martes, 30 de junio de 2026

ANGUSTIAS. PORTA COELI


La Hermandad de Santiago de Aznalcázar celebra su CDL aniversario fundacional. Por este motivo, entre los pasados 12 y 21 de junio se pudo visitar en la sede del Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, en la calle Sierpes, la exposición "Angustias. Porta Coeli", que permitió conocer en profundidad la historia y el patrimonio de esta corporación. Sus titulares son el apóstol Santiago, el Cristo del Buen Fin, la Virgen de las Angustias y San Juan Evangelista, imágenes todas ellas de Antonio Castillo Lastrucci, aunque la dolorosa fue retocada por Luis Álvarez Duarte.
Repasamos al detalle la muestra comenzando por el patio, donde se podía ver el manto procesional de la Virgen de las Angustias, bordado en oro sobre terciopelo azul por Juan Manuel Rodríguez Ojeda hace ahora un siglo. Y junto al manto, los candelabros delanteros del paso de gloria de la Virgen conocidos como "los cardos", labrados en metal bañado en plata por un orfebre desconocido en el siglo XIX.








También se exponía un pañuelo de tul bordado con símbolos pasionistas de principios del siglo XX, regalado por el propio Rodríguez Ojeda.


En el patio se exponía el cartel conmemorativo del CDL aniversario de la hermandad, realizado el año pasado por el Taller Daroal.


Y al lado del cartel, dos bocetos de nuevos enseres para el ajuar de la Virgen de las Angustias: una toca diseñada por Antonio Castro del Pozo y el taller de bordados de Juana Isabel González, y una corona de Juan José Galiano y el taller de Luis Jiménez.



Pasamos a la primera sala de la exposición, en la que en primer lugar nos topábamos con una vitrina en la que se mostraban un total de cinco pañuelos de encaje de la Virgen de las Angustias.




A continuación, se encontraba la llamada toca de las lentejuelas, confeccionada en tul bordado con lentejuelas y canutillos, obra de un bordador desconocido.


Seguimos con la caída delantera del paso de palio, bordado en oro y sedas sobre terciopelo azul noche por Rodríguez Ojeda y restaurado en 2019 por Francisco Carrera, autor asimismo del techo un año antes. También había dos varales de metal bañado en plata, del taller de Jesús Domínguez; los angelitos pasionistas de fundición bañados en plata (anónimo, siglo XIX); las jarras de la delantera del paso de palio de metal bañado en plata (Jesús Domínguez); las marías de finales del XIX de autor anónimo, también de metal fundido bañado en plata; y el respiradero delantero, de plata de ley (Taller de Villarreal).







Se podía ver también una toca de tul bordado en aplicación de encaje de concha de oro, una obra antigua que fue restaurada en 2013.


En otra vitrina se exponían varios puños de encaje y un pecherín bordado en sedas y oro con la técnica de laminilla, canutillos y lentejuelas, realizado a mediados del siglo XIX.




Pasamos a un conjunto de manto y saya de terciopelo con antiguos bordados en lentejuelas, cordón y canutillos, de autor desconocido. El manto fue restaurado en 2006 y la saya se ha restaurado este año.


Otro conjunto es el del manto rojo y saya azul, bordados en oro sobre terciopelo en 2014 por Francisco Carrera.


Del mismo bordador es el simpecado realizado en 2013 en terciopelo azul bordado en oro y sedas de colores. El óvalo central está pintado sobre tabla por Ignacio Mora Colchero.


Veíamos juntos también la saya de salida, de terciopelo granate bordado en oro por un bordador desconocido a finales del siglo XIX o principios del XX; el manto de raso de seda bordado procedente de una antigua colcha, obra de 2025 del grupo de costura de la hermandad; y la toca de las margaritas con encaje francés de oro.


Y un último conjunto de este tipo de piezas era el del manto de terciopelo azul bordado en oro, realizado este año en el taller de Juana Peláez con bordados procedentes de un simpecado de finales del siglo XIX; y una saya de salida de otomán de plata bordado en oro de autor anónimo de finales del XIX.


Continuamos con una toca de tul de encaje de aguja también del finales del siglo XIX.


En una vitrina central se mostraba una colección de fajines, encajes y cíngulos del ajuar de la Virgen de las Angustias.








Veíamos también la corona de salida de la Virgen, de plata de ley labrada y bañada en oro, realizada en 1943 por Ángel Gabella.


De 2006 es un aro de estrellas de plata de ley en su color.


Y también se podía ver una corona de plata de ley del taller de Villarreal, que suele portar la Virgen cuando está en su camarín.


Seguimos con un conjunto de enseres formado por la ráfaga y la media luna de metal bañado en oro (anónimo, siglo XIX); las sobrepeanas de plata en su color; los angelitos de madera tallada y policromada con telas encoladas (anónimo, XIX); los candelabros de tres luces de la salida procesional de gloria, de plata de ley en su color; la peana de salida, de plata de ley repujada (anónimo, XIX); y las jarras del paso, de metal labrado bañado en plata de ley (Jesús Domínguez).







Veíamos a continuación la toca de salida de malla bordada en oro en 1998 en el taller de Fernández y Enríquez.


En una vitrina encontrábamos, entre otras joyas, la diadema dorada de Jesús García Rodríguez y el taller de Gustavo Larios (2024); el cetro de salida, de plata bañada en oro; un puñal de plata dorada de José Jiménez (1989); y el llamado puñal de los devotos, de plata de ley bañada en oro con zafiros y brillantes, de Curro Claros y Alberto Quirós (2024).




A su lado, en otra gran vitrina, se mostraban un buen número de joyas del amplio ajuar de la Virgen de las Angustias, así como seis rosarios.





Nos dirigíamos después a la segunda sala de la exposición, que en primer lugar nos enseñaba un conjunto de túnica y mantolín de camarín de San Juan Evangelista, de terciopelo verde y rojo, respectivamente, con bordados antiguos de oro. Fue restaurado en 2004 por José Perea Romero.


A continuación, el conjunto de mantolín y túnica de salida, del taller de Fernández y Enríquez.



Veíamos luego una foto del apóstol Santiago procesionando por las calles de Aznalcázar, junto a una pintura de la misma imagen, de Ignacio Mora Colchero.



Una pequeña vitrina contenía unos casquillos dorados de la cruz del Cristo del Buen Fin, de metal bañado en oro, realizados por Jesús García Rodríguez y Gustavo Larios (2023); unas potencias de plata en su color; y unas potencias de plata bañada en oro del taller de Viuda de Villarreal.


Seguimos con el banderín de Santiago, bordado en oro y sedas sobre terciopelo rojo por un autor desconocido en el siglo XIX, y restaurado en 2006 por María del Mar Díaz Herrera.


Bajo el banderín había una vitrina con diversos enseres, como el bocado y los estribos nuevos del caballo de Santiago, la antigua y la nueva espada del apóstol, la bula pontificia para la indulgencia, otorgada por el Papa Pío VI a la hermandad en 1799, la medalla conmemorativa del CCXXV aniversario de dicha bula, la Medalla de Oro de la Villa de Aznalcázar y algunas antiguas fotografías y documentos.






Otra pintura de Ignacio Mora Colchero se mostraba a continuación, propiedad como la anterior de una colección particular.


A su lado, una fotografía de la imagen de San Juan Evangelista, y bajo ésta una vitrina con dos nimbos del apóstol Santiago y otros dos de San Juan.






Continuamos con dos varas actuales de la junta de gobierno, de metal repujado (Jesús Domínguez) y dos antiguas de metal fundido (anónimo, finales del siglo XIX).





Seguidamente, se podían ver distintos elementos del paso procesional del apóstol Santiago. Así, se mostraban un respiradero de madera tallada, dorada y estofada (Antonio Castillo Lastrucci, años 40), ampliado en los años 80 por Manuel Moreno Gallego; unas cartelas, esquinas y maniguetas (Moreno Gallego, años 80); los candelabros (Castillo Lastrucci, años 40); y una miniatura de la Virgen del Pilar, de metal bañado en plata y oro.









De Jesús García Rodríguez es una pintura del apóstol Santiago que se mostraba a continuación.


Al lado se ubicaba un dibujo del Santísimo Cristo del Buen Fin, realizado por Francisco Javier García Magrit.


Seguimos con las partituras de la Salve a la Santísima Virgen de las Angustias, de Pepa Perea, Mariano Márquez y Juan María Gómez (2008), y del himno conmemorativo del 450 aniversario de la hermandad, compuesto por Pepa Perea, Mariano Márquez, Carmen Ollero y Juan María Gómez entre 2025 y 2026.


Veíamos luego dos pinturas de la Virgen de las Angustias de Ignacio Mora Colchero, y una tercera de José Luis Marín.




Más partituras se podían ver después, como la del "Himno al Santo Patrón de España" (Micaela Perea y Mariano Márquez, 2000); las marchas "Angustias, Reina y Madre de Aznalcázar" (Mariano Márquez) y "Al Santísimo Cristo del Buen Fin" (Pepa Perea, Carmen Ollero y Juan María Gómez, 2023); unas Coplas de Campanilleros y una Plegaria (Pepa Pérez y Carmen Ollero, 2025).




También se podían ver tres fotografías de la antigua Virgen de las Angustias, imagen destruida, junto al resto de titulares, en el incendio provocado por anticlericales en la Parroquia de San Pablo en 1932.




Igualmente se mostraban cuatro representaciones pictóricas de la actual dolorosa, realizadas por Francisco Javier Sánchez de los Reyes (2015), Ángel Delgado Suárez, Jesús García Rodríguez y Manuel Peña Suárez.





Una vitrina contenía un busto del boceto de la Virgen de las Angustias, realizado en barro por Antonio Castillo Lastrucci y donado a la hermandad en 2022 por sus nietas Teresa y Concha Moreno Castillo.


Y en el centro de esta sala había dos vitrinas que contenían diversos documentos, como unos dibujos de Santiago Apóstol y de la Virgen de las Angustias (Daniel Jiménez Díaz); los recibos por los pagos del paso de Santiago; el contrato para los respiraderos y candelabros; los contratos para la realización de las imágenes; el libro de defunciones de 1589; el testamento de Juana Bejarano Trujillo, que en 1776 dejó a la hermandad varias fincas; el testamento de María de Rueda, que solicitaba en 1576 diez misas por su alma a la Virgen de las Angustias y a San Juan Evangelista; una cláusula testamentaria de Elvira Sánchez solicitando una misa el 30 de marzo de 1565; una antigua foto de la Virgen en su paso de gloria; una cláusula testamentaria de Francisco Garrido, donando en 1535 una arroba y media de aceite para la lámpara de una nave de la Parroquia de San Pablo; y las indulgencias del arzobispo de Sevilla, Luis María de Borbón, en 1803 a la Cofradía de las Angustias.













Muy interesante la exposición dedicada a la Hermandad de Santiago de Aznalcázar, corporación con una rica historia que ha pasado por momentos muy difíciles a lo largo de su trayectoria, pero que goza hoy de una pujanza y una devoción dignas de mención.

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