viernes, 15 de mayo de 2026

BESAMANOS A SAN JOSÉ OBRERO UN DÍA ANTES DE SU SALIDA POR EL BARRIO


El pasado sábado día 2, uno antes de su salida procesional, la imagen de San José Obrero estuvo expuesta en besamanos en su parroquia, recibiendo además durante este culto las tradicionales ofrendas de claveles blancos que adornarían después su paso.
Para ello, y al contrario que otros años en los que la imagen recibía a los devotos en el altar mayor, en esta ocasión el santo fue situado frente a la puerta de la calle Samaniego, a los pies del que fue el altar del triduo celebrado en su honor. Ha sido, por tanto, la misma ubicación que suelen tener en sus besamanos Nuestro Padre Jesús de la Caridad y Nuestra Señora de los Dolores.
En el centro de una alfombra y sobre la peana procesional de la dolorosa, San José Obrero ofrecía a sus fieles la mano derecha, de la que se había retirado la sierra, elemento que se encontraba ante el dosel de cultos sostenida por dos ángeles. Como se sabe, tres son las formas habituales de representar en el mundo del arte a San José: parado con el Niño en brazos, itinerante caminando de la mano de su hijo, o como obrero con los enseres propios del oficio de carpintero. Lo que no falta en ninguna de las tres es la vara de azucenas que igualmente aquí llevaba la imagen, siendo azucenas naturales y de gran tamaño las que podíamos ver.
Y aunque la imagen de San José Obrero no lleve aparejada la del Niño Jesús, éste no podía estar muy lejos, porque ningún padre debe estar lejos de sus hijos. Así, en el centro de las gradas del altar estaba el Niño vestido de blanco, contemplando la devoción que su padre genera en el barrio que lleva su nombre.
Las ofrendas florales se iban depositando a los pies del santo, aunque también había claveles blancos en las cuatro jarras del palio que se encontraban junto a él sobre sendas columnas. Las más cercanas a la imagen eran de madera policromada y más altas que las situadas en los extremos, de terciopelo rojo.
Finalmente, hay que señalar que el altar estaba iluminado por un gran número de candeleros del paso de palio de la Virgen de los Dolores con cera blanca, mientras que junto al dosel, con fondo de terciopelo azul, asomaba un gran cortinaje de color rojo.


























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