "Pasan los Campanilleros", a la que después seguiría "Macarena", de Abel Moreno.
Una enorme cantidad de personas llenaban ya el inicio de la calle Felipe II para ver a la Virgen de la Paz, a la que se interpretó la marcha "Reina del Porvenir" en su camino hacia la confluencia de la calle Valparaíso, justo en dirección contraria a su templo de San Sebastián. Empezaba ahí el rodeo que la dolorosa iba a dar por calles inéditas del barrio, y lo hacía con la marcha "Encarnación Coronada" en la misma esquina.














A partir de ahí, el paso de palio se encaminó hacia la Parroquia de San Carlos Borromeo, la otra parroquia del Porvenir, por calles como Juan Pablos, Bogotá, Editor José Manuel Lara y Pedro Salinas.
Pero antes, aún en Valparaíso, tuvo lugar uno de esos detalles propios de Antonio Santiago, cuando mandó a sus costaleros que se detuvieran y empezaran a girar, "derecha alante, izquierda atrás", pese a que el cortejo había seguido de frente. La curiosidad de los presentes pronto se vio atendida al ver en un balcón a un señor mayor sentado acompañado de una mujer a su lado. Como hiciera con una anciana en cama en la Cuesta del Bacalao con la Virgen de la Aurora el Domingo de Resurrección de 2012, también aquí Antonio Santiago tuvo el detalle de dirigir la cara de la Madre de Dios a quien necesitaba verla.
A continuación, el paso continuó por calles atestadas de personas. Tantas, que ni siquiera por las aceras se podía por momentos caminar al mismo ritmo que el propio paso. De camino a San Carlos Borromeo sonaron composiciones como "Virgen de la Estrella", "Virgen de la Palma", "Azul y plata" o "Virgen de las Aguas", mientras que en su llegada a la parroquia se escuchó "Virgen de la Paz", seguida de una salve cantada por los feligreses.
















Con "Madrugá macarena", la Virgen de la Paz fue alejándose de la Parroquia de San Carlos, desandando en parte el camino por la calle Bogotá para salir de nuevo a Felipe II. A partir de ahí, se internó por Jesús de la Victoria y Porvenir en el regreso a casa, cada vez más cerca de las calles donde se iban a vivir los momentos de mayor emoción de esta salida extraordinaria.
"María Santísima del Dulce Nombre", "Sevilla cofradiera", "Candelaria", "Coronación de la Macarena" o "Reina de las Mercedes" fueron algunas de las marchas que sonaron en este tramo.


















Alrededor de las dos y media de la madrugada, la hora anunciada inicialmente como la de la entrada en el templo, el paso de palio de la Virgen de la Paz giraba, a los sones de "La Esperanza de Triana", de la calle Porvenir a Exposición, donde la Banda de Música Santa Ana, de Dos Hermanas, tocó a continuación "Hosanna in excelsis".
Cierto es que la procesión iba con retraso, pero eso no explica lo ocurrido en esta calle. Desde un edificio, varias personas ruegan, incluso alguno de ellos juntando las palmas de las manos en forma de súplica, que el paso se detenga. Efectivamente, el capataz manda parar el paso. Una voz femenina comienza entonces a cantar acompañada de una guitarra. Sin embargo, cuando había hecho poco más que empezar, suena el llamador, el paso se levanta y la banda interrumpe el cante con los tambores y el golpe de aro que anunciaba una nueva marcha.
De nada sirvieron las tímidas protestas de los presentes. La mujer no tuvo más remedio que callarse mientras comenzaba a sonar "Triana de Esperanza" para el giro de Exposición a Nuestra Señora de la Paz. Desde el edificio donde se hizo callar una bella sevillana se tiraron un buen número de pétalos. Habría podido ser un gran momento de pública devoción a la Virgen de la Paz. Pero, por alguna razón, no se permitió su culminación.
Otra cosa bien distinta, y quizá por eso pareció más injusto lo ocurrido momentos antes, se vivió en la calle Nuestra Señora de la Paz, exornada con colgaduras, banderas e incluso una alfombra de romero que olía a mañana de Corpus. Allí se escuchó una saeta, seguida de "La Estrella Sublime", y posteriormente una chica cantó una breve oración que terminó con el emocionante verso "Que no falten en mi vida Paz, Victoria y Porvenir". Sin duda, la cantaora se convirtió en portavoz de quienes vivimos esta salida extraordinaria como una necesidad espiritual, un grito por la paz que está faltando en el mundo.
El remate fue la enorme petalada que cayó sobre el paso de palio desde ambos lados de la calle, provocando los aplausos de la gente y continuos vivas a la Reina de la Paz.













A partir de aquí, el paso de palio tomó la recta de la calle Río de la Plata hasta la Parroquia de San Sebastián, acompañada por los sones de "Macarena", de Abel Moreno, "Alma de la Trinidad", "Coronación de la Macarena" y "Rocío", con la que hubo una levantá a pulso a la que siguió, cuando rompe la marcha, una petalada más en la esquina con la calle San Salvador y un nuevo cante.
Dentro ya del atrio de la parroquia, el palio se giró para entrar dando la cara a las muchas personas que la habían acompañado hasta este punto. Lo hizo con una triple interpretación de "Virgen de la Paz", la marcha que más se identifica con esta dolorosa. Incluso, cuando el giro se había completado, el capataz mandó andar de frente hasta que prácticamente el paso salió de nuevo a la calle, entre los aplausos y la emoción de todos.
Finalmente, a las cuatro de la madrugada y tras una parada para que los costaleros se dieran la vuelta, la Virgen de la Paz volvía a entrar de nuevo en su casa.











Algo más de doce horas pasó la Virgen de la Paz fuera de su casa, mientras el Señor de la Victoria esperaba en su capilla el regreso de la Madre. Doce horas en las que el barrio del Porvenir demostró el amor y la devoción que se le profesa a su dolorosa, como lo demostraron tantos cofrades que estuvieron con Ella.
Era la celebración de tres cuartos de siglo de historia de la hermandad. Algunos lo han querido ver también como la antesala de la Coronación Canónica, ya solicitada oficialmente. Pero, por encima de todo, fue la mejor forma que encontró la Virgen de despertar nuestras conciencias y reclamar de nosotros continuas oraciones por la paz en el mundo.
Que la Virgen de la Paz y el Señor de la Victoria nos hagan reaccionar, que recemos todos por lo que vale la pena y que no falten jamás en nuestras vidas Paz, Victoria y Porvenir.

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