sábado, 17 de marzo de 2018

EL CRISTO DEL BUEN FIN RECORRIÓ EN VÍA CRUCIS LA FELIGRESÍA DE SAN LORENZO


El Santísimo Cristo del Buen Fin recorrió en la noche de este viernes la feligresía de San Lorenzo durante el rezo del vía crucis, con el que siguió un itinerario por templos y conventos de la feligresía, en los que llegó a entrar.
A las ocho de la tarde la Policía Local indicaba a los hermanos que podían iniciar el recorrido al estar el tráfico controlado. Así, una gran cruz alzada con espejos y el emblema franciscano en el crucero salía de la iglesia del antiguo Convento de San Antonio de Padua acompañada de dos ciriales. Seguidamente, varias parejas de hermanos con cirios rojos separados por el estandarte corporativo.
Un coro y una capilla musical daban paso al cuerpo de acólitos, con seis ciriales, y a las andas con el crucificado de Sebastián Rodríguez, que llevaba sus potencias de salida. Las andas contaban con cuatro guardabrisones y con un tapiz pintado con el emblema de Jesucristo, JHS, bajo el que se ocultaba un plástico preparado por si la lluvia obligaba a cubrir rápidamente la imagen, lo que afortunadamente no hizo falta.
La primera de las estaciones del vía crucis se rezó en el interior del templo, mientras que la segunda y la tercera fueron en la calle San Vicente: ante los colegios de María Auxiliadora y de las Mercedarias.
















Desde San Vicente, el Cristo del Buen Fin giró a la derecha en la calle Guadalquivir y continuó hasta Santa Clara, donde en línea recta se encaminó hasta el Monasterio de San Clemente, cuyas hermanas cistercienses esperaban al crucificado en el presbiterio de su templo.
Hasta ahí se adentró el Cristo y en dicho punto una religiosa leyó la cuarta estación del vía crucis antes de que toda la congregación cantara una composición en su honor y besara sus manos. Para ello, las andas fueron depositadas en el suelo de este antiguo templo, dedicado al santo titular del día en que San Fernando ganó Sevilla para la Cristiandad.
































A continuación, el cortejo volvió a salir al patio interior del monasterio buscando de nuevo la calle Santa Clara, donde esperaba el rezo de la quinta estación del vía crucis, marcada en el Convento de María Reparadora, donde las hermanas y los ancianos a las que éstas atienden despidieron al Cristo del Buen Fin con un cántico tras la estación en la que Jesús es ayudado por el Cirineo camino del Calvario.
Y después, la cofradía se desvió de su recorrido para girar a la calle Santa Ana rumbo al convento carmelita del mismo nombre. El crucificado entró y fue situado ante la celosía, tras la que estaban las hermanas, encargadas de la sexta estación del vía crucis. También ellas pudieron acercarse al Cristo para besar sus manos antes de despedirse.


























Tras abandonar el Convento de Santa Ana, el Cristo del Buen Fin retomó su recorrido por el último tramo que quedaba de la calle Santa Clara para, por Eslava, alcanzar la Plaza de San Lorenzo en dirección a la parroquia del mismo nombre.
Tuvo que entrar por la puerta que da a la plaza porque la presencia ya de los pasos de la Hermandad de la Bofetá le impedían entrar por la puerta de la calle Hernán Cortés. En cualquier caso, el Cristo fue conducido en primer lugar hasta la capilla de la Hermandad de la Soledad, cuyos cofrades fueron los encargados de rezar la séptima estación. También fueron ellos los que llevaron al Cristo del Buen Fin hasta la octava, que se leyó en el presbiterio de la parroquia, ante su retablo principal.
Y desde allí, se encaminó hacia la capilla de la Hermandad de la Bofetá, donde este fin de semana está en besamanos Jesús ante Anás (ver), lugar marcado para la novena de las estaciones del vía crucis.
























Y de San Lorenzo a la Basílica del Gran Poder, que esperaba con las puertas abiertas al Cristo del Buen Fin. Hasta el mismo presbiterio se metió el crucificado para el rezo de la décima estación, frente al Señor del Gran Poder, así como a la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, y San Juan Evangelista, que permanecían en el altar, pese a que el montaje del paso de palio ya ha comenzado en el lado derecho del templo.
Posteriormente, el Cristo del Buen Fin salió de la Basílica y siguió su camino, ya en las calles finales del recorrido, que fueron Eslava, Alcoy, Marqués de la Mina (donde se leyó la undécima estación), Plaza de San Antonio de Padua y San Vicente (donde se leyó la duodécima a la altura del azulejo de San Antonio).














Ya de vuelta en el interior de San Antonio de Padua, quedaban dos únicas estaciones para completar el vía crucis. La decimotercera se leyó ante el altar de la Divina Pastora y la última ya en el presbiterio. Así se puso el punto final a este vía crucis por las calles, culto externo que da paso este sábado y domingo al besapié al Cristo del Buen Fin y besamanos a Nuestra Señora de la Palma, que se presentarán a los devotos en posiciones inversas a la habitual en los últimos años: el crucificado delante y la Virgen detrás en el altar preparado a tal efecto a los pies de la nave central.

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