martes, 17 de octubre de 2017

LA VIRGEN DEL ROSARIO DE SAN JULIÁN, POR LAS CALLES DE SU FELIGRESÍA


La tarde del pasado domingo tuvo lugar la salida procesional de la Virgen del Rosario de San Julián, que recorrió las calles de su feligresía rodeada durante prácticamente todo su itinerario por una gran cantidad de gente que, tras el paréntesis de la Coronación Canónica de la Virgen de la Salud de San Gonzalo, retomó el pulso a las glorias y, en concreto, al mes del Rosario en el que estamos inmersos.
La cruz de guía entre faroles seguía la estela marcada por la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Sol, que abría el camino de la procesión. Y tras la cruz, un cortejo integrado por el guión concepcionista, el simpecado, el libro de reglas y diversas representaciones de otras hermandades, como fue el caso de la Anunciación de Juan XXIII, la Candelaria Madre de Dios, el Carmen de San Leandro, el Carmen de San Gil, el Carmen de Calatrava, la Resurrección y la Hiniesta. Y detrás, antes de la presidencia y del cuerpo de acólitos, iba el propio estandarte de la Hermandad del Rosario de San Julián.













La Virgen del Rosario salió del templo pasadas las siete de la tarde a una Plaza de San Julián adornada con banderolas con los colores rojo y blanco, así como con una gran fotografía de la imagen en la fachada del Convento de San Cayetano, que anuncia la celebración en febrero del XIX Congreso de Hermandades del Rosario de Andalucía, que será precisamente organizado por la cofradía de San Julián.
Desde la plaza, el paso buscó la calle San Hermenegildo, en dirección a Alcántara. La Banda de Música del Maestro Dueñas de El Puerto de Santa María fue la encargada de acompañar con sus sones a la Virgen del Rosario, tocando "Virgen de la Estrella" por el tramo final de San Hermenegildo, seguida después por "Triana tu Esperanza" para recorrer la calle Alcántara.
José Manuel Díaz y Rafael García Gamero fueron los capataces encargados de conducir el paso, que estaba adornado con rosas blancas de gran tamaño, nardos, azucenas, lisiantum, calas, margaritas y rosas de pitiminí, entre otras especies, con un predominante color blanco. Por su parte, la Virgen del Rosario lució este año en la calle manto de terciopelo rojo y saya de tisú, ambos con bordados en oro.
De Alcántara, el paso giró hacia la calle Juzgado a los sones de "La Asunción de Cantillana". Posteriormente, sonó "Pasa la Virgen Macarena" y luego "María Santísima de la O", con la que la Virgen del Rosario tomó la calle Pasaje Mallol. Por ella se terminó de escapar la última luz de la tarde, con la marcha "Alma de la Trinidad" como banda sonora.
A continuación, la Virgen del Rosario continuó por Santa Paula, a la que llegó con "Procesión de Semana Santa en Sevilla" y en la que se despidieron las representaciones de la Anunciación de Juan XXIII y la Candelaria Madre de Dios. En la estrechez de la calle esperaban las Siervas de María, que le cantaron la Salve a la Virgen y a las que el capataz dedicó la siguiente levantá afirmando que "el Cielo tiene que estar muy cerca de ellas". Después, el paso se levantó y siguió con la marcha "Rocío", seguida por "Pasan los campanilleros" y "La Estrella Sublime", composiciones engarzadas en el giro a la calle Enladrillada.











































Por Enladrillada se pudo escuchar la marcha "Santísimo Cristo de las Siete Palabras". Después, la Virgen del Rosario pasó junto a la puerta lateral de la Parroquia de San Román, donde fue recibida por la Hermandad del Carmen de Santa Catalina, antes de continuar, tras una levantá a pulso, hasta la esquina de la calle Socorro, donde se marcharon las corporaciones del Carmen de San Gil y de San Leandro.
Más adelante, por la calle Socorro la Banda Maestro Dueñas tocó "Madre de los Gitanos Coronada" al pasar precisamente por delante de la casa hermandad de los Gitanos. Y después, hubo otra visita, como fue la Capilla de los Dolores, de la Hermandad de los Servitas, hermandad que también recibió con su estandarte y las puertas abiertas a la Virgen del Rosario.
"Mater mea" fue la composición con la que el paso llegó a la capilla de la cofradía del Sábado Santo y se volvió ante ella, pese a la estrechez de la calle y la cantidad de gente que presenciaba este saludo entre ambas hermandades. La de los Servitas regaló un ramo de flores a la Virgen del Rosario, que correspondió al marcharse hacia a la Plaza de Santa Isabel a los sones de "Soledad de los Servitas".
Y a continuación, antes de internarse por las callejuelas de Hiniesta y Lira, recorrió la plaza con la marcha "Virgen de la Paz".



























Y pasadas las callejuelas, la Virgen del Rosario, primero con "Pescador de hombres" y después con "Triunfal", alcanzó en el tramo final de su salida procesional la calle Duque Cornejo, donde se había preparado una gran lluvia de pétalos sobre el paso.
"Macarena", de Abel Moreno, fue la composición que sonó en este momento en el que cayeron tantos pétalos desde los balcones que se apagaron todos y cada uno de los codales de los candelabros de guardabrisas del paso. A continuación, la Virgen del Rosario salió de nuevo a San Julián con la marcha "Virgen de Montserrat", y luego con "Esperanza Macarena" ya ante la puerta, mientras se volvía para entrar mirando hacia el exterior.
Un costalero pidió permiso para hacer su propia dedicatoria de la última levantá del paso en la calle por su hijo, de sólo dos meses. "Se llama Jordi", dijo: "no es catalán, es español, andaluz y costalero de San Julián". Y seguidamente, el paso caminó lentamente hacia la puerta, entró sin dificultad atravesando la ojiva y la banda cerró su participación tocando el Himno Nacional.




















Una vez dentro del templo, el paso fue llevado hasta el presbiterio y los costaleros colocaron a la Virgen del Rosario frente al altar del Cristo de la Buena Muerte, momento en que se rezó la Salve en su honor. Y después, caminando hacia atrás, el paso se quedó definitivamente en el lado izquierdo del presbiterio, ante el propio altar de la hermandad.




  

Se cerró así, pasadas las once y media de la noche, la salida procesional de la Virgen del Rosario de San Julián, la que tuvo su casa en San Marcos, pero que resurgió de sus cenizas junto a la Puerta de Córdoba.

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